El riesgo de gobernar con la planilla Excel

OPINIÓN Por
SEMANA ECONOMICA. Cuando los planes ya no tienen como eje producir y crear empleo, sino tan sólo poner en caja las variables, la cosa va definitivamente mal. Que lo último hay que hacerlo resulta obvio, pero sin olvidar ni resignar lo primero.
macri preocupado

Los Gobiernos que llegan para ordenar las variables macroeconómicas descarriladas por las políticas expansivas de lo que se ha dado en llamar gestiones populistas, corren el serio riesgo de excederse en su misión salvadora y, planillas de Excel mediante, olvidarse de que administran para personas de carne y hueso.

Son ellos, los habitantes de la nación en su amplio espectro de opiniones y pareceres los que han legado a los gobernantes la representatividad y la tarea de llevar adelante el país. Se gobierna por y para ellos, que somos nosotros. Cuando los planes ya no tienen como eje producir y crear empleo, sino tan sólo poner en caja las variables, la cosa va definitivamente mal. Que lo último hay que hacerlo resulta obvio, pero sin olvidar ni resignar lo primero.

El plan económico que presenta Cambiemos, luego de dos años de administración frustrada, promete al menos dos años de sacrificio, más inflación, mayor desempleo y profunda recesión. Reducir el déficit a toda costa, como sea, caiga quien caiga, puede implicar una transición sangrienta hacia un futuro que, como el mismísimo horizonte, se corre cuanto más caminamos.

Un ejemplo de esto es la decisión de la ahora Secretaría de Energía, que al aumento del 35% en la tarifa del gas dispuesto el pasado lunes le sumó otra medida polémica: desde el 1 de enero se autoriza a las distribuidoras a cobrar un extra para compensar a las empresas por el salto del dólar de las últimas semanas. El incremento será abonado por los usuarios en 24 cuotas mensuales.

Haber dolarizado el precio de los servicios, llevarlos a nivel del mercado internacional, es decir que su derrotero sea aquel marcado por los vaivenes de la divisa estadounidense, implica que el usuario siempre esté expuesto a aumentos fuera de cronograma. Pagará más porque el Estado ya no lo subsidia, y pagará más porque el Estado, vía Banco Central, permitió o impulsó la devaluación que licúa el gasto y potencia las exportaciones.

Se trata del efecto manta corta de la depreciación del peso. Mientras el sector productivo con perfil exportador puede tomar una bocanada de aire fresco, la mayoría de los habitantes que ni exportan ni cobran en dólares padecen el impacto de la inflación, y ahora un sobreprecio en el gas, sin comerla ni beberla.

El escenario tiene, por momentos, reminiscencias a aquella década del "90 cuando el desempleo era de dos dígitos y Domingo Cavallo, por entonces ministro de Economía, se jactaba de lo bien que le iba a la economía porque no había inflación y se había achicado el gasto público.

Los empresarios de la agroindustria que se reunieron con el ministro de Producción, Dante Sica, mostraron su preocupación por el derrumbe de la actividad, y hallaron una respuesta granítica: el Gobierno ya sabe que el financiamiento es imposible, que caerá el consumo y que la recesión será más prolongada de lo que admiten. Pero es lo que hay.

Los efectos negativos de la devaluación comienzan a sentirse paulatinamente. Un dato revelador es que la pobreza ha trepado al 27,3%, y como afirma el economista Leopoldo Tornarolli en la nota de tapa del suplemento de Economía del domingo, hay riesgos de que escale al 32%.

Según datos de la consultora Tendencias, la conflictividad laboral experimentó un pronunciado y generalizado aumento en septiembre: se incrementaron los despidos, las suspensiones y los paros.

"Los despidos sumaron 4.286 personas, que arrojan un aumento del 169,4% anual. Sobresalieron los despidos en las ramas textil y calzado, construcción, alimentos, metalurgia, plástico, salud, autopartes, administración pública provincial, laboratorio, comercio y servicios petroleros", resalta el documento.

En tanto, las suspensiones se incrementaron pronunciadamente: alcanzaron a 9.898 personas, que superan en más de 10,6 veces a las que fueron suspendidas un año atrás. Prevalecieron las que tuvieron lugar en la industria automotriz y de autopartes, que representaron el 58,5% del total. Pero también las hubo en los rubros textil, metalurgia, construcción, alimentos, química, madera, motos y plástico.

¿Qué puede deparar un programa económico que tiene como norte y prioridad tan sólo ordenar variables? La idea de que enfrentar tamaño sacrificio, que soportar las altas tasas de interés que quiebran al sector productivo y destruyen empleo es la moneda de pago para tener un futuro mejor, resulta como mínimo ingenuo.

¿Habrá un mañana próspero, allá adelante, para los que queden de pie y dejen atrás el valle de los caídos? Proyectar en el tiempo rigurosas políticas fiscales puede ser la ecuación teórica adecuada, pero como bien dijo John Maynard Keynes, el problema es que "a largo plazo estamos todos muertos".

Fuente: La Prensa

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