NO SE HABÍA QUEDADO MUDO

Ay Daniel, vos tenías la posta y los argentinos no te escuchamos !!!!
DANIEL SCIOLI

Parecía que no solamente le faltaba un brazo, sino que, además, le habían cortado la lengua, porque después de la derrota que sufriera en las elecciones presidenciales de 2015, muy poco se sabía de él, más allá de aspectos vinculados a su vida amorosa, léase: ruptura con Karina Rabolini; romance con la modelo Gisela Berger y llegada de un nuevo hijo fruto de esa relación.

 


Nada dijo, durante el transcurso de estos últimos 3 años, el ex Vicepresidente de la Nación durante la gestión de Néstor Kirchner y dos veces gobernador de la Provincia de Buenos Aires, quizá el distrito más importante del país por su alta densidad demográfica, industrial y económica, a la que dejó en un estado de miseria y abandono nunca visto en la historia institucional del primer Estado argentino, sobre los grandes males a los que se tuvo que enfrentar, sin el período de gracia que todo nuevo gobierno tiene, las autoridades que asumieron la difícil y titánica tarea de recomponerlo todo.

 


Nada dijo el “motonauta”, acerca de los bolsos con millones de dólares llevados a un convento por el ex número dos del ministerio de Planificación de la Nación, ni de la inocultable red de connivencia entre empresarios y las más altas autoridades del país, que durante doce años se encargaron de saquear las arcas del Estado, ni de los jardineros, choferes, cajeros de banco, valijeros y tantos otros que se hicieron millonarios, de la noche a la mañana, con el lavado de dinero, el reintegro y la coima de la obra pública.

 


Ni una reflexión salió de su boca cuando tomaron estado público los denominados “cuadernos de la corrupción K”, como si el hecho de no hablar del tema lo excluyera de la responsabilidad que le corresponde por haber ocupado los más altos estratos del poder o, simplemente, por que no diciendo nada puede que suponga que no va a ser investigado por la justicia.

 


Sin embargo, su gestión, al menos como gobernador, ya que como vicepresidente solamente fue una “marioneta” que el Ejecutivo Nacional manejaba, literalmente, a su antojo, no está hoy en día fuera de los ámbitos tribunalicios: son varias las causas judiciales en las que el Poder Judicial ha puesto el ojo, y ya tendrá turno, con absoluta seguridad, de concurrir ante los estrados, como lo están haciendo, por estos días, decenas de aquellos que compartieron su mismo espacio político y, vaya uno a saber, idéntica sed de poder y de riquezas.

 


Pero, resulta que Daniel Scioli no se había quedado mudo. No, para nada. Tal parece que, simplemente no encontraba un buen tema, lo suficientemente importante, como para explayarse. Y bueno, a ese tema importante lo encontró en la actual crisis económica por la que atraviesa la Argentina con una nota publicada hoy por INFOBAE, la que a continuación transcribo de manera textual:

 


“Hay otro camino: hacerlo mejor

 


El Gobierno sostiene que el único camino posible para salir de la crisis y solucionar sus propios errores es acudiendo al clásico manual del ajuste y la ayuda financiera del FMI. Este camino es recesivo, y solo beneficia a algunos sectores concentrados, empeorando la situación económica y social de la mayoría.

Sin embargo, en otros países, gracias a políticas que promueven la expansión económica, se evita la pérdida del poder adquisitivo y aumentan los salarios mínimos y las pensiones.

Lamentablemente, se están cumpliendo los efectos negativos que anticipé podrían suceder en el debate presidencial de 2015. Es lo que ocurrió.

En Argentina había otro camino y hay otro camino. Mejorar la calidad de vida de las personas mediante el crecimiento, el desarrollo y la justicia social es posible.

El camino que nuestro país debe transitar es el del desarrollo con equidad distributiva, alentando la demanda interna. Un camino que nos haga competitivos, nos integre inteligentemente al mundo y que, en lugar de endeudarnos, nos ayude a recuperar nuestra independencia económica.

Necesitamos un Estado activo, pero no para ajustar indiscriminadamente. Por el contrario, la prioridad es aumentar los ingresos, para combatir la inflación y la pobreza, reactivando la economía, la industria nacional y el trabajo argentino. Aquellos que perdieron derechos deben recuperarlos. El Estado debe optimizar la inversión pública y administrar el comercio interno y externo, con una política fiscal y monetaria orientada a volver a tener superávit fiscal y comercial.

Es prioritario que las paritarias fijen salarios que estén por encima de la inflación, y desdolarizar las tarifas de servicios públicos, los combustibles y el precio de los alimentos de primera necesidad, cuyas constantes subas afectan a diario el ingreso de los trabajadores.

Se decía que el fin del cepo cambiario iba a traer estabilidad monetaria. Sin embargo, hoy la especulación financiera es una actividad más lucrativa que la producción; y el precio del dólar, una preocupación cotidiana. Los niveles de inflación superan con creces todos los pronósticos gubernamentales, esperando para el mes que corre un índice récord.

Había que terminar de solucionar el frente externo, regularizando las obligaciones con los acreedores. Pero no pagando lo que sea a los fondos buitre. Precisábamos un previo fortalecimiento de nuestras reservas y luego una repatriación de capitales, orientada a fomentar el trabajo argentino, nuestra verdadera soberanía nacional.

Para generar confianza y certidumbre, es imprescindible respetar todas las inversiones realizadas y proyectadas bajo esta administración, como se hizo con Vaca Muerta, las telecomunicaciones y las energías renovables. Con un sector financiero necesariamente integrado al mundo de la producción y el trabajo, liderado por la banca pública.

Con un verdadero programa económico de crecimiento sustentable, que industrialice la ruralidad y potencie la matriz energética y logística, estaremos en condiciones de desarrollar el país y de romper la dependencia del precio internacional de los commodities y la toma de deuda.

Hoy no se trata de abrir la economía al sector externo porque sí, sino hacerlo de manera responsable, defendiendo el interés nacional. Hasta Estados Unidos, el paradigma global del libre mercado, está protegiendo a su aparato productivo nacional en una áspera discusión arancelaria con China.

El Estado debe apostar a la ciencia, la tecnología y la educación, ya que son los pilares capaces de aportar soluciones de fondo. Solo así será posible enfrentar los desafíos que se presentan en el mundo del trabajo, donde los nuevos empleos reemplazan a los tradicionales, agotados por la revolución tecnológica.

De esta manera pondremos en marcha, además de nuestros sectores más competitivos, otros poderosos motores del desarrollo como las pymes exportadoras, las industrias culturales y el software. Además, el conjunto de las economías regionales puede aportar a la generación de divisas y empleos para nuestra población económicamente activa, hoy amenazada por el fantasma de la desocupación.

 


Asimismo, debemos diseñar un sistema tributario más equitativo, eficiente y moderno, de fácil administración, aplicación e interpretación. Que prevea una reducción de impuestos en cascada y una ampliación progresiva de la base imponible.

 


El gran desafío que planteamos desde el peronismo es generar un frente de confianza y certidumbre, interna y externa, para avanzar hacia un desarrollo integral y federal. Un gran acuerdo nacional, con políticas de estado y una agenda parlamentaria que represente un programa nacional de producción y crecimiento, que nos conduzca a una Argentina próspera y para todos. Una alternativa democrática que demuestre el otro camino: hacerlo mejor.”

 


Con absoluta franqueza, al menos yo, no le creo nada a Daniel Scioli.

No se qué opinará Ud., amigo lector, pero lo que propone este personaje que, de pronto, recuperó al don del habla, no es diferente a lo ya conocido por todos, probado hasta el hartazgo y que desembocó en el experimento “Nac & Pop”, que durante más de una década se encargó de crear habitantes dependientes de la dádiva del Estado, destruyendo el concepto de cultura del trabajo, de honestidad en la función pública y de independencia de los Poderes del Estado, entre tantas aberraciones que hoy conocemos y las que aún nos faltan por conocer.

 


Si esto no lo convence de lo oportunistas y despojados de toda noción de ética y moralidad que personajes como Scioli representan, entonces, sinceramente, serán muy pocas, casi nulas, las posibilidades de que los argentinos logremos salir adelante, por más y mejores esfuerzos que hagan los gobernantes de turno, por una simple y sencilla razón: todavía nos siguen engañando con “espejitos de colores”, como en la época en que los adelantados arribaron a las costas de nuestra querida América.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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