Macri hoy: debilidades y fortalezas

MIRADAS Por
La salud de la macroeconomía sostenida con alfileres
0029365930

Mientras el Banco Central se aprestaba para testear en cualquier momento y de modo sorpresivo a qué precio se podía ubicar el dólar si la tasa bajaba un escalón, varios factores externos y de la política local le han metido ayer ruido a lo saludable de esa estrategia y la han hecho trastabillar.

Para un proceso tan estructural como es el de la relación entre la Argentina y el dólar, tres días sucesivos de baja no son nada, mientras en el medio se suceden tironeos de todos los costados que se suman y se potencian como si fuese una seguidilla de penales que Macri no puede atajar en soledad. Justo él, cultor inveterado del trabajo en equipo.

Sin embargo, parece que el Presidente le ha tomado el gusto a un cambio de dinámica que él mismo ha encarado al estilo de los personalismos que adoran los argentinos. Por eso, algunos la han llamado llaman "diplomacia personal", a partir de que él ha sido quien más convicción puso sobre el camino de salida, vía déficit cero, del atolladero económico en que está metido el país. Lo cierto es que Macri en persona se cargó la negociación externa al hombro, habló con su amigo Donald Trump, le pidió que no lo abandone en el Directorio del FMI, hizo un acting de seducción con Christine Lagarde, bailó en Nueva York y le solicitó una mano a banqueros y financistas. El argumento subyacente, mirando a 2019, fue "apoyen, porque soy yo o el diluvio".

Para llegar a esa instancia, previamente reformuló la Jefatura de Gabinete, puso a Marcos Peña en mute, maquilló una reducción del número de ministerios (aunque no el total de cargos), bajó una línea muy fuerte dentro del Gobierno, la de ir a fondo en materia económica, mandó el Presupuesto al Congreso y ordenó convencer a los gobernadores y defender su sustancia con uñas y dientes, pese a los tironeos que día a día recibe en la Cámara de Diputados, no tanto por el pedido público de rehacerlo que hizo el kirchnerismo después del acuerdo con el FMI, sino por el último round que le planteó el peronismo en su conjunto ayer, negándose a los cambios que se postulan para flexibilizar el manejo de la deuda.

Y si bien se quedó sin el mago de las finanzas (Luis Caputo), Macri llegó al segundo acuerdo con el Fondo en 110 días apenas y decidió un cambio sustancial en el manejo del Banco Central, ya que se reemplazaron las metas de inflación por el "control estricto" de los agregados monetarios, mientras se negociaba con el organismo un esquema cambiario algo heterodoxo que simula flotación, pero que tiene determinadas anclas.

Algunos economistas han definido ese experimento como una "convertibilidad con tablita" (las puntas se ajustarán a un ritmo de 3% mensual hasta diciembre) y aquel probable test iba a ser un tímido primer camino rumbo al piso de la banda cambiaria (es probable que alguno en el Gobierno se haya arrepentido de que $ 34 esté ubicado tan lejos del techo), el lugar donde el Central va a estar en condiciones de recomprar dólares, emitir pesos y consolidar una baja genuina de los rendimientos hasta que lleguen las divisas del comercio exterior o se compute el neto por turismo o aquellos dólares que provengan de inversiones de cartera o del rubro IED. Mientras tanto, el Tesoro hoy tiene (y tendrá) muchos dólares de los desembolsos del Fondo y vía Banco Nación puede salir a compensar la demanda sin afectar el stock de intervención con que cuenta la autoridad monetaria.

Sin embargo ayer, novedades externas y políticas le han vuelto a poner cierta pimienta a la cotización de la divisa, a partir de la suba de la tasa del bono estadounidense a 10 años, más las contradictorias novedades que llegan desde Brasil sobre el perfil del candidato Jair Bolsonaro y las elecciones del domingo, datos que, aunque ahora se aprecie el real, le meten ruido hacia el futuro a la relación bilateral o aún el grave aviso que le pasó al Gobierno su aliada Elisa Carrió, tras declaraciones del ministro de Justicia, Germán Garavano, sobre cuestiones republicanas que la coalición de gobierno, según ella, no debería descuidar sino más bien reforzar, como es la lucha contra la corrupción y la impunidad.

En este último punto hay todo un ala principista dentro de Cambiemos que busca desaforar a Cristina Fernández, para que termine en la cárcel y otra que evalúa la situación desde un ángulo meramente electoral, ya que la senadora en funciones le asegura dos cosas al oficialismo: la división del peronismo y un eventual ballottage con ella, si es que decide presentarse. Además, es probable que la ex presidente haga campaña casi desde Comodoro Py, debido a los juicios orales que tendrá en marcha en año que viene, algo que según los gurúes oficiales sería un descrédito para ella, aunque podría victimizarla.

Con mucho cuidado, Garavano planteó con sus dichos casi una cuestión institucional, sin nombrar a nadie y diciendo una verdad bastante inocua: "Nunca es bueno para un país que un ex presidenteesté detenido o se pida su detención" y luego se enredó en explicaciones sobre la prisión preventiva, lo que puso en guardia a Carrió quien, después de advertir a Macri ("la República está herida por un sector del gobierno que por conveniencia política no desea verdad, justicia y condena"), insistió en el juicio político al ministro.

Las especulaciones sobre esos dichos fueron desde una torpeza de Garavano, criticada a más no poder desde los ambientes judiciales, a que estuvieran en línea con la idea del propio Presidente de competir contra Cristina, ya que en su periplo de gloria neoyorquina también Macri había blanqueado el tema de la reelección. Y para completar las especulaciones alrededor de los desafueros, 24 horas después de aquellas declaraciones tan ruidosas, Carlos Menem fue sobreseído por la Cámara de Casación por la venta de armas a Croacia y Ecuador y le dio la razón a la llamada "doctrina Pichetto", que sigue el Senado: ningún miembro del cuerpo sin sentencia firme será desaforado.

Más allá de todos estos hechos de última hora, hay en la grilla una serie de factores de diversa índole que se vienen sumando para enrarecermás el complejo escenario que se observa en lo económico:

- el mal humor social, producto del deterioro de la billetera de la gente;

- la necesidad de negociar el Presupuesto con los gobernadores sin rehacerlo y sin apartarse del déficit cero;

- la advertencia empresaria sobre la necesidad de cerrar el bache fiscal sin crear nuevos impuestos;

- el ruido de la calle, agitada a diario por el sindicalismo, las organizaciones sociales y el kirchnerismo mientras el Gobierno deja hacer, junto a lo excluyente que son ambos modelos, incapaces de lograr alguna síntesis que los acerque;

- los desordenados palotes electorales que está haciendo el peronismo no K para posicionarse como el tercero en discordia;

- el gataflorismo del llamado "mercado" (antes, el dólar estaba muy alto y empujaba los precios, mientras ahora la queja es hacia la bola de nieve de las Leliq y el seguro parate económico y sus consecuencias) y

- la simplificada interpretación de las medidas económicas que ejecuta alegremente, sobre todo por TV, parte del periodismo no especializado.

Este punto merece un párrafo aparte, ya que lo que se describe representa el peor escalón de las malditas fake news, que es la desinformación no ya por falsedades, sino a partir de la manifiesta ignorancia de los intermediarios (editores, presentadores y grafistas). Esto es algo que excede a las mentiras interesadas o a las operaciones de prensa que buscan instalar temas a partir de falacias con propósitos comerciales o políticos, hoy amplificadas con singular entusiasmo por las inimputables redes sociales y difundidas alegremente por otros periodistas, quienes no siguen el ABC de la profesión: chequeo y contraste con los que saben. Un lamentable derivado de tal improvisación y/o falta de rigurosidad es que, en temas económicos, la información errónea resulta ser siempre gravosa para el bolsillo, sobre todo para aquellos que menos posibilidades tienen de informarse por vías alternativas.

Lo cierto es que por todo esto y por mucho más, como es la desazón que sienten muchos kirchneristas que comprueban a diario el desfalco que sus gobiernos hicieron a la Nación, latrocinio que buscó ser disimulado con repetidas concesiones de irrealidades económicas hacia la ciudadanía disfrazadas de ampliación de derechos (jubilaciones sin aportes, tarifas congeladas, ingresos masivos a la Administración Pública, por ejemplo) como parte de un esquema que cebó la bomba, pero también la de muchos macristas, quiénes hoy critican abiertamente al gobierno que eligieron, ya que su mala praxis, que consumió dos años y medio de gestión, terminó con la explosión del artefacto.

Hoy, pese al giro del Presidente hacia el personalismo para mostrar convicción, la salud de la macroeconomía, medida en credibilidad, está tan comprometida y débil que cualquier cosa que se haga o que se diga funciona como un virus maligno que desestabiliza al paciente de inmediato. El desafío monetario estará en buscar la dosis adecuada para equilibrar las defensas. Detrás de la economía, el problema para el país es que el sufrimiento de mucha gente también está en terapia intensiva.

 

 

Con información de www.elcronista.com sobre una nota de Hugo Grimaldi

Te puede interesar

Te puede interesar

Booking.com