Falsa paz en la Corte

A veces, debajo de la alfombra se esconde la basura. Y a veces, cuanto más recoleta y distinguida, peor huele la basura escondida
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Algo de esto pudo olisquearse esta semana en el duelo público que encendieron el actual y el ex presidente de la Corte Suprema.

El nuevo, Carlos Rosenkrantz, presentó una venenosa resolución en la que exigió acceder a las claves para reactivar el Centro de Información Judicial, un vehículo informativo eficaz que, como tantas cosas de la Corte, Ricardo Lorenzetti convirtió en su coto privado. Destemplado, como cada vez que monta en cólera, Lorenzetti emitió una nota incendiaria contra su sucesor.

El fogoso e inédito intercambio fue apenas una excusa de lo que está en juego. Rosenkrantz, más técnico y con trayectoria en estudios privados, debe decidir si encara la sucesión con gradualismo o shock. Casi el mismo dilema con el que Macri asumió en la Rosada. Solo que en vez de la explosiva herencia recibida de CFK, acá se trata de la de Lorenzetti.

El “lorismo”, como algunos llaman a los incondicionales del hombre que condujo la Corte durante casi 12 años, asegura que el legado es inmejorable, con ahorros en cuentas bancarias por más de $ 10 mil millones, por ejemplo. O el tironeado CIJ. Etcétera, claro. Otras voces internas más críticas señalan que hay no pocas zonas oscuras: designaciones, manejos administrativos (donde ejerció hasta ahora Héctor Marchi, mano derecha e izquierda de Lorenzetti en esa área) y, sobre todo, cierta discrecionalidad en el manejo de qué expedientes se tratan.

En el Gobierno, un sector de la Corte y miembros del círculo rojo con viejas facturas pendientes impulsan a Rosenkrantz a terapia de shock contra Lorenzetti. Que Carrió vocifere esta demanda no obtura que otros y otras busquen lo mismo sin hacer tanto ruido. Lorenzetti habría contactado a referentes peronistas no K en busca de un paraguas protector. Esto no termina acá. 

Fuente: Perfil

Redacción

Daniel MAKENA. Jefe de Redacción

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