CUIDADO CON LA CLASE MEDIA

EDITORIAL Por
Una CGT complaciente y el miedo a perder el empleo contienen a la clase trabajadora. Pero la clase media, la que mayoritariamente votó a este gobierno, está muy complicada con la situación económica, y puede ser protagonista de hechos memorables
cacerolazo

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

Bajó el riesgo país, subieron los bonos argentinos y cayó el precio del dólar. Muy buenas noticias, si uno se atiene solamente a lo financiero. Pero al país real, el de los ciudadanos que ya tienen el sueldo estirado al máximo pero le siguen sobrando varios días del mes después que se agotaron los pesitos del último cobro, se le siguen acumulando problemas.

Alguien dijo que los más pobres son los más capaces de sortear situaciones económicas difíciles: si no les alcanza el dinero para comprar una garrafa cocinan con fuego de leña o cualquier otro material combustible. Puede ser una verdad hasta cierto punto, el equivalente a la resistencia y el conocimiento de los expertos en supervivencia, que llegan a sobrevivir en una selva en la que un individuo urbano estaría condenado irremisiblemente.

Por eso tal vez la disconformidad con las medidas extremas dictadas por los funcionarios del área económica -conducidos con mano férrea con el Fondo Monetario Internacional, que es quien determina hoy las políticas respectivas- se manifiesta principalmente en la clase media, cuya existencia se ve seriamente amenazada.

Las palabras del Presidente del Banco Nación, al inicio del período de gobierno de Cambiemos, que consideraban anormal que un empleado medio, con un sueldo medio, pudiera tener un auto, un celular, y otros bienes que alcanzó durante los años kirchneristas, no fueron tomadas en cuenta en su cabal significado. Se consideraron en general como exageración, y una forma más de buscar argumentos para desprestigiar al gobierno anterior.

Pero tras ellas se hacía presente el verdadero propósito de empobrecer a un sector mayoritario de la población para acrecentar las arcas y la condición dominante de algunos grupos privilegiados.

Los salvajes tarifazos golpearon a todos los hogares, y hoy muchos de aquellos que salían a la calle a denostar al gobierno de Cristina -y a su persona- deben volver a ella, cacerola en mano, para visibilizar una situación que se va tornando insostenible. Las familias están restringiendo al máximo el uso de los artefactos electrodomésticos y de iluminación, al igual que el del gas, natural o de garrafa. La bicicleta, reservada anteriormente para los paseos, ahora permite ahorrar en transporte colectivo. Con todo esto se puede atenuar el impacto de las facturas de los servicios públicos y mantenerse -malamente- a flote.

Pero hay quienes están excluidos de estas posibilidades: como puede comprobar quien recorra las ciudades; la imposibilidad de hacer frente a un alquiler dejó sin techo a innumerables familias.

Otro sector de la población, que antes gozaba de un nivel de vida aceptable, se encuentra ahora al borde del abismo. Se trata de aquellos que fueron demasiado optimistas y se lanzaron a la compra de la vivienda o creyeron alcanzar a un medio de movilidad propia. Los primeros tomaron planes UVA o de otros sistemas indexados, y hoy las cuotas aumentaron muy por encima de los ingresos, tornando imposible afrontarlas. Se da una situación similar a la que terminó en la gran crisis de las hipotecas, en los Estados Unidos, en 2007, y que afectó a la economía mundial: una burbuja inmobiliaria que entusiasmó a mucha gente que, después, se vio obligada a abandonar las propiedades porque el valor de su deuda se hizo mayor que el del inmueble adquirido.

Quienes en Argentina ingresaron a los planes de ahorro para la compra de automóviles y motocicletas quedaron asimismo entrampados con cuotas que subieron por encima de su capacidad de pago. Una nota de Mariana Leiva, en Ámbito de ayer sábado, se ocupa del tema, y no trae buenas noticias para quienes entraron en esos sistemas. Con el precio de los autos un 80% arriba y los salarios incrementados -con mucha suerte- en 30%, no es de extrañar que los adquirentes de planes se encuentren más que complicados. Hay casos en que la cuota aumentó la friolera de 200 por ciento, y en este fenómeno tiene que ver el hecho de que los planes no gozan de los beneficios de descuentos y promociones, de los que pueden sacar provecho quienes disponen del dinero para comprar de contado. El artículo de Leiva, basado en consultas con ONGs de defensa del consumidor y dirigentes empresarios, estima en 300 mil los compradores de planes de ahorro que se encuentran en dificultades.

Los integrantes del actual gobierno dirigieron su discurso a inducir a los argentinos a que renieguen del pasado y piensen en un futuro que aquellos prometen luminoso. La abominación del pasado comenzó con la denigración de los dos períodos de CFK, pero luego se amplió a los 12 años kirchneristas, y últimamente a los 70 años transcurridos desde el advenimiento del peronismo. En esa tarea de reforma cultural descolló la vicepresidenta de la nación, sugiriendo que la Historia de ocupe del futuro en vez de centrarse en el pasado.

Pero antes del peronismo todo estaba bien para ellos, y hoy estamos retrocediendo a la época de Nicolás Avellaneda, presidente que aseguró que la deuda externa se iría a pagar sobre el hambre y la sed de los argentinos. Y hoy el hambre no es una figura retórica sino una realidad contundente. Hasta el pan, de precio dolarizado, se torna difícilmente alcanzable para el ciudadano de menores recursos. Y se acaba de anunciar un nuevo aumento.

A los cacerolazos no se les da mucho espacio ni importancia en los medios de difusión; no ocupan las primeras planas como cuando se trataba de protestar contra el gobierno K o tratar de instalar al fiscal Nisman como un héro inmolado en patriótica lucha. Pero son muchos y en crecimiento. Cuidado.

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