Gloriagate vs. Riesgo-país: ¿Dónde va la Argentina?

MIRADAS Por
Tanto lo bueno como lo malo, se lo debemos al estilo y formas de Gobierno de Mauricio Macri y sus aliados de “Cambiemos”
hoy

Estamos pasando por semanas históricas. En medio de la mayor y más dura crisis cambiaria y de credibilidad internacional que ha vivido la Argentina, que se refleja en un riesgo-país que volvió a los niveles previos a la salida del default, pese a contar con un plan de asistencia del Fondo Monetario Internacional; vimos sentenciar judicialmente, primera vez, a un vicepresidente de la Nación, se desnudó el entramado de corrupción tantas veces denunciado durante el kirchnerismo; y presenciamos y protagonizamos un intenso debate sobre la despenalización del aborto que, no importa quién se sienta ganador o perdedor, demuestra que la sociedad argentina puede discutir temas claves para una sociedad moderna, dividirnos agonalmente y que todo se resuelva dentro del marco institucional correspondiente.

 
En ese sentido, tanto lo bueno como lo malo, se lo debemos al estilo y formas de Gobierno de Mauricio Macri y sus aliados de “Cambiemos”.

Gloriagate

Después de dos intensas semanas de iniciado el “Gloriagate”, queda claro que esta investigación recién está entrando en su fase más intensa. Apenas estamos en la etapa de Instrucción y aún no han declarado todos los empresarios que van a caer ni los ex funcionarios que deberán explicar su situación personal.

Por eso, no hay dudas en Comodoro Py, que la lista de “arrepentidos” se engrosará mucho con el paso de las semanas.

Después de una primera semana en que los empresarios “arrepentidos”afirmaron que los fondos que entregaban eran para campañas electoral, una típica maniobra de las defensas para dejar a los declarantes envueltos en simples delitos electorales, en vez de penales; el ex presidente de la Cámara Argentina de la Construcción y titular de Esuco, Carlos Wagner, expuso lo que muchos denunciamos hace más de 10 años: Que durante el kirchnerismo se estableció un sistema de “retornos” que se financiaba con sobreprecios sobre las licitaciones de obras públicas que se adjudicaban a empresa que estaban cartelizadas, que se armó e ejecutó en el Ministerio de Planificación, conducido por Julio de Vido.

Gracias a Carlos Wagner, del simple terreno del delito electoral pasamos a toda una gama de cargos que van desde lavado de dinero, falsificación de documentos públicos, cartelización en el precio de las obras públicas, evasión fiscal y estafa, en el caso de las constructoras que tienen bonos de deuda o acciones cotizantes; lo que asegura que los empresarios que formen parte de esta causa, estarán varios años dando explicaciones en tribunales, en organismos reguladores, en asambleas accionarias y hasta en cortes internacionales; y sus empresas quedarán tan debilitadas que su continuidad en el mundo de los negocios estará seriamente comprometida.

Los datos aportados por Luis Betnaza, el lobbysta “estrella” del Grupo Techint, no sólo extendieron los pedidos de “coimas” a licitaciones de obras públicas o a supuestos “aportes para la campaña electoral”, sino también, a negocios que hicieron empresas argentinas en el exterior, amparados por los funcionarios kirchneristas. Es otra faceta de la investigación, que recién asoma en la causa. Es otro escándalo por estallar.

Y acá se plantea una pregunta: Si en el Ministerio de Planificación se estableció un sistema de cobro de “coimas” y cartelización de sobreprecios de la obra pública durante el kirchnerismo con las constructoras, ¿habrá ocurrido lo mismo con las concesionarias de las autopistas, terminales aéreas y puertos; las transportistas y distribuidoras de gas, las generadoras, transmisoras y distribuidoras de energía eléctrica; con las petroleras y las gasíferas?

¿Veremos pasar estos cientos de empresas, sus dueños, sus máximos directivos y sus socios extranjeros, declarando por el Juzgado de Claudio Bonadío las próximas semanas o meses?

 Las empresas implicadas hasta ahora en el “Gloriagate” fueron responsables de unos US$ 30.000M de obras públicas realizadas durante el kirchnerismo, pero durante los 3 Gobiernos del matrimonio Kirchner, el Ministerio de Planificación realizó licitaciones y obras por algo más de US$ 100.000M, estamos hablando de actos de corrupción cercanos a US$ 10.000M.

En vista de lo mencionado hasta ahora en la causa, apenas si se roza una centésima parte del monto probable de haber sido pagado a los ex funcionarios kirchnerista durante 12 años. La consecuencia es clara: Todavía no se comenzó a seguir la ruta del dinero.

> ¿De dónde la sacaron los empresarios los fondos para “coimas” y “aportes de campaña”?

> ¿Qué se hizo con esos fondos una vez entregados a los funcionarios kirchneristas?

Ocultar US$ 10.000M no es sencillo, pero hasta ahora, poco o nada se ha visto del dinero resultado de la corrupción dando vueltas por el sistema financiero local o internacional.

La semana que pasó, por primera vez en más de 12 años de investigación de miles de denuncias de sospechas de corrupción durante el kirchnerismo, aparecen fisuras en la barrera de negación que montaron los ex funcionarios durante todo este tiempo:

> el ex Jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina (h), 
> el ex subSecretario de Obras Públicas, Hugo Manuel Rodríguez; y 
> el ex secretario de Obras Públicas, José López, en otra causa;

confirmaron que había recaudación de fondos no legales entre las empresas contratistas y que, en algunos casos, se destinaban los “rangos” superiores del mando kirchnerista.

 Una vez que los decenas de empresarios, banqueros, ex funcionarios, responsables de organismo reguladores y contralores y peritos diversos terminen de declarar, algo que puede demorar varios meses; cuando la causa pierda el estado de secreto de sumario o, por pedido de la Fiscalía Federal de Carlos Stornelli o del juez federal Claudio Bonadio, será el turno de intervenir de la Oficina Anticorrupción, la AFIP, la Unidad de Inteligencia Financiera, la SIGEN, la Auditoría General de la Nación, la Comisión Nacional de Valores y otros Juzgados Federales, esto sin contar organismo reguladores internacionales como Securities & Exchange Commission de los Estados Unidos, además de juzgados externos donde algunas de las empresas del “Gloriagate” son mencionada, como ocurre con el Grupo Techint, por el Caso “Lava Jato” y las sospechas de actos de corrupción que se investigan en Italia.

Estamos frente a una causa que dará origen a una docena de investigaciones y expedientes judiciales más, nunca llegará a las 52 fases que lleva el “Lava Jato”, nunca veremos los 2.476 allanamientos que se realizaron en Brasil, quizás jamás se dicten las 115 prisiones preventivas, 121 detenciones temporarias, 175 acuerdos de delación premiada, 204 condenas para 134 personas o se ordenen multas por US$10; pero lo que seguro veremos será una virtual destrucción de una parte de la clase política y empresarial argentina, que obligará a un recambio generacional forzoso, pero necesario para salir del fangal donde estamos.

En este marco, las penosas declaraciones del Foro de Convergencia y del titular de la Unión Industrial Argentina; Miguel Acevedo, no sorprenden. Mucho más digno fueron los silencios de la Cámara Argentina de la Construcción, del G6 o de la virtualmente desaparecida Asociación Empresaria Argentina. Como era de esperar, todos comenzaron por negar las acusaciones. En pocas semanas, esas mismas instituciones celebrarán que se descubran a los culpables de los hechos de corrupción y que esta caterva de empresarios siempre considerará fruto de la excepcionalidad.

Sin embargo, de allí la importancia de la confirmación que se produjo en el Juzgado de Claudio Bonadío, de que hubo una “matriz delincuencial” de la cual que nadie podrá negar participación, pero sí que no fue descubierto.

 Una parte del empresariado, temeroso que el “Glorigate” toque la puerta de su casa o de su empresa, han comenzado a agitar el fantasma de los efectos económicos, financiero y político que tuvo el “Lava Jato” en Brasil (pérdida de 450 puntos básicos de crecimiento de PBI en 2 años, eliminación de 3 millones de puestos de trabajo en la construcción, la caída del Gobierno de Dilma Rousseff, la prisión de Inacio Lula da Silva, la debilidad institucional de la Administración de Michel Temer y una clase política y empresarial arrasas).

Sin embargo, la democracia argentina, con sus 30% de pobres y su creciente pérdida de confianza internacional no se puede dar el lujo de frenar el “Gloriagate” porque el riesgo-país se coloque en niveles previos a la salida del default. Sacar el pus produce fiebre.

En pocas palabras, si la Argentina debe enfrentar 2 o 3 años de recesión para develar, desarmar y eliminar un mecanismo de corrupción que fue creciendo en los últimos 40 años en el seno del Estado Nacional, habrá que pagar el costo de tal proceso. Brasil lo pagó y, ahora, intenta salir del entramado político que implicó haber caído en manos del PT durante 12 años, lo que en la Argentina podría reflejarse en un derrumbe del kirchnerismo, como supuesta rama ideológica dominante en la interna peronista.

Que quede claro: El “Gloriagate” no hará desaparecer el kirchnerismo ni el peronismo en la Argentina. Sin embargo, al kirchnerismo perderá gran parte de su “relato”, su “mística” y su imagen; mientras que el peronismo podrá proceder a un necesario recambio generacional, lo que no implica que surja un peronismo de mejor calidad humana, ideológica o institucional.

Poco pudo disfrutar el Gobierno de Mauricio Macri ver el mayor ataque a la credibilidad que todavía tiene 25%/30% de la sociedad argentina negadora de la corrupción durante el kirchnerismo. Una mezcla de factores externos e internos, aún no queda claro que porcentaje de cada uno, hicieron que el derrumbe de bonos soberanos y acciones cotizantes en los Estados Unidos impidiera observar los inmensos cambios que llevan adelante Luis Caputo y Gustavo Cañonero en el Banco Central.

 Desde la creación de un Comité de Política Monetaria que limpió de un plumazo a medio Directorio del Banco Central, dado que no formarán parte de la nueva estructura de decisión; hasta el cambio de tasa de referencia de las Lebacs a las Leliq, que abre la puerta a una más acelerada baja del costo del crédito, pasando por el plan para recomprar las Lebacs que no estén en manos de los bancos; todo fue arrasado por un Riesgo País que superó los 700 puntos básicos.

Es una lástima. Mientras la Casa Rosada, la Jefatura de Gabinete y el Ministerio de Hacienda hacen poco y nada para bajar realmente el déficit fiscal (o siguen en eternas negociaciones para hacer el “ajuste” recién el año que viene), la conducción del Banco Central avanza a pasos agigantados a resolver o despejar todos los temas que se cuestionan desde el exterior y a nivel local, con el fin de ofrecer elementos reales para que vuelva la confianza de los inversores hacia la Argentina.

Por ahora, sólo Luis Caputo y Gustavo Cañonero tienen conciencia que ya se fueron hacia el exterior, el sistema financiero o fuera del sistema, US$ 6.400M de la primera tanda de dinero que prestó el Fondo Monetario Internacional. Sin duda, una sangría que es efecto de la falta de confianza que existe hoy sobre la pericia del macrismo para gobernar y para retener el poder en las próximas elecciones. Pero de todo esto, en la Casa Rosada o el Palacio de Hacienda, se hacen los distraídos o no le dan importancia.

No es casual que la imagen de gestión del Gobierno de Mauricio Macri siga bajando, lo mismo que la imagen de los principales referentes del macrismo y de “Cambiemos”. Pero como nadie en la oposición capitaliza este enojo creciente y la imagen positiva de los dirigentes macristas es mayor que la de los opositores, la Casa Rosada sigue imaginando una elección que termina con la reelección y cuatro años más en el poder.

El “Gloriagate” está teniendo efecto sobre todo la clase política. Aún es temprano para saber el resultado final, más cuando no se sabe cuánto durará este proceso judicial. Por eso, montar una estrategia electoral a un año basada en datos actuales no sólo es riesgo, hasta puede ser calificado de “suicida”, dado que puede costar, nada más y nada menos, que la Presidencia de la Nación o el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires.

Dos párrafos finales sobre la despenalización del aborto. Los estrategas políticos de Mauricio Macri consideraron que era necesario tensar la relación con el Vaticano con el fin de acercarse al Vaticano, dando por descontado que el proyecto de Ley aprobado en Diputados no iba a pasar el Senado, puede ser uno de los errores de gestión más costosos.

Ahora, se promete para el 21 de Agosto volver a introducir el tema dentro de la reforma del Código Penal, sin tener en cuenta que “La Grieta” es enorme y ninguna de las dos partes le agradece nada al Gobierno ni a Mauricio Macri. Polarizaron, no ganaron nada, dividieron profundamente al macrismo y siguen tan lejos del Vaticano y de Francisco como hace 6 meses.

Si así van a planificar la campaña electoral, es hora de que cambien de asesores. “Cambiemos” necesita no llegar al balotaje y ganarle a dos o más peronismos por más de 10 puntos porcentuales de los votos. Eso, con el “Gloriagate” y la despenalización del aborto, no se consigue.

Urgente24

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