LAURA MUÑOZ, EX ESPOSA DE ALEJANDRO VANDENBROELE: "OJALÁ AHORA LOS POLITICOS SE DEN CUENTA QUE SI ROBASTE, TERMINAS COMO BOUDOU"

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Laura Muñoz (43 años) es una conocida profesora de gimnasia en Chacras de Coria, un pueblo de casas residenciales en Luján de Cuyo, al pie de la cordillera de los Andes.
LAURA MUÑOZ

La primera vez que fuimos a su casa en Mendoza, a principios de 2012, parecía un lugar abandonado. Un frente sombrío, con árboles añejos y desmejorados, ventanas cerradas y un perro guardián de color canela merodeando la entrada. En el portal asomó una mujer misteriosa, que nos recibía con voz suave y temblorosa. Su relato era de angustia. La denuncia golpeaba al entonces vicepresidente de Cristina Kirchner, Amado Boudou. Este martes por la tarde, seis años después, volvimos a visitarla. Su casa con aroma a sahumerio luce luminosa, cálida, mientras su nena de 10 años, hija en común con Alejandro Vandenbroele, corre a recibirnos. Laura está radiante, serena y por fin sonríe. “Ahora la Justicia pudo actuar con mucha libertad, se le quitó un poco la mordaza”, reflexiona sobre la condena a Boudou y sus cómplices en la causa Ciccone.

Su hogar de Mendoza fue allanado dos veces por la investigación a su marido, denunciado como testaferro del ex vicepresidente y su amigo José María Nuñez Carmona. Pasaron más de 7 años desde que Laura comenzó a denunciar la corrupción, en octubre de 2009. Una primera causa que fue desoída por la Justicia y luego la nota con el periodista Nicolás Wiñazki que dio impulso a la investigación que terminó en prisión para Boudou.

La denunciante central de esta trama, vuelve a sonreír: “Pude aflojarme después de todos estos años de infierno. Me siento aliviada. Mi primer agradecimiento es al periodismo independiente que se la jugó por mí y me acompañaron”, dice Muñoz, mientras ceba un mate. Y revela qué sintió en el momento de la lectura de la sentencia a Boudou, que siguió por TV. Estaba en el comedor de su casa en Mendoza, junto a sus hijos mayores, Felipe (21) y Luciano (18), ambos de su primer matrimonio. “Lloraba sin parar y ellos me abrazaban. Toda su infancia y adolescencia estuvo atravesada por esta causa”, dice Laura, que otra vez llora.

Con Alejandro Vandenbroele, condenado a 2 años de prisión en suspenso, tuvo a Pauline (10), una rubia simpática que le gustan las caminatas a la montaña y los paseos en bici. “La nena pudo saludar a su papá hoy. Hablaron por teléfono, fue un día importante”, reseña su mamá. Muñoz dice que le insistió mucho a su ex marido, por mensajes escritos, porque no se hablan, para que accediera al beneficio legal del imputado arrepentido. Así lo hizo Vandenbroele. “Le insistí por mi hija y para poder demostrarle que uno puede cometer errores y arrepentirse. Nunca es tarde para decir la verdad”, asegura y celebra que para los ojos de su hija “su papá pudo reconocer su equivocación” y, ese acto, lo salvó de ir preso.

Vuelve al relato de los días en que decidió romper un círculo de complicidad y advertirle a su marido que no iba a cambiar su vida por dinero sucio. Fue desde octubre de 2009 hasta marzo de 2010 cuando se terminaron de separar. “El comenzaba a cambiar de rutina. Trabajaba con España y quería que nos mudáramos a un country en Buenos Aires porque tenía un nuevo emprendimiento. Ahí empecé a tratar de sacarle por qué nos teníamos que mudar tan rápido y cambiar nuestro proyecto de vida. Y fue muy en cuenta gota que el me empezó a contar el negociado que estaba armando para Formosa con Nuñez Carmona”, recuerda. Esa causa es, tal vez, la más inmoral para Muñoz: “cómo podían robarse la plata que podría darle de comer a tantos chicos pobres del norte argentino”.

Entonces volvió a reafirmar sus principios frente a su pareja y decirle que no iba a seguir su rumbo: “El optó por esa vida llena de mafia y dinero sucio”, dice. Con dolor confiesa, que fue difícil aceptar que Vandenbroele elegía “el poder del dinero en vez de una vida con su hija y su mujer”. Pero ahora Laura sonríe, está segura que mañana se levantará en un país distinto: “Ojalá esta condena sea un cambio de paradigma y los políticos crean que ahora la Justicia te investiga y si robaste, terminas como Boudou”.

No guarda rencor: “Dijeron que tenía problemas psiquiátricos, quisieron sacarme a mis hijos y no pudieron. Yo quería ver a mis hijos crecer y demostrarle con el ejemplo que no hay que mentir y decir la verdad”, dice la denunciante. Y reafirma: “No fui cómplice, ni me quedé con una casa manchada de corrupción”.

Fuente: www.totalnews.com.ar

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