FALSOS CERTIFICADOS DE DEFUNCIÓN

EDITORIAL Por
Mientras Cristina lidera las encuestas, la coalición oficialista se resquebraja hasta el punto de ruptura, y la tensión social por los tarifazos y la compensación a las empresas de gas por la devaluación se va calentando al rojo vivo
DnqPqeZXsAAhEwb

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N   

Los tropiezos de la administración macrista, y la posibilidad de la ciudadanía de comparar los resultados de la política económica del actual y el pasado gobierno nacional han puesto en primer plano a Cristina Fernández de Kirchner, que avanza notoriamente en las encuestas relativas a los comicios de 2019, aún sin haber anunciado su candidatura.

Esta situación condujo al desconcierto entre las filas oficialistas, a tal extremo que logró la formación de dos corrientes diametralmente opuestas respecto a la mejor estrategia a emplearse a fin de preservar un nuevo período presidencial para Mauricio Macri, o un reemplazo gatopardista en caso de que los líderes actuales de Cambiemos se revelen impresentables.

Uno de los motivos que contribuyó a la derrota del Frente para la Victoria en 2015 fue la convicción de que los logros del período 2003-2015 serían suficientes para mantener la adhesión popular que llevara a la primera magistratura a Cristina, por segunda vez, con un contundente 54% de los sufragios. Y que bastaba con que la sociedad fuera consciente de que esos avances peligrarían en el caso de que se retornara a las políticas neoliberales, encarnada por el PRO y sus aliados.

Es paradójico, pero se dio la situación de que los conservadores eran quienes proponían un cambio, mientras los progresistas se abroquelaban en la continuidad. Scioli insistió desde todos los ángulos y, particularmente, en el debate presidencial, en lo que ocurriría de volverse a las recetas económicas de los tiempos de Martínez de Hoz o Cavallo. Hoy podemos comprobar la exactitud milimétrica de sus pronósticos para el caso, pero en ese momento su rival ponía en la vidriera promesas de pobreza cero, eliminación del impuesto a las ganancias para los asalariados, el fin de la inflación, y muchos otros beneficios.

Prometer es fácil y sin costo, en la Argentina, como pudo comprobarse cuando Carlos Menem, muy suelto de cuerpo, confesaba que había dicho lo contrario de lo que iba a hacer, porque si decía la verdad no lo votaba nadie.

Lo real es que hoy en día Cristina se mantiene al frente de la escena, sin anunciarse como candidata, y rompiendo pocas veces su silencio, salvo en cuestiones de primordial interés público, como es el caso del pago que los usuarios deberán afrontar para compensar a las empresas de gas por las diferencias en el tipo de cambio, y que vendrán para colmo sumadas a un nuevo tarifazo.

Y en el ámbito de la coalición gobernante la inquietud por el primer plano de la expresidenta alimenta dos corrientes contrapuestas: una que busca la solución a través del desafuero y consecuente encarcelamiento de la líder de Unidad Ciudadana, y otra que considera que lo más adecuado es volver a polarizar el voto y vencerla, haciéndola desaparecer así definitivamente de la política.

En todos los medios de comunicación está expresada hoy esta diferencia, que se manifiesta a través de sus máximos exponentes. La diputada Carrió, que se instaló en una posición suprema, con avales que, según algunos provienen de la divinidad, otros de la embajada estadounidense y terceros de un desquicio mental que padecería, amenazó primero con romper la coalición, y luego garantizó el pacto, pero no sin reafirmarse en su posición antifueros cueste lo que cueste, y hasta desairando una llamada telefónica del Jefe del Ejecutivo.

Es muy difícil pronosticar dónde puede terminar todo esto. Lo cierto es que el peronismo light encarnado en Pichetto, Urtubey, Schiaretti y Massa se juntan para pretender llenar lo que llaman “la ancha avenida del medio” y encontrar una salida a su incómoda posición de opoficialismo. Se saben impresentables, tanto que recurren a la posibilidad de dejar de lado sus aspiraciones personales y buscan a cualquiera que garantice la continuidad de las políticas neoliberales y pueda juntar votos, a partir de su popularidad en otros campos, como Marcelo Tinelli. Mientras tanto, Unidad Ciudadana se consolida en todo el país y va apuntalando la presencia del movimiento kirchnerista y el liderazgo indiscutido de Cristina Fernández.

Te puede interesar