La vida de Jesicca Long: de ser abandonada por una discapacidad a una de las atletas más ganadoras

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Jess, como suelen llamarla sus íntimos, se convirtió en la atleta paralímpica más joven de los Estados Unidos.
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Jessica Long tenía apenas 12 años cuando obtuvo su primera medalla dorada en natación, en los Juegos Paralímpicos de Atenas 2004.

Nació el 29 de febrero de 1992 en Bratsk, Rusia, con hemimelia peroneal, que es la falta de estructura ósea en sus piernas y sin la mayoría de los huesos en los pies.

Por entonces, su madre biológica Natalya, sintió que no iba a poder con su crianza y los avatares que iba a presentarle esta discapacidad y decidió llevarla a un orfanato, en Siberia, para que alguien la adopte, entre los 200 chicos que vivían ahí.

A trece meses de su llegada a este hogar, fue adoptada por Beth y Steve Long, un matrimonio católico de Baltimore, y los tres partieron rumbo a Estados Unidos, donde aguardaban otros dos hijos de la pareja, que se había propuesto adoptar a un niño que tuviese menos posibilidades de ser elegidos por alguna familia. Aunque el primer encuentro fue impactante para ellos: cuando la conocieron en el orfanato, le estaban haciendo las curaciones en las piernas. En ese mismo momento supieron que los cuidados iban a ser intensos y costosos, pero nada impidió que fuese adoptada.

Ya instalados en el país norteamericano, Jessica fue operada: le amputaron las piernas y le colocaron prótesis, que le permitieron poco tiempo después comenzar a caminar. Nadie iba a imaginar el futuro próspero que le esperaba a esta pequeña, quien creció en el seno de una familia religiosa y dice haber encontró en Dios la fuerza necesaria para seguir adelante, a pesar de la discapacidad que la afectaba.

En su niñez practicó muchos deportes adaptados: gimnasia artística, patinaje sobre hielo, ciclismo, trampolín en pileta, escalada en roca y su sueño era convertirse en una deportista paralímpica.

Jess, como suelen llamarla sus íntimos, se convirtió en la atleta paralímpica más joven de los Estados Unidos, participando en los Juegos Paralímpicos de Atenas 2004 por primera vez, y en la segunda atleta paralímpica con mayor cantidad de medallas, con 23 presas. Recientemente ha publicado el libro “Insumergible” (Unsinkable, en inglés), junto a su hermana Hanna.

“Para mí, Hannah siempre ha sido como mi terapeuta. Ella es la hermanita que toma todas mis emociones y siempre está allí para escuchar. Quería que la gente escuchara pensamientos, emociones y sentimientos y ella era la mejor persona para hacer eso”, asegura la nadadora, quien tiene como ejemplo a seguir (y héroe) a su par Erin Popovich. “Ella lo tenía todo. La recuerdo siempre a Po, como la llamamos, sonriendo dentro y fuera de la piscina y batiendo récords mundiales”, cuenta.

En su libro hay un capítulo aparte para el reencuentro con su familia Rusia: es que mientras ella estaba participando en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012, sus logros deportivos iban a llevar a los medios del mundo a investigar sobre su vida privada, hasta llegar a su verdadera mamá. A poco más de 20 años de su partida rumbo a los Estados Unidos con su familia adoptiva, Jessica se reencuentra con su madre, su padre y sus tres hermanos. La propia nadadora iba a subir una foto a su cuenta de Twitter.

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