A MACRI NO LE INTERESA EL CONCEPTO DE PATRIA NI EL DE NACIÓN

EDITORIAL Por
Ni al Presidente ni a sus funcionarios parece importarles el concepto de Patria; ni tan siquiera el de Nación. Menos el de “pueblo”, que es más abarcativo y nacional que el de “gente”, que ellos prefieren.
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

Mientras los gobiernos kirchneristas llegaron a obligar a los exportadores de bienes, servicios y materias primas a liquidar sus operaciones en un plazo de 30 días, Cambiemos siguió una ruta permisiva al respecto, elevando primero a cinco años el plazo para hacerlo, luego a diez años, y finalmente, a fines del año pasado, derogó totalmente las normas al respecto.

No es la primera vez en la historia que eso sucede. La medida generó críticas en los economistas no ortodoxos, porque en un país que crónicamente padece de escasez de divisas, tiene una fuerte deuda y deja importar sin restricciones, se deben reforzar las exportaciones y, obviamente, hacer que ingresen al Banco Central las divisas correspondientes. Pero no hubo una reacción a nivel de filosofía política.

Le toco a Etchevehere, días atrás darle tal carácter, y lo hizo -como es evidente por sus dichos- en forma contundente. Frente a ello, uno inquiere: ¿Cómo puede el Banco Central proveer los dólares necesarios para las importaciones, para el pago de la deuda y el mantenimiento del servicio exterior, entre otras necesidades, si las divisas no entran?

Es lícito que un ciudadano común se pregunte por el derecho del Estado a exigir que se concluyan las operaciones de comercio exterior y se ingrese la porción que corresponde al fisco. Esta cuestión no despertó interés sino en los medios especializados, aunque hoy se revela de importancia mayor.

Pero en el tema de las retenciones sí que la ciudadanía entera estuvo involucrada, sobre todo a partir de la famosa Resolución 125, que establecía retenciones móviles capaces de alcanzar porcentuales extraordinarios de este impuesto, y que motivó hace diez años el corte permanente de las rutas del país durante tres meses, por parte de los empresarios del agro.

Ley pareja no es rigurosa, dice el refrán, y la exigencia de liquidar las exportaciones es de validez general. En cambio, las retenciones afectan en forma diferencial a los exportadores: hay quienes las pagan y quienes no; más aún, están los que -en vez de pagar- reciben reintegros. Los primeros son los productores de bienes primarios. Los granos, fundamentalmente. Los segundos son quienes venden al exterior productos industriales.

Hay aquí una profunda grieta que viene de un pasado argentino que se va tornando remoto: se vive solamente del campo o se busca integrar al país, fortaleciendo a la industria sin pegarse al cliché de las “ventajas comparativas”, que le asignan a la Argentina el papel de proveedor de productos primarios y comprador de bienes industriales y de alta tecnología.

Los actuales conductores de la economía se enrolan en esta última corriente, a pesar de que Argentina cuenta con una reconocida capacidad industrial y científico técnica, que le permite construir centrales nucleares y satélites de comunicaciones. Ellos asumen que -entre otras cosas- por falta de escala de producción, nos conviene comprar antes que fabricar localmente, que nos sale más caro. Pero no es así, porque el mayor problema argentino es la falta de divisas. Si se puede hacer aquí no hay que dudar, porque pesos tenemos para pagar, pero dólares no.

Para el Ministro ahora degradado a Secretario, expresidente de la Sociedad Rural Agentina, la tierra es propiedad absoluta: “Con mi tierra hago lo que quiero, y con lo que ella produce también”.

Esa lógica implica que a “Juan sin Tierra” le da lo mismo que un campo sea parte del país o no. Entonces ¿Para qué dibujamos un mapa si no hay ninguna diferencia entre un sector que está dentro de las fronteras o fuera de ellas?¿Qué importa tener una bandera y otros elementos que simbolizan un pueblo con consustanciado con su territorio, sus ideales, su cultura?

Ni al Presidente ni a sus funcionarios parece importarles el concepto de Patria; ni tan siquiera el de Nación. Menos el de “pueblo”, que es más abarcativo y nacional que el de “gente”, que ellos prefieren.

Esta vez, el péndulo de Diamand parece haberse corrido hasta un extremo peligroso. Quienes valoramos al país estamos definitivamente en el otro extremo.

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