¿RUMBO? ¿QUÉ RUMBO?

EDITORIAL Por
¿Dirección considerada o trazada en el plano del horizonte, y principalmente cualquiera de las comprendidas en la rosa náutica o agujero que se hace o se produce en el casco de la nave?
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

El dólar trepó hasta los 30 pesos, en tanto el riesgo país alcanzó 704 puntos. Esto da una relación de 23,33 puntos por peso. El cálculo es lo más disparatado que se me ocurrió. Es un chiste y no voy a seguir con él. Pero piense el lector que cualquier cosa que le digan desde el gobierno no es menos absurdo que el cociente que inventé.

En cambio, desde todo el arco opositor, en muchos casos no tan opositor y hasta complaciente en otros aspectos, hay bastante acuerdo: la ciega marcha por un rumbo que se sigue contra el viento y la marea que genera la tormenta con la que los dioses Eolo y Zeus castigan al capitán Macri no puede sino terminar en catástrofe.

“Juzguenme a partir de ahora” dijo el presidente Mauricio Macri a fines de septiembre de 2016. El período de nueve meses transcurrido desde la asunción del nuevo oficialismo había sido muy duro. A partir de un punto muy bajo, se podía pensar razonablemente que la situación comenzaría a mejorar. Y eso motivaba el optimismo del presidente.

Era razonable, y se cumplió. El 2017 registró un descenso de la inflación, que pasó de un número catastrófico a otro horrible. También se registró algún crecimiento económico, un pequeño avance salarial y algo menos de desocupación, aunque agregando fundamentalmente monotribustas, que poco y nada tienen que ver con empleo de calidad.

Por cierto que todo esto no permitió volver a los números de la economia del 2015, pero relajó un poco las tensiones. Y las huestes oficiales se permitiron seguir con el optimismo; aún más allá de lo razonable. Es que el esquema se sustentaba en divisas que se pedían prestadas, para pagar gastos corrientes del Estado sin emitir. Este sí que es un disparate total, pero muchos economistas ortodoxos lo aceptaron.

Fue explicado innúmeras veces, pero recordémoslo brevemente. Los gastos corrientes se pagan en pesos, y por esa razón es necesario que el gobierno le venda los dólares al Banco Central. Eso genera pesos en exceso en el mercado, lo que se considera inflacionario. Entonces se hace necesario sacar esos pesos de circulación. A quienes los tienen, el BCRA le ofrece letras en pesos, que eran -t todavía son, en parte- las famosas Lebac.

Para tentarlos, la tasa de interés de esas letras fue creciendo descontroladamente, hasta hoy. En cada vencimiento, las autoridades económicas temían que los depositantes olieran peligro y salieran a comprar dólares, lo que sería peligroso porque las reservas venían disminuyendo. Un bien escaso (dólares), sujeto a una fuerte demanda, no podía sino aumentar su precio. Y en una economía considerablemente dolarizada (tarifas, combustibles, porcentaje de partes e insumos importados en la industria) el resultado no podía ser otro que un desmadre de los precios, esto es, inflación.

Con un porcentaje de capacidad productiva utilizada sumamente bajo en la industria (perforó el piso del 60%), aliviar el bolsillo de los ciudadanos no debiera ser inflacionario. Por el contrario es de suponer que impulsaría la actividad fabril, que no necesita de inversiones extra para producir más. Pero el gobierno prefiere mantener el cepo al consumo como medio de evitar la inflación. Fracasa, porque la inflación que padecemos no es por exceso de la demanda sino por el aumento de los costos de los productores.

El viernes, las reservas bajaron nada menos que 649 millones de dólares, ubicándose en 56.870 millones. Recordemos que estas reservas no son todas genuina propiedad del Central, sino que aproximadamente la mitad son depósitos bancarios de los particulares.

La cotización de los bonos argentinos, así como los certificados de acciones de empresas instaladas en el país en la bolsa de Nueva York (ADRs) se desplomaron.

Las explicaciones que apelan a la guerra comercial entre las potencias, los dramas de Turquía y otras de ese tenor ya no convencen a nadie. A la capacidad del Central de maniobrar con el sistema bancario (variaciones en los encajes de ley, sugerencias o aprietes a los bancos para que procedan de acuerdo a lo que anhela el gobierno), le queda poco resto.

En tanto, la General Motors suspende 1.500 empleados por una semana cada mes, hasta noviembre en razón de la caída de las ventas, y muchas fábricas y comercios bajan sus cortinas. La clase media desciende de categoría. Hijos que vuelven a vivir con los padres, inquilinos que se quedan con los muebles en la calle. Todo indica que el barco del presidente no enfrenta a una tormenta sino a la realidad. ¿Deberá el presidente que prometió abatir la inflación y llegar a la pobreza cero cambiar nuevamente fecha a la partir de la cual su acción de gobierno debe ser juzgada?

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