ILUSIONES DEL VIEJO Y DE LA VIEJA

EDITORIAL Por
El tango -Palermo- de Villalba y Braga, con música de Enrique Delfino es el mea culpa de un burrero. Pero el Presidente no se desanima, y anuncia que va a jugar sus cartas. Más allá de esto, Eduardo Amadeo cae en la ingratitud
macri corre
"I am ready to run", anunció el Presidente

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

"I am ready to run" es una expresión en inglés que, en el contexto del que nos ocupamos, significa que quien la pronuncia está expresando que se va a presentar a una compulsa electoral.

Es lo que dijo el Presidente Macri cuando le preguntaron, en Estados Unidos, si va a intentar su reelección. Pero la frase también -y literalmente- significa que está listo para salir corriendo. Lo destaca, delicadamente, Ernesto Tenembaum, en un artículo que publica Infobae.

Naturalmente, las preferencias de la ciudadanía, se dividen según en qué lado de la grieta se ubica cada uno. El macrismo tiene un núcleo duro que, a pesar de todas las dificultades que está experimentando la ciudadanía -con pocas excepciones- sigue firme en sus convicciones de que Mauricio Macri tiene todo lo necesario para llevar al país a destinos superiores, y está dispuesto a renovarle su confianza. Enfrente, mayoritariamente, se encuentran aquellos que consideran un fracaso las políticas que lleva adelante -sobre todo en el terreno económico- la actual administración.

Con el actual sistema de balotaje, la coalición oficialista Cambiemos se ilusiona con un peronismo dividido y fuerzas afines fragmentadas, que la habilite para llegar a la instancia decisiva, en la que se impondría sumando a su fuerza propia los votantes que prefieren cualquier gobierno menos uno del kirchnerismo.

Los “vagos” del Estado

La complejidad de la sociedad actual hace que el ciudadano esté obligado a realizar multitud de trámites. Bien o mal, casi todo está reglamentado, y uno debe presentarse en mostradores y ventanillas públicas con demasiada frecuencia, mientras que el tiempo disponible es cada vez más escaso.

Los memoriosos recordarán el famoso sketch televisivo del señor que quería plantar un arbolito en la puerta de su casa y era rechazado sistemáticamente por detalles nimios o nuevas -y generalmente absurdas- disposiciones.

Lo cierto es que el burócrata se ganó -merecidamente o no- muy mala fama, y esto es aprovechado políticamente por los enemigos de casi toda -o toda- participación del Estado en la vida de la comunidad.

Ciertamente existe una porción pequeña de la sociedad que puede reducir sus demandas al Estado, principalmente en grandes campos como el de la salud y la educación, y detesta que le cobren impuestos para sostener esos servicios. Pero en esa porción están incluidos también los que exigen más presencia policial, mejor cuidado de las fronteras, una fuerza aérea que controle los cielos y una marina que evite la depredación ictícola. Ellos necesitan, asimismo, que alguna entidad libre de intereses particulares le garantice la seguridad de los alimentos que consume, otra que sepa exactamente cuánto es un metro o un kilo y verifique que las reglas y las balanzas de los comerciantes midan esas magnitudes con precisión; necesitan también que la sociedad, a través de sus instituciones, se ocupe de enfermedades que no motivan al sector privado por no ser rentables, como el mal de chagas, que afecta a muchísimos habitantes de una porción creciente -por efectos del calentamiento global- del territorio nacional. También precisan asistencia del Estado Argentino cuando, en el exterior, quedan desamparados y buscan la solución en las embajadas y consulados de su patria.

Dejando aparte a los anarquistas, que abogan por la desaparición total del Estado, la sociedad necesita y reclama su existencia. Es lamentable, entonces, que se elija para calificar al empleado público el estereotipo del burócrata desaprensivo en cuyas manos caemos con cierta frecuencia.

Más allá de ese personaje -que juzgamos además bajo una situación de mal ánimo- existen servidores públicos abnegados, que trabajan muy duro en beneficio de la comunidad, y frecuentemente con salarios muy mezquinos.

Debiera tenerlo en cuenta el diputado del PRO Eduardo Amadeo, que calificó despectivamente a los empleados estatales, olvidando que fueron los trabajadores del hospital público Eva Perón de Granadero Baigorria quienes le salvaron la vida cuando sufrió un paro respiratorio. En esos momentos, su familia comunicó que "permanece en terapia intensiva, sedado, intubado, bajo un cuidado humano y profesional altísimo”.

La sociedad argentina se hizo cargo de los gastos que demandaron su asistencia, y también se hace cargo de su dieta de legislador. No vendría mal que el parlamentario reconozca la injusticia de sus declaraciones, si es un hombre de bien.

Te puede interesar