La clave es quién financia el déficit financiero

ECONOMÍA Por
Máxima tensión sobre la economía
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Puede ser que los mercados y también el Gobierno se estén equivocando si creen que el factor determinante para estabilizar la economía va a provenir del déficit operativo que muestre el Tesoro. Si este déficit operativo de 2019 es 1,3% o es 0,5%, importa sólo a fin de asegurarse el financiamiento del FMI. Como magnitud no es relevante, si se tiene en cuenta que hay que afrontar 2,5% del PBI de pagos de intereses de la deuda pública y 4% de déficit cuasifiscal del BCRA. Vale decir que por pago de intereses del Tesoro y del BCRA puede proyectarse que hay que afrontar en 2019 un 6,5% del PBI, mientras se produce un gigantesco tironeo por solo el 0,8% del PBI de más recaudación y menor gasto público para ajustar el déficit operativo.

Así dadas las cosas, más allá de lo que se firme con el FMI, es dudoso e incierto cuál es el nivel del dólar que puede considerarse estable en el corto plazo en Argentina. ¿Pueden $40 dar vuelta la balanza comercial y la de servicios que muestran una tendencia fuertemente deficitaria aún hasta julio pasado? ¿Pueden $40 bastar a la banca extranjera para que vuelva a financiar a Argentina de manera que no caiga en default en los próximos dos años? Estas preguntas no tienen hoy una contestación por más que la tasa de devaluación de los últimos tiempos haya sido asombrosa. De una sola cosa se puede estar seguro: si Argentina se ve obligada a pagar solo con recursos del FMI los intereses y además el capital de su deuda que vence en los próximos años, no podrá hacerlo. De la misma manera que ningún país del mundo puede repagar el capital que vence de su deuda por períodos prolongados. La gran diferencia es que este Gobierno debiera haber advertido al asumir que el financiamiento voluntario a Argentina siempre fue, es y seguirá siendo muy escurridizo hasta el punto de resultar traicionero cuando lo hay. Siempre fue un enorme error basar la estabilidad económica en la entrada de capitales golondrina. Asumir esto le va a resultar necesario al Gobierno para no tropezar mil veces con la misma piedra y también para no creer que el documento que firme con el FMI va a resultar suficiente y determinante de lo que ocurra con Argentina. Hay que recordar que el meollo del asunto es que faltan dólares. Al sector público le faltan dólares para pagar su deuda y al sector privado le falta generar dólares de manera genuina más allá de los que produce el campo. Y generar dólares en forma genuina depende, entre otras cosas, de que haya un tipo de cambio competitivo para poder exportar. Los productos tradicionales del agro son competitivos incluso con niveles de tipo de cambio relativamente bajos. Pero el resto de los productos agropecuarios y la industria y los servicios argentinos necesitan un tipo de cambio mucho más generoso para que pueda provocarse la "lluvia de inversiones" que este Gobierno proclamó y tuvo en la forma de bola de nieve de inútiles y nocivos capitales golondrina.

Ahora habrá que vérselas con el león y sin armas. El FMI exige ajuste fiscal y este Gobierno se lo dará para asegurarse una parte, como hemos dicho, minoritaria del financiamiento necesario no para crecer sino solo para pagar lo debido en los próximos años. Todo dependerá entonces del financiamiento voluntario que se logre atraer en los próximos años. En tal sentido, las perspectivas de crecimiento no son nada halagüeñas para 2019 aún cuando no haya sequía y la cosecha de granos sea abundante. ¿Por qué?

Veamos: el año próximo se iniciará con un fuerte arrastre negativo en la cifra de crecimiento merced a que el nivel de actividad de este 2018 empeora trimestre tras trimestre, del primero al cuarto. No puede haber casi seguro una buena cifra de nivel de actividad en 2019 si se tiene en cuenta tanto ese factor como otras dos cuestiones adicionales: el ajuste en el déficit operativo del Tesoro que pretende el FMI y que no actúa sobre los intereses de la deuda fiscal y cuasifiscal sino sobre gastos reales e ingresos fiscales reales va a causar más y no menos recesión. Y en segundo lugar, la "rueda de auxilio" a la que con el nivel de dólar ya más alto se recurre: la exportación de bienes agropecuarios no tradicionales, industriales y de servicios tarda en regenerarse. Antes de invertir para exportar el empresario requiere un cierto tiempo duradero de tipo de cambio real alto. Es probable que en el mejor de los casos tengamos un 2019 discreto en cuanto a nivel de actividad y crecimiento. Muy difícilmente se supere un 2% de aumento en el PBI aún yendo todo viento en popa. Incluso ese guarismo parece muy lejano. Las cifras van a parecer las de una recesión, y probablemente, la tengamos también el año próximo además de 2018. El ajuste que se acordará con el FMI casi lo garantiza por sí solo. Es posible, lamentablemente que solo en ese momento ya avanzado 2019, el Gobierno y el FMI caigan en la cuenta, demasiado tarde, de que los mercados voluntarios de crédito, los potenciales prestamistas para que Argentina pueda pagar una deuda contraida al divino botón por este Gobierno, no suelen financiar países que están en recesión y crecen poco. Todo indica que ni siquiera se va a poder pronunciar la frase "tarde, pero seguro".

Fuente: Ámbito

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