JUECES Y MITOS CUESTIONADOS

EDITORIAL Por
¿Para qué tener un costoso sistema de justicia penal cuando bastaría el veredicto del comerciante de la esquina o del cuñado del vecino de arriba? ¿Derribamos el mito del país rico?
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

La jueza liberó prontamente al delincuente extranjero que fracasó en su intento de arrebatar un celular. Un odioso delito que mueve a la indignación, porque, siendo ya de por sí un perjuicio grande para la víctima, conlleva el riesgo, muchas veces materializado, de causar daños más serios que la mera pérdida material, y hasta cobrarse la vida de la víctima. Sucedió muchas veces.

Esa tan común como detestable acción suele despertar en la ciudadanía sentimientos muy fuertes contra quien la protagoniza. Merecidos, ciertamente. Pero la justicia no se hace con el repudio y los deseos de venganza sino aplicando la ley, establecida desde el equilibrio anímico, la independencia de criterio y sopesando todo lo que rodea a una acción antisocial.

Por eso mueve a rechazo la actitud de algunos funcionarios, incluidos quienes ejercen la Presidencia de la Nación y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, indignándose con fallos judiciales en causas que seguramente ni leyeron, y llegando a promover la remoción de los magistrados que los dictaron. Mala situación la de jueces que antes de dictar sentencia tienen que evaluar el impacto que ella tendrá en el futuro de sus carreras.

Ultimo momento: apartaron al juez Casanello de la causa de los aportantes truchos a Cambiemos.

País rico, país pobre

Todos hemos escuchado a mucha gente lamentarse por la situación de los argentinos, que pasan necesidades en “un país rico, en el que tenemos de todo”. La frase, que permanece grabada a fuego en el imaginario de buena parte de la población, tiene una falla garrafal, definitoria, que consiste en la palabra “tenemos”. Porque los que “tienen” son pocos. Tienen, y pueden tener tanto como para invitar a 200 amigos a festejar su cumpleaños en Marruecos. Para esa gente, el país no tiene demasiada entidad. Puede ser en todo caso un buen lugar para vivir.

El modo de pensar que mencionamos encierra una clara crítica al gobierno. A todos los gobiernos. Porque se supone que si el pais es rico, y a sus ciudadanos no les va bien, las autoridades no hacen bien su tarea. A los gobiernos les conviene ese estereotipo solamente en la medida en que los improperios se destinen a las administraciones previas. Pero los intentos de echarle a ellas las culpas por las malas condiciones que padece la ciudadanía tienen su límite. Y el macrismo parece haberlo alcanzado.

En tal estado de cosas, la estrategia oficial apunta al objetivo de instalar ahora la concepción de que no estamos mal en un país rico sino que estamos mal porque el país es pobre. Entonces la tarea del gobierno consiste en sacar al país de la pobreza, una tarea que lleva muchísimos años. Por lo tanto la ciudadanía no tiene que quejarse, sino poner el hombro, aguantar la pobreza y seguir votando al partido que “encontró el camino, el único camino”.

En esta línea, Daniel Muchnik, columnista de Infobae, nos cuenta que Mario Blejer, expresidente del Banco Central, y también funcionario del FMI, apunta que la riqueza de la Argentina “es una fábula”. Y también Muchnik hace referencia a un libro de Jorge Todesca, un montonero devenido macrista, actualmente al frente del INDEC, que tituló “El mito del país rico”.

Con estos lineamientos, Muchnik concluye que a los recursos naturales que el país posee hay que explotarlos de manera que puedan -al menos en parte- sacarnos del subdesarrollo. Y para eso es necesario que el Estado “colabore impositivamente con los productores”.

En otras palabras, la postura consiste ahora en que la ciudadanía deje de quejarse por las altas tarifas y siga transfiriendo recursos a las empresas de los familiares y amigos del presidente. Estas compañías han ganado muchísimo dinero en los años que siguieron al último gobierno kirchnerista, pero no dieron solución a los cortes de electricidad, que se siguen produciendo masivamente, y contra los que las clases medias urbanas convocan a cacerolazos de repudio.

¿Logrará la estrategia oficialista hacerse carne en la concepción popular? Señores, hagan sus apuestas.

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