Arrepentirse para salvar la apuesta

OPINIÓN Por
El escándalo de las coimas por la obra pública que se destapó la semana pasado ha generado mucha expectativa por ser el primero en el que los empresarios podrán utilizar la figura del “arrepentido”
hoy

Los debates judiciales suelen no ser muy interesantes para el vulgo. Todos los argumentos jurídicos con los que los letrados intentan salvar a sus defendidos no logran despertar la pasión de los ocasionales consumidores de noticias, aquellos que sólo tocan de oído lo que manda en la agenda.

Sin embargo, hay ciertos elementos que deben ser refrescados en aquellos que creen que en Argentina hay jueces con togas y pelucas (en su acepción real, sin lunfardo), que deben responder a la voluntad de un jurado que delibera en una sala para caer con todo sobre los acusados.

El escándalo de las coimas por la obra pública que se destapó la semana pasado ha generado mucha expectativa por ser el primero en el que los empresarios podrán utilizar la figura del “arrepentido” para obtener un trato favorable respecto a la condena que puedan recibir. Dicho elemento se convierte en un incentivo maravilloso para lograr la cooperación.

Es con esta figura que se espera obtener resultados similares a los del Mani Pulite italiano o el Lava Jato brasilero, en los que se logró exponer densas tramas de corrupción que unían a los empresarios inescrupulosos con los políticos corruptos. Aunque en el tiempo los responsables hayan recibido sanciones relativamente leves, el verdadero aporte de ambos casos fue independizar a la justicia y exponer a los políticos a un control institucional más riguroso.

Aunque todavía no se cumplió ni siquiera una semana desde la irrupción del tema, ya hay varios empresarios que han decidido colaborar con la justicia. El reconocimiento de autoría de los cuadernos por parte del chofer de Baratta abrió la puerta a un número creciente de empresarios dispuestos a colaborar.

Quizás llamarle colaboración a la delación premiada sea una forma elegante de decir que esto se empieza a tratar de una competencia de deslealtades, en la que gana aquel que brinda la mejor información, con el mejor respaldo y en el menor tiempo posible. Iniciativa privada, tal como pregona el capitalismo.

Cuando el presidente se refirió al tema dijo que se debía investigar a fondo, cayendo los que tengan que caer. Casualmente entre los mencionados están su padre, Franco, y su primo, Angelo Calcaterra. De conocido pedigree presupuestófago, el patriarca del clan Macri deberá enfrentar a la justicia una vez más, aunque esta vez con el agregado de ser el padre del Jefe de Estado.

Por esa tiranía del reloj, ya no estaremos a tiempo de ver a Macri padre tras las rejas. Aún siendo condenado la edad le daría el beneficio de cumplir la pena encerrado en alguna de sus mansiones. Aunque la locación ayude, cumplir domiciliaria es algo que el dinero no puede comprar.

Seguramente la imagen de un familiar presidencial declarando sea algo que buscan los medios que quieren generar impacto mediático. Es ahí donde se inscribe la relevancia de ver a Calcaterra concurriendo a la justicia, aportando un testimonio que le permitirá a esta causa seguir viva, contrariamente a los habituales desplantes de la familia Kirchner, que no asistían o declaraban por escrito.

Por otro lado, no es poca cosa pensar en la colaboración de los empresarios, que igualmente no deben ser eximidos de sus responsabilidades. La ley del arrepentido no significa que sólo habrá un tirón de orejas, como si no hubiese pasado nada. Pero es una cesión necesaria, porque un poco de justicia es mejor que nada de justicia.

Pese a ello, la defensa de los implicados es risible. Nadie les puede creer que los extorsionaban para pagar, ni siquiera bajo el argumento humanitario de que miles de familias dependían de ellos. Se habla de empresarios con espaldas anchas para aguantar presiones, no de cuentapropistas que empujan un carro de praliné en el centro.

A muchos de estos empresarios inescrupulosos les gusta justificar su accionar en la idea de que para ganar en grande hay que apostar en grande. Esta vez parece que en aquella apuesta que hicieron para negociar con el kirchnerismo, la última vuelta de la ruleta terminará determinando que a algunos, finalmente, no los acompañó la suerte.

Fuente: Alfil Diario

Te puede interesar