Ricardo Coler: “Si el aborto hubiera sido legal, mi hermana estaría viva”

CIUDADANOS Por
El escritor y médico, autor de "El reino de las mujeres" y "A corazón abierto", cuenta por primera vez una dolorosa historia personal. Viviana tenía 19 años y era estudiante de medicina
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Era sábado, recuerda: la memoria del dolor siempre parece volver con fecha y día de semana. Ricardo Coler tenía 15 años y se estaba yendo a jugar a la pelota con los amigos. Le faltaba un bolso. Su hermana Viviana, de 19 y estudiante de medicina, tenía uno. Fue a su cuarto, a pedírselo. Era sábado a la tarde, recuerda, cuando abrió la puerta de su cuarto y la vio. En realidad, es como si aún la estuviera viendo, porque Coler, médico, escritor y durante varios años director de la recordada revista La mujer de mi vida, conjuga en presente mientras le pone imágenes a ese recuerdo. "Entro y la veo a mi hermana que está tirada en la cama, como apretándose el vientre, pálida, con ojeras, y me pide un vaso de agua. Esa fue la última vez que la vi".

La hermana de Coler murió en menos de 24 horas, a consecuencia del síndrome de Mondor, una complicación gravísima que puede sobrevenir a un aborto hecho en malas condiciones. En la familia enmascararon el episodio y nunca se habló del tema: del aborto no se hablaba. Coler confirmó el verdadero motivo de la muerte de Viviana muchos años después, cuando ya era adulto, cuando él mismo ya era médico. Durante años escribió libros en los que el tema de la mujer y de lo femenino era clave. El año pasado escribió su primera ficción, A corazón abierto, en la cual el aborto tiene una fuerte presencia.

En entrevista con Infobae Cultura, el médico y escritor habla de sus libros, de la reedición de su clásico El reino de las mujeres (Planeta), y por primera vez cuenta cómo fue aquel momento doloroso que partió su vida al medio y la cambió para siempre. Sobre el final de esta nota, el video completo de la entrevista.

— Acaba de ser reeditado tu libro El reino de las mujeres. ¿Es, tal vez, tu libro más conocido, no?


— Sí, puede ser que sea el más conocido. Es un libro que se publicó en muchos países, desde Corea, Turquía, Francia, España, Italia, en Estados Unidos, porque evidentemente no hay mucho material sobre esto. Y cuenta mi propia experiencia viviendo en una sociedad donde realmente mandan las mujeres. Yo he visitado muchas sociedades matriarcales, escribo específicamente sobre una que es la más pura de todas, la que más me llamó la atención. Pero hay otra sociedad que son los Khasi y los Jaintia, que son casi 2 millones de personas, y que viven en la India, en la zona Noroeste de la India, en donde las mujeres tienen todas las garantías, o sea heredan las mujeres, el apellido que usan es el apellido de la madre, se elige el lugar que la mujer quiere vivir. Pero cuando vos entrás a un lugar y tratás de hablar con una mujer, siempre te contesta un hombre. Entonces yo me acuerdo de que me encontré allí con una abogada alemana que venía a aprender las leyes de ellos para poder llevarlas a Alemania porque eran teóricamente leyes feministas. Y me di cuenta de que en ese tipo de sociedades lo legal no alcanza, que si no hay un cambio subjetivo, si no hay una forma de pensar y de sentir diferente no alcanza. Fijate, cuando la mujer no votaba no solamente el hombre no la dejaba votar sino que muchas mujeres estaban de acuerdo en no votar. Y algo pasó que hubo un cambio subjetivo por el que ahora a nadie se le podría ocurrir decir que la mujer no puede votar.

— Pero eso, en principio, es lo que se supone como el mayor triunfo del patriarcado: haber convencido a las propias mujeres de que la cosa era así.

— Sí, vos sabés que yo tengo una idea diferente sobre el tema del patriarcado. Yo no creo que el lugar que ha ocupado la mujer históricamente sea producto exclusivamente de la opresión del hombre, que la hay es cierto, pero si uno mira cómo se ha desarrollado la humanidad en diferentes lugares, en diferentes centros, de poblaciones que no se conocían entre sí, se organizaban siempre alrededor de la figura del varón. Que es muy parecido a lo natural, a lo que pasa en los animales. Por suerte el hombre tiene la capacidad de pensar. Y esa capacidad de pensar hace que la mujer pueda hablar, que pueda ocupar un lugar diferente al que ocupa la hembra en la manada. Yo creo que hay como una especie de índice mujer en donde el lugar de la mujer es absolutamente proporcional a la civilización. Mejor lugar ocupa la mujer, más civilizado es el país. Y no tiene que ver con ser más rico o más pobre, porque hay un montón de países ricos, sobre todo los Emiratos, donde este índice mujer es bajísimo. Pero cuando ves una sociedad, inclusive no solamente en las sociedades, en las personas, donde la mujer es considerada una par, siempre son lugares o personas mucho más civilizados. Y yo creo que el cambio de posición de la mujer tiene que ver con el cambio de posición de la humanidad, todos los seres humanos han evolucionado a un punto tal donde se pueden separar del orden natural, por suerte. Creo que la idea de lo natural es una de las más retrógradas que hay.

— ¿Cuando hablás de la idea de lo natural estás poniendo por ejemplo en escena la cuestión de la fortaleza física o algo de ese orden?

— Digo que como se ordenan o se armaban las manadas, algunas que no pero en la gran mayoría el macho tenía a todas las mujeres y a sus seguidores. Eso es lo más animal del hombre. La diferencia del hombre es que el hombre puede pensar y el pensamiento del hombre permite separarse de la evolución natural, de lo que llamamos la naturaleza.

— Casi que en lugar de hablar del pensamiento del hombre podríamos hablar del pensamiento de la humanidad, en este caso la humanidad diferenciándose de los animales, porque no sería solo el hombre sino en general el sujeto humano, incluidas las mujeres en este caso.

— Absolutamente, sí. Yo estoy de acuerdo con el lenguaje inclusivo, no es tan fácil tampoco ponerlo en práctica (risas). Es como un índice, cuando mejor lugar tiene la mujer, más civilizada es la sociedad. Alcanza con mirar eso básicamente. Es muy difícil, inclusive por ejemplo en las religiones, las religiones que tienen más sometidas a las mujeres son las más duras, las más difíciles.

— Y qué pasa con las religiones en donde las mujeres ocupan un lugar dentro de la estructura religiosa, ¿también ahí habría un índice? Es decir, hay algunas religiones que permiten que las mujeres estén a cargo de los templos o de las iglesias. Ahí habría que pensar un poco.

— Sí, yo sé que hay rabinas, que hay monjas budistas.

— Pastoras protestantes entre los nórdicos.

— Pero eso no quita que sean religiones de Dios Padre. Te doy un ejemplo, entre las sociedades matriarcales hay una donde hay una organización de defensa de los derechos del hombre, porque dicen que los hombres están sometidos a la fuerza de la mujer. Esas sociedades están apoyadas por la Iglesia Católica. ¿Por qué? Porque no pueden entrar en las comunidades matriarcales los cultos de Dios Padre, por más que tengan alguna injerencia, y ahí me parece que hay un punto que es el más importante que es la diferencia entre la mujer y lo femenino.

— ¿A ver?

— Claro, porque de hecho ya es bastante complicado definir lo que es una mujer, mucho más complicado es definir qué es lo femenino, y ese es el origen del libro, o sea la pregunta con la que yo me fui a vivir a un matriarcado era la pregunta sobre lo femenino. El tema es que una mujer puede hacer exactamente lo mismo que hace un hombre, vestida de mujer. Margaret Thatcher es un buen ejemplo. Donde la mujer pierde alguna de sus cuestiones más importantes equiparándose a lo que hace el hombre. Y me parece que eso es una trampa. Por eso me parece que son mucho mejores las sociedades en donde lo femenino, como en estas sociedades matriarcales, se pone en juego.

— ¿Qué tiene de bueno una sociedad como esta que conociste tan a fondo y qué tiene de malo?

— La primera es la ausencia total de violencia, no hay violencia. Pero no es que solamente no hay violencia, no hay deportes violentos, no hay tipos musculosos. Y yo creo que esa sí es una característica propia de lo femenino. Cuando los varones nos peleamos, en general tenemos una idea de por qué nos peleamos y muchas veces hay una mujer que dice "por qué te peleas, tonto". Y en esas ciudades, en todas, pero en todas, la relación social es mucho más intensa. Y además no hay ningún tipo de agresión, ningún tipo de violencia, pero porque eso te rebaja, es como una vergüenza, es algo de lo peor, no es algo que la gente no es violenta porque va a recibir un castigo sino porque da vergüenza ser violento.

— ¿Porque estaría más vinculado al mundo animal o por qué?

— No sé, no podría decirlo, pero sí sé que cualquier cosa que tenga que ver con la agresión es una cosa que… no te da bola nadie, hay mucha condena social. Y de hecho son lugares sumamente tranquilos. La otra cuestión es que no tienen esta cosa de acumular como muchas veces tenemos los varones, ¿no? O sea ellas quieren que las familias estén bien pero no eso de juntar por juntar.

— No hay una ambición desmedida. No hay codicia.

— Sí, no hay la codicia al estilo del multimillonario, eso no existe. Pero no es solamente que no existe sino que además no les entra en la cabeza. Y hay una cosa también que es muy importante que es la cuestión del amor. Armaron la sociedad de una manera tal, y la familia, que estas mujeres parecen promiscuas, porque de hecho pueden cambiar de pareja sexual todos los días.

— Ellas y ellos.

— Todos. O sea una noche se acuesta con un hombre, la otra noche se acuesta con el otro. En esta sociedad, entrando a lo que es El reino de las mujeres, el libro, la mujer es la única que tiene propiedades a su nombre, la única que tiene dinero, la única que tiene casa propia, la única que tiene su apellido, la única que hereda. No hay manera de que en esa sociedad ninguna mujer pueda reclamarle nada a un varón, o sea tienen todas, todas las de ganar. Como tienen casa propia, el hombre visita a la mujer a la noche y después se va. Y ellas nunca jamás, es una de las cosas que más me llamó la atención, nunca jamás quieren casarse. Es raro, vengo al reino de las mujeres con una idea preconcebida y ellas no, no quieren casarse. ¿Por qué, qué es lo que dicen? Ellas dicen que lo que quieren es estar toda la vida enamoradas. Entonces ellas dicen que cuando vos conjugás el amor con la economía, con la familia, con la casa, eso termina deteriorándolo. Y yo les decía que no, que eso no era cierto. Después me quedaba pensándolo…

— Claro, no lo decías muy convencido (risas). Pero la pregunta es, no quieren casarse la mayoría pero se casan.

— No, nunca jamás en la vida. ¿Y sabés por qué además no se casan? Porque para ellas la familia es lo más importante y como nunca se casan, la familia nunca se divide. La familia está formada por la matriarca, los hijos, las hijas y los hermanos, no hay padres ni maridos. Entonces nunca hay separación, los hijos nunca se van de la casa.

— ¿Pero los hombres son parias ahí?

— No, no, no, no, los hombres la pasan fenómeno. Hay que tener cuidado también porque uno podría decir que el matriarcado es como el Paraíso del movimiento feminista. Hay que tener cuidado porque los hombres defienden el matriarcado a muerte.

— ¿Por que?, ¿Qué beneficios le encuentran?

— Por ejemplo trabajan mucho menos. Las mujeres allá trabajan de sol a sol. Porque la verdad es que tienen un concepto sobre nosotros bastante bajo, entonces no pretenden del hombre algo que el hombre no les puede dar. Y además no solamente no trabajan, trabajan poco, sino que pueden cambiar de mujer todas las noches sin que nadie les diga nada. Y lo más importante es que viven toda la vida con la mamá, porque no viven con la mujer, viven en la casa de la mamá durante toda su vida. Entonces eso les permite a las mujeres enamorarse y vivir y tener una relación con alguien de puro amor sin que haya otra cosa porque ellas son las dueñas del dinero, de la propiedad, de los hijos, los hombres no tienen nada que ver con los hijos, por más que los hombres son sumamente cariñosos y cuidadosos con los chicos, los sobrinos. Cuando están enamorados, una mujer solamente recibe a un hombre y ese hombre solamente visita a una mujer. Es así.

— Ese es el código.

— Ese es el código. Y se dan cuenta no solamente porque la sexualidad es buena sino porque dicen que pueden hablar, es alguien con quien pueden conversar. Y si vos te ponés a pensar, la sexualidad es mucho más sencilla en algún punto que lograr una relación con alguien con quien puedas entenderte. Porque fijate, para tener una novia no necesitas estar enamorado, podés tener novia igual. Para casarte, ni hablar. Para durar en el casamiento, no hace falta. Para tener hijos, no hace falta estar enamorado. O sea, todas esas funciones biológicas se pueden hacer sin estar enamorado.

— Claro.

— Enamorarse y llevarse bien y tener una pareja prolongada es complicado. Y yo también creo que es otro índice de civilización, la pareja monogámica prolongada que se lleva bien y que se quiere y sexualmente activa.

— Vos publicaste el año pasado una novela en la que además de una trama policial aparecía como elemento central una medicación de la que recién ahora se empieza a hablar mucho acá que es el misoprostol. ¿Por qué se te ocurrió introducir el misoprostol en una novela?

— El misoprostol hace mucho tiempo que está, no es algo nuevo, y lo que me llamaba la atención era que gente culta, profesionales, gente con cierta instrucción, no tiene la menor idea del misoprostol. O sea siempre que se hablaba del aborto se hablaba del aborto instrumental, del legrado.

— Algunos siguen hablando de eso cuando hablan de los costos y demás.

— Exactamente, lo de los costos es una cosa que no tiene ni pies ni cabeza pero bueno. Pero la verdad es que me llamaba la atención cómo se hizo para ocultar este tema y que la sociedad siguiera hablando del aborto como si el aborto fuera solamente instrumental. Bueno, el misoprostol apareció como un antiácido que se hizo popular en Brasil, aparentemente. Y la novela trata sobre un general americano que apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, trata de llevarse algo a Estados Unidos para hacerse rico. Entonces lo que se lleva es una idea porque no se podía llevar nada grande porque lo iban a pescar ni se lleva nada que sea costoso ni visible. Entonces buscó algo para llevarse y se llevó una idea. Y termina haciendo una industria farmacéutica y cosmética y finalmente termina fabricando una droga similar al misoprostol. Es pura ficción pero mi idea era que a través de la ficción, pudieran enterarse de los efectos del misoprostol. O sea, que se usa en todos lados, que tiene mucha menor morbilidad que lo que antes era el aborto instrumental. Esa fue la idea básica de la novela.

— Ricardo, vos tenés una historia personal muy difícil, muy dura, que tiene que ver con este mismo tema.

— Sí.

— Vos tenías una hermana.

— Sí. Esta es una historia que yo nunca conté, tampoco es oculta ni nada por el estilo porque no es una cosa de la que uno tenga que avergonzarse. Yo recuerdo, cuando tenía 15 años, haber entrado al cuarto de mi hermana. Iba a jugar a la pelota. Era un sábado, entré para pedirle un bolso. Y la veo a mi hermana que está tirada en la cama como apretándose el vientre, pálida, con ojeras, y me pide un vaso de agua. Le llevo el vaso de agua, mi hermana tenía tres o cuatro años más que yo.

— ¿De qué año estamos hablando?

— Y, estamos hablando hace casi cuarenta y pico de años atrás. Y esa fue la última vez que vi a mi hermana. Me fui a jugar a la pelota y al rato cae mi padre, unas horas más tarde, avisándome que mi hermana había fallecido. Yo pregunto de qué, porque era una muerte inesperada de una chica de 19 años absolutamente sana, y me cuentan una historia, que murió de una miocarditis virósica fulminante. Digo "bueno, existirá", qué sé yo, hay tantas enfermedades raras. Mi hermana estudiaba medicina, estaba en segundo año. Con el tiempo, pasaron unos años, entro a la facultad, yo soy médico, en mi familia no había otra posibilidad que recibirse de médico… Y empiezo a buscar en los libros esa famosa miocardiopatía fulminante virósica y no la encuentro, o sea por ahí en un caso en África, una cosa rarísima. Y me acuerdo que iba avanzando en la carrera y buscando esa enfermedad, año tras año, hasta el momento en que empecé a cursar la materia Obstetricia, y ahí encuentro algo que se llama síndrome de Mondor, una coagulación intravascular diseminada, que es una consecuencia en general de los abortos clandestinos. No es una enfermedad de las más frecuentes, pero te mata en 24 horas, en un 90%. Entonces es una enfermedad que trae una anemia muy fuerte, por eso mi hermana estaba pálida; trae dificultad en la oxigenación de la sangre, por eso estaba cianótica, estaba con ojeras, estaba en shock, y en 24 horas falleció.


En esa época yo tenía un tío que es como una especie de prócer de la familia, un tío médico, que fue quien la trató. Pocos años después, mi tío falleció de un linfoma. Y era médico del Hospital Rawson. El Hospital Rawson cerró y los médicos fueron distribuidos en diferentes hospitales, entre esos hospitales, el Ramos Mejía, donde yo trabajaba. Y me tocaron compañeros de mi tío y yo averiguaba por ese episodio, para poder entender de qué había fallecido mi hermana. Porque evidentemente, no sé por qué razón, o sí sé por qué razón, fue como el secreto de la familia. Y además fue la historia de mi infancia, de mi adolescencia, porque mis padres hicieron un luto sumamente prolongado, no nos podíamos ir de vacaciones, todos los fines de semana había que ir al cementerio, era una cosa totalmente presente. Yo creo que había mucha culpa ahí dando vueltas por no haber podido hablar. Y recuerdo que terminé armando todo una vez que mi papá me estaba contando algo vehemente, otro tema que no tenía nada que ver y yo lo corté en la mitad y le pregunté si mi hermana había muerto de un aborto y me pregunta: "Sí, cómo te enteraste". Esto fue después de muchos años.

— Ya eras adulto.

— Sí, adulto, ya me había recibido de médico. Y ahí se me terminó de armar el cuadro. Si el aborto hubiera sido legal, mi hermana estaría viva. Mi historia, la suya, hubiera sido absolutamente diferente. Como el de tantas otras mujeres, ¿no? Por eso el libro ese se lo dediqué a ella.

— Sos médico, tenés una experiencia personal dolorosísima, y tenés una posición tomada a favor del aborto legal. Y además escribís sobre cuestiones de contradicciones lógicas como puede ser la defensa del dispositivo intrauterino en gente que está en contra del aborto legal.

— Claro. Bueno, esta discusión lleva una dosis importante de ignorancia, ¿no? Como una pasión por no saber. Yo creo que la discusión sobre el aborto es una discusión extraña porque en la Argentina el DIU, que es el dispositivo intrauterino, el de cobre, está legalizado y es gratis. Y por más que cada vez que salgo a decir esto hay un montón de gente que dice que no, que es mentira y qué sé yo, el DIU es abortivo, está en el prospecto del fabricante. Cuando se compran, o si lo bajan de internet y ven el prospecto del fabricante, cuando ven los mecanismos de acción dice que puede ser abortivo. Y ese "puede ser abortivo" lo que dice es que impide el implante del embrión en la pared del útero, y si uno considera que la vida comienza cuando se juntan el espermatozoide y el óvulo, si no dejas que se implante, es abortivo. No hay vuelta, lo dice el fabricante, o sea ¿para qué lo va a poner el fabricante en el prospecto, para vender menos DIU? Y además no solamente lo dice el fabricante sino que además lo dice la FDA (N. de la R: es la agencia del gobierno de EE.UU responsable de regular alimentos y medicamentos). Si uno entra a la página de la FDA, más allá de lo que diga cualquier médico en la Argentina, porque cuando la FDA habla la mayoría de los médicos agachan la cabeza y dicen 'tiene razón', es como una especie de legislación de qué se puede usar y qué no. Y dice que el mecanismo de acción del DIU puede ser abortivo.

— ¿Y por qué pensás que mucha gente por un lado prefiere no mirar eso como no mirar tampoco lo que tiene que ver con los embriones en los tratamientos de fertilización asistida y, sin embargo, hacen campaña activa contra la legalización del aborto?

— Bueno, me parece que hay una cosa de ignorancia muy fuerte. Porque yo digo, si van a prohibir el misoprostol ¿por qué no van a prohibir el DIU?, ¿porque es más chiquito? ¿Porque no se ve? Y además, si se sigue pensando que el momento de la concepción es el momento donde nace el ser humano, que es una locura, pero bueno, se sigue pensando eso, no entiendo por qué no les retienen el DIU a las mujeres. El DIU es el anticonceptivo de las parejas estables por excelencia, porque tiene una alta efectividad pero no te cubre de las enfermedades de transmisión sexual. Es muy común en los matrimonios. Entonces convierten a todas esas mujeres en asesinas múltiples, porque han provocado enorme cantidad de abortos usándolo a través de los años.


Yo digo que si no se va a aprobar la legalidad del aborto, entonces, si uno quiere tener algún tipo de coherencia, hay que prohibir el DIU. No solamente el DIU sino también, como vos bien decís, la fertilización asistida. Lo que sería maravilloso para la Argentina, que está tratando de insertarse en el concierto de las naciones, que salga en los diarios que en la Argentina se obliga a retirar los métodos anticonceptivos para las mujeres. Yo digo siempre que en Europa y que en Estados Unidos están acostumbrados a ese tipo de historias, la mayoría vienen del Califato. Lo que pasa es que les traería un montón de problemas. Pero es cerrar los ojos, es levantar la bandera de la ignorancia, es decir esto no existe. Porque es chiquitito, porque no se ve. Claro, es negar el microscopio.

— Toda tu vida en tus libros te la pasaste buscando el camino de lo femenino, el camino de las mujeres. ¿Cuánto de todo eso pensás que tiene que ver con lo que pasó con tu hermana?

— Evidentemente en los libros, no solamente en El reino de las mujeres sino en los otros, hay una pregunta sobre lo femenino. Pero yo no sé, yo creo que el deseo, la curiosidad, es inconsciente. No tengo muy claro por qué, tengo claro que es un tema que me ha convocado mucho tiempo, ahora ya no tanto, es algo con lo que he trabajado mucho tiempo, pero la verdad que es un tema que se ha agotado de alguna manera. Sin embargo tiene cierta recurrencia que no me termino de explicar. Pero lo fantástico está en que mientras en mi vida cotidiana yo no hablo de estas cosas. No hablo de eso, hablo de otros temas. Pero parece que cuando me siento a escribir siempre algo de esto se cuela.

— ¿Y qué te pasa cuando ves chicas tan jovencitas saliendo a reclamar y a exigir la legalización del aborto?

— Y, eso da cierta tranquilidad, ¿no? Porque eso lo que dice es que tarde o temprano se va a terminar aprobando. Se perderá ésta, se ganará la próxima. Pero es lo que te decía al principio: en la medida en que la sociedad evolucione, estas cosas se van dando. De la misma forma que se dio el divorcio vincular. Imaginate la locura que sería mantener a dos personas que no se quieren casadas. Y sin embargo fue toda una discusión, con un montón de gente en contra. Al día de hoy, uno piensa en eso y es una cosa que te produce escalofríos. Imaginate vivir con una persona que no querés o que te llevás mal durante tanto tiempo. Recuerdo una de las entrevistas en la que un médico decía sí, acá en el Congreso discuten mucho pero el que atiende a las mujeres que se están muriendo soy yo. Yo creo que a la larga o a la corta, con la evolución la ley se va a terminar aprobando.

Fuente: Infobae

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