EL GOBIERNO UNIDIMENSIONAL

EDITORIAL Por
El gobierno de Cambiemos se mueve en un espacio de una sola dimensión. Una línea con dos direcciones: solamente puede acercarse a la medidas kirchneristas o alejarse de ellas
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N 

Argentina, con préstamo del Fondo o sin él, no puede hacer frente a los pagos de intereses comprometidos hasta 2019. Ni hablar de amortizaciones de capital. La balanza comercial es deficitaria: se importa más que lo que se exporta.

Entonces ¿de dónde sacar la plata? ¿Restringir la salida de capitales? Noooo, eso no. Nos vuelven a calificar como país de frontera y tenemos que olvidarnos de merecer el grado de país emergente. Y ya sabemos lo que piensan los funcionarios del Fondo: desregularización total! De otra manera, olvidarse de recibir las siguientes cuotas del préstamo.

¿Reimplantar el cepo (que no fue tal porque salvo montos que solamente manejan unos pocos individuos y empresas, todo el resto de la población podía comprar dólares)? Noooo, jamás, los dólares tienen que estar a disposición de cualquiera, en cualquier cantidad.

¿Importar menos, para que haya saldo positivo en la balanza comercial? Noooo, hay abrir totalmente la importación. El industrial que quede fuera de competencia que sea más productivo. Y si no puede, que se reconvierta en otra cosa.

¿Obligar a los exportadores a que liquiden sus operaciones en la Argentina y traigan esas divisas al país? Noooo, ellos son los dueños de la producción y pueden hacer con su plata y bienes lo que se les ocurra.

El ciudadano de a pie está peor, pero la economía está mostrando buenas señales, dijo Germán Fermo, un economista ultraliberal.

No entiendo por qué estamos tan mal, dice un jubilado en la fila del banco. Si este es un país muy rico: tenemos trigo, vacas, petróleo, litio, ríos, lagos, pesca. Cuando encuentro una persona así le digo dónde se origina la contradicción que él ve: el error está en usar la persona equivocada del verbo tener. Usted no tiene nada de eso; son otros los que tienen. Acuérdese de Don Atahualpa Yupanqui: las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas.

Hay que saber aprovechar lo que nos deja ver este fenomenal laboratorio experimental que es la Argentina.

Mucho se escucha de boca de sesudos economistas que el notable aumento de la producción de trigo se debe a la política de desgravación del cereal, al que se le quitó la carga impositiva que significan las retenciones. Como fuere, cualquiera podría decir que al país le va muy bien en este aspecto. Pero ¿debe alegrarse el ama de casa que va a la panadería y se encuentra con que el kilo de pan se vende a precios que van desde sesenta hasta cien pesos? ¿Le va bien a esa señora?

Uno puede pensar que al gobierno le va mal y otro que le va bien; es una cuestión de puntos de vista. Pero, qué quería Macri, cuando el viento se llevó los eslóganes de la pobreza cero y la inflación de un dígito?

Él quería que las empresas ganaran mucho más dinero del que estaban ganando, para cumplir dos objetivos: que la riqueza derramara hacia las clases más bajas y que promoviera la reinversion de utilidades.

Como es evidente, ninguno de estos dos movimientos se dio: A los remitos de utilidades de las empresas extranjeras (que manejan la mayor parte del comercio exterior y la producción de los sectores exportadores) se les abrió una tranquera que los tenía muy restringidos, y la respuesta fue una estampida. Segundo: el efecto derrame a esta altura de la concentración mundial de la riqueza es una utopía insostenible.

Hoy el objetivo del gobierno es cumplir con la promesa de déficit cero que le está haciendo al FMI para que éste le mande más dinero. “El déficit es malo”, “El déficit es el mayor problema que tiene la Argentina, y vamos camino a resolverlo”, dicen el presidente y sus funcionarios. “El déficit será todo lo malo que se quiera”, puede contestarles un ciudadano de pata al suelo, pero el hambre es mucho peor.

Y para paliar el hambre no se toma ninguna medida; sólo se anuncia que vendrán tiempos todavía más duros y que habrá que aguantarlos.

Macri consiguió su objetivo de bajar el salario, la única variable de ajuste de los costos que el gobierno toma en consideración. Con ese logro, pretende impulsar la inversión de quien -desde el extranjero- vendría con sus capitales.

Pero ¿estarán esos capitales destinados a crear nuevas unidades productivas? Ciertamente no, dado que la industria tiene entre un 40 y un 50% de capacidad ociosa. La devaluación ocurrida en estos días provoca que el precio de las empresas argentinas, en dólares, es muy bajo. Entonces se va a repetir lo ya vivido otras veces: los capitales van a venir a comprar empresas argentinas a precio de ocasión. Esto puede servir para que el Estado recaude algo de divisas, que prontamente seguirá el camino trazado para alimentar la fuga

Argentina puede tener superávit en la balanza comercial sin demasiado esfuerzo. Bastaría con dejar de importar productos superfluos. Después, sustituir importaciones por productos que se fabriquen en el país. Hay muchísimos. Y por encima de esto tapar los agujeros por los que se fugan las divisas.

El cuadro muestra cifras de la balanza comercial desde 1998 hasta la fecha.

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