LA “INDEPENDENCIA” DE JUECES Y PERIODISTAS

EDITORIAL Por
La grieta muestra hoy en día su faz más aguda. El único principio válido parece ser la necesidad de derrotar al enemigo
carzoglio

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

El juez Carzoglio decidió no hacer lugar al pedido del fiscal Escalera de proceder a la detención de Pablo Moyano. Según él, no hay nada que justifique tal medida, y por tanto la rechazó. Pero fue más allá de eso: denunció una manifiesta intención política del pedido, que incluso trascendía a la esfera judicial. Con nombres y apellidos, el magistrado acusó la existencia de una campaña mediática en su contra, revelando hasta el parentezco entre el Procurador General de la Provincia de Buenos Aires y un conocidísimo periodista que de él -inclementemente- se ocupaba.

No puede sorprender, entonces, que los principales portales se refieran ahora a ese juez -no al expediente que acusaría a Moyano- señalando presuntas irregularidades e inmoralidades en el ejercicio de su función.

“Yo no creo en los aprietes mediáticos, pero que los hay, los hay”, podría decir alguien frente a estos sucesos. Hay algunas perlas en este tema, que pueden ser anecdóticas, pero pintan a las claras los cascotazos que se lanzan de un lado al otro de la grieta, más ancha y profunda que nunca.

El conductor de un programa radial de madrugada, se refería días atrás a una nueva conmemoración del histórico y constitutivo momento peronista del 17 de octubre, conocido como Día de la Lealtad. Nadie puede dejar pasar inadvertida esa fecha, que para los partidarios del movimiento fundado por el líder que inventara la Tercera Posición, constituye la piedra inicial de una larga trayectoria. Pero en este periodismo de guerra, como fue definido por uno de sus actores, no puede desaprovecharse ninguna oportunidad. El conductor entonces, tras una introducción ascéptica de la efemérides, hizo referencia al robo de las manos del general, y el traslado de sus restos a la quinta de San Vicente, incluido el tiroteo producido en esas circunstancias. Todo esto nada tenía que ver con la fecha, pero ¡adelante!, que no muchos van a darse cuenta. El mensaje, por encima de las palabras era el siguiente: el peronismo es tétrico, morboso, patotero, fratricida.

Hoy, por la misma popular radio, los oyentes advertidos tuvieron una incomparable muestra de esta campaña mediática “que no existe”. El conductor, tal vez uno de los más cultos de la actualidad, comentaba el nonagésimo aniversario de la aparición de la historieta Patoruzú, que cautivó a todos los niños -y no tan niños- de numerosas décadas.

Patoruzú merece -y los tuvo- un análisis sociológico profundo, pero eso es para especialistas, y otra oportunidad. El periodista, en su reseña, contaba que Patoruzú, descendiente del último cacique tehuelche -tribu presunta diezmada por los araucanos, hoy mapuches- había sido puesto bajo el padrinazgo de Isidoro Cañones, encargado de “civilizarlo”. La historia transcurría separadamente -y en distintas publicaciones- en dos tiempos: uno ambientado en la niñez de los protagonistas y otro cuando ellos ya eran jóvenes creciditos. En las entregas referidas a este período, el “civilizador” era un vago, vividor y ventajero, mientras el aborigen seguía conservando una moralidad intachable.

Pero volviendo al episodio que comentamos, el periodista recuerda al cacique poseyendo una inmensa fortuna. “Como Moyano -señala- pero que no era sindicalista”. Huelgan los comentarios.

 

Policiales

Vale la pena detenerse, en el contexto de inyección ideológica al que asistimos diariamente, en el episodio que se difundió a través de un video, referido a la detención de una persona tras un procedimiento en las proximadades de un banco. Según la crónica, personal policial, detectó a un individuo en actitud sospechosa, y procedió a interrogarlo. En tales circunstancias, un tercero, abogado, presente en la escena, increpó a los uniformados. Éste fue reducido por el personal, y tendido en el suelo por un policía que le aplicaba todo su peso encima y además lo estaba ahogando con el cuello de su propia campera. Una brutalidad que el video evidencia sin lugar a dudas. Así las cosas, aparece un nuevo actor, que resultó ser un juez, quien reprocha al oficial a cargo del operativo, por el desarrollo del mismo. La respuesta del policía es descomedida y agraviante, pero lo notable es que también transeúntes circunstanciales se pliegan a los insultos, y califican al juez como “garantista” y “corrupto”. Los policías, por una rapidísima decisión del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires y del jefe de la fuerza, serán ascendidos.

Una vez más, pan y circo -hoy reducido a circo solamente, por el desmesurado precio de nuestro alimento principal- para desviar la atención de la verdadera naturaleza de lo que esta sucediendo.

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