LAGARDE AL TIMÓN; MACRI A LA CAMPAÑA

EDITORIAL Por
¿El Fondo confía en la Argentina, o es el Presidente quien confía en el Fondo, y se despreocupa, para lanzarse al objetivo de conseguir un nuevo período en el Sillón de Rivadavia?
LAGARDE

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N   

Una semana de calma en la cotización del dólar, que sin embargo requirió fuertes medidas de la autoridad monetaria, renovó las esperanzas del presidente de capear lo que él mismo denominó primero como “turbulencias” y luego directamente “tormenta”.

Y ese logro, que escasamente -si algo- aporta a la solución de los problemas reales de gran parte de una sociedad que se está hundiendo en la pobreza y la indigencia, le permitió al presidente asumir que podría lanzarse con éxito a buscar su reelección al frente del ejecutivo en el año próximo. Con tan poco emitió opiniones públicas, en ese sentido, desde los Estados Unidos, donde se encuentra por la Asamblea de las Naciones Unidas, sin afectarse, al parecer, por la renuncia de Luis “Toto” Caputo.

Ustedes -hubieran dicho los brasileños, donde es popular el chascarrillo- lograron estabilizar el dólar. Pero la estabilización es poca. Y no alcanza.

La tranquilidad ciertamente fue efímera. En medio del masivo paro general de ayer martes, la ciudadanía argentina experimentó un sacudón más que importante en lo que hace a la economía, con la renuncia del presidente del Banco Central, intempestiva y en el momento menos propicio para remover el avispero.

Por cierto que la respuesta de los mercados no tardó en manifestarse, con un nuevo salto del valor de la divisa, que finalmente cerró apenas por debajo de la inquietante marca de los cuarenta pesos por unidad.

La sorpresa inicial se fue atenuando con los datos que surgieron posteriormente, armando el rompecabezas: Caputo tenía fuertes diferencias tanto con el Ministro de Hacienda Dujovne como con la cabeza del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, y sus funcionarios.

La escalada del dólar de los meses pasados, y su consecuencia inflacionaria, causaron que el gobierno perdiera adhesión a su desempeño en tal medida que la continuidad de Mauricio Macri al frente de la administración había quedado prácticamente descartada.

La herramienta preferida de Caputo desde la autoridad monetaria -en realidad casi la única disponible- era la intervención en los mercados, vendiendo reservas y elevando las tasas de interés. De ese modo, el Central se desprendió de alrededor de catorce o quince mil millones de dólares de reservas, los que fueron a parar a aquellos que los extraen de la economía.

El FMI no ve con buenos ojos esas fugas, porque la institución presta dinero nada más que para que el país tenga con qué afrontar los compromisos de la deuda externa, evitándole caer en un default que patee todo el tablero. No lo hace a fin de favorecer la quema de reservas en el altar del mercado, y menos si eso implica cometer las torpezas que se evidenciaron en las intervenciones, que hicieron desaparecer las divisas sin obtener nada positivo en cambio, sino una situación límite en cuanto a la inflación, la ruptura de la cadena de pagos, la destrucción del sistema de precios y otras lindezas.

El Fondo prefiere que la cotización del dólar no sea manipulada, sino que se lo deje flotar libremente, hasta donde el mercado quiera llevarlo. La incidencia que esto tenga en la vida de los argentinos no es materia de su interés.

Entonces, el desembarco del nuevo presidente del BCRA, Guido Sandleris, secuaz del Ministro Dujovne viene a otorgar mayor cohesión a los conductores de la economía y las finanzas estatales.

Lo curioso del caso, vale consignarlo, es que uno de los pilares de la filosofía neoliberal es la independencia del Banco Central. Recordemos las terribles críticas del establishment -y del protagonista mismo- contra el desplazamiento de Martín Redrado, quien ocupara el sillón de la entidad de Reconquista 266, hasta fin de enero de 2010.

Cabe mencionar que el fondo de la cuestión, en ese momento del segundo período de gobierno de Cristina Fernández, era si la conducción de la política monetaria debía ser independiente de las disposiciones de las autoridades económicas, o ambas funciones debían estar a cargo de un equipo coherente, con una filosofía homogénea. Así lo prefería el kirchnerismo, y los mismos que ahora lo aceptan y lo valoran en función de las exigencias del Fondo eran sus principales críticos.

¿Qué puede esperarse de ahora en adelante? Todavía la nueva autoridad del Central no especificó exactamente el esquema que impondrá el Fondo para el control -o descontrol- del precio de la divisa. El establecimiendo de una nueva “tablita” de devaluación (no les gusta darle ese nombre, aunque lo sea), moviéndose dentro de una franja aceptable según su criterio, podría dar lugar al ingreso de nuevos fondos financieros que aprovechen las altísimas tasas en pesos para hacer una diferencia. De ser así, se registrará ingreso de dólares para esa bicicleta, y la mayor oferta servirá a la vez para contener el precio.

Naturalmente, la bicicleta financiera termina con la toma de ganancias en un momento apropiado, y la generación de una nueva crisis monetaria. La otra opción -flotación totalmente libre de la divisa- restringirá el ingreso a la bicicleta y potenciando el riesgo de una crisis de magnitud y oportunidad indeterminados.

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