G20: alerta máxima por el desafío en seguridad más importante que jamás tuvo la Argentina

POLÍTICA Por
En total, entre fuerzas federales y locales, habrá 22.000 efectivos desplegados para la seguridad del evento
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Tres anillos de seguridad de las fuerzas federales (Policía Federal, Policía Aeronáutica, Prefectura y Gendarmería) protegerán el venue o lugar donde se realizará la cumbre presidencial del G20, impidiendo el ingreso de personas ajenas al evento, brindando apoyo al personal perteneciente de la Unidad Técnica G20 y bloqueando cualquier intento de turbas que intenten introducirse dentro de la zona protegida. Lo mismo sucederá en los traslados de las delegaciones y alrededor de los hoteles donde se alojan los 28 presidentes y jefes de estado y los 10 titulares de organismos internacionales, donde habrá una sistema de seguridad similar al que estará rodeando el predio de Costa Salguero.

Por fuera de los tres anillos, la Policía de la Ciudad tendrá presencia y comunicación con el comando unificado alertando por cualquier alteración del orden público. La Policía de la provincia de Buenos Aires custodiará la traza de las rutas que van del Aeropuerto Internacional de Ezeiza a la Ciudad, poniendo especial verificación en los puentes de acceso, contrarrestando el ingreso de agrupaciones o manifestaciones que pretendan impedir el desarrollo de la cumbre. En total, fuerzas federales y locales, desplegarán 22.000 efectivos.

En paralelo, el Comando Aeroespacial del Estado Mayor Conjunto ubicado en la localidad de Merlo se abocará a tareas de vigilancia del espacio aéreo mediante el control del tráfico de todo tipo de aeronave, buscando "actuar disuasivamente y de manera efectiva en el aeroespacio", como dice el Ministerio de Defensa en un comunicado. Es un eufemismo para evitar decir que está autorizada la llamada "ley de derribo", una medida que se realiza en todas las cumbres del G20 y que, en el caso de la Argentina, dispuso un blindaje aéreo dentro de un perímetro de 460 kilómetros alrededor de Buenos Aires.


Desde las 15 de hoy jueves y hasta las 22 del 1º de diciembre nadie podrá volar ese espacio aéreo porque, de lo contrario, "será tomado como aeronave hostil, pudiendo ser derribado". Por supuesto, también habrá una vigilancia especial en los aeródromos que se encuentran en su zona de influencia.

Por otro lado, también la Armada Argentina dispuso 500 efectivos integrado por el batallón de comunicaciones Nº 1, la fuerza de infantería de marina de la flota de mar, la compañía de ingenieros anfibios, el batallón de infantería de marina nº 3, la escuadrilla de ríos, el batallón de vehículos anfibios, la agrupación de comandos anfibios, la agrupación de buzos tácticos, además del destructor ARA La Argentina con helicóptero AS-555 FENECC embarcado y el buque multipropósito ARA Ciudad de Rosario.

A los que se debe sumar los grupos de amenaza bacteriológica química nuclear y, por supuesto, los grupos antidisturbios en las zonas por fuera de restricción, donde está prevista una movilización hacia el Congreso, en la que se esperan hechos de violencia.

Nunca en la historia argentina se dispuso un operativo semejante. Claro, nunca se realizó en nuestro país una cumbre que obliga a un desafío de prevención y logística que solo hemos visto en los noticieros internacionales. O en películas.

Es que los megaeventos exigen siempre un esfuerzo descomunal, pero mucho más en países democráticos, donde la protesta y la libertad de expresión son constitucionales, y existe la obligación de los gobiernos de que la faciliten. Cuando en el 2016 el G20 se realizó en Hangzhou, China, nadie hizo movilizaciones en contra. El gobierno chino dispuso la salida compulsiva de los habitantes, a quienes les pagaron pasajes en tren, y no hubo ni siquiera un mínimo atascamiento de tránsito.

Distinto fue lo que sucedió en Hamburgo el año pasado, cuando no hubo muertos, pero sí violentos enfrentamientos entre policías alemanes y militantes antiglobalización que dejaron cientos de heridos y escenas dramáticas, que no impidieron el desarrollo de la cumbre, pero sí la realización de varias reuniones bilaterales entre los líderes. La que estaba prevista entre Emmanuel Macron y Mauricio Macri, por ejemplo, no llegó a concretarse.

Los alemanes estuvieron en la Argentina dando una charla a los responsables de seguridad del G20. Mostraron mapas detallando la estrategia prevista, las zonas de conflicto, las avanzadas inesperadas de los militantes, los errores cometidos. Esos activistas no estarán en la Argentina, un destino muy alejado para los globalifóbicos, pero existe la presunción de que argentinos tuvieron capacitación digital y que -incluso- hay grupos locales que podrían ofrecer ellos mismos enseñanzas a los militantes europeos.

También las fuerzas de seguridad francesas dieron una capacitación similar a los responsables de la seguridad local. Este mismo año tuvieron desmanes y escenas violentas en París, Lyon y Marsella que terminaron con casi 300 heridos una vez conocida la victoria de Francia en el Mundial de Fútbol. Tampoco hubo muertos, pero las fuerzas de seguridad se vieron sorprendidas por la fiereza de las protestas, aunque luego lograron dominar las calles.


En el Comité de Seguridad que preside la ministra Patricia Bullrich existe el convencimiento de que están lo suficientemente preparados para poder reaccionar aún ante situaciones sorpresivas. En principio, recuerdan que hace un año y medio están trabajando para la cumbre. Y resaltan que en la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que se realizó en diciembre del año pasado se implementó una prueba del sistema, que se fue capacitando a lo largo y a lo ancho del país en las más de 50 reuniones que se hicieron con las distintas instancias temáticas (de ministros de Economía, de Energía, de Relaciones Exteriores, de Trabajo, de Educación, de Ciencia y Tecnología, de la Mujer, de la Juventud, de Agricultura, de Ambiente, de Negocios, de grupos think thank, etc, etc, etc), donde no se produjo un solo problema.

"No van a poder llegar a donde está ningún jefe de estado", se asegura en el Comité de Seguridad. Las dudas están centradas en qué puede pasar por fuera de las zonas cerradas. Están convencidos de que las cosas no estarán tranquilas y que habrá protestas que derivarán en violencia. Pero están convencidos de que están suficientemente preparados, no solo en materia de seguridad, sino también en la justicia, para que se inicien las tareas de identificación y detención, y en los hospitales, para dar cabida a los militantes o efectivos heridos.

¿Alcanzará? ¿Saldrán las cosas razonablemente bien? ¿Se repetirá un papelón semejante al que se produjo en los ingresos al estadio Monumental? En principio, no parece. No hay barras bravas mezcladas con la seguridad ni con la política que conducirá la cumbre. Las alertas están al tope y la organización parece afiatada. Faltan pocas horas para que el mundo se entere si los argentinos estamos en condiciones -o no- de llevar adelante el desafío logístico más importante que tuvo nuestro país en su historia.

Fuente: Infobae

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