Duros tiempos se aproximan para un pueblo dividido

EDITORIAL Por
Oscuros intereses se mueven tras bambalinas, guiados por un odio que sin duda terminará por revertir sobre sus mismos propulsores y toda la ciudadanía
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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El 9 y 10 de noviembre de 1938, hace casi 80 años, ocurrió en Alemania y Austria lo que la historia recogió con el nombre de La Noche de los Cristales Rotos (Kristallnacht).

Esas dos noches, hordas de las SA, un cuerpo paramilitar de conflictiva relación con Hitler, conocida como “los camisas pardas” se dedicó a destrozar las vidrieras de los comercios de propiedad de judíos, destruir sus casas particulares, escuelas y sinagogas, asesinando a alrededor de 100 personas de esa comunidad.

En esos días, parte del pueblo aleman estuvo complacido con los sucesos. A ella se sumó una cantidad muchísimo mayor de indiferentes. No era con ellos la cosa, pensaron. Es suficientemente conocido lo que ocurrió en esa época y la siguiente. Y también la desgracia que cayó sobre la población civil, que sufrió millones de muertos y la destrucción de sus hogares, el hambre y la miseria.

Pasó hace mucho, y toda la civilización se comprometió a que algo semejante no volviera a repetirse nunca más. No ocurrió, pero la presencia de los partidarios del nazismo y de los indiferentes no cesó. Y hoy, la extrema derecha europea tiene una presencia más que importante en los parlamentos de muchos países europeos.

El miércoles, hubo una pequeño repetición, de muestra, y sin víctimas personales, pero bien clara, de aquellas noches trágicas. Y seguramente hay quienes están contentos, entre ellos las mentes conquistadas por años de propaganda de diferente calibre contra todo lo que tenga olor a lo que está del otro lado de la orilla neoliberal, autoritaria y represiva.

Pero aún cuando todo ese bombardeo mediático tenga éxito, y el gobierno logre detener el camino ascendente del campo popular en la opinión pública, pocos, si alguno lo hace, podrán disfrutar de semejante resultado. Tal vez el mayor premio que obtengan los funcionarios más comprometidos con las irregularidades cometidas, será evitar o postergar la acción de la justicia sobre ellos.

El uso de golpes políticos bajos, en coincidencia con situaciones judiciables que involucran seriamente a muchos funcionarios -como es el caso de la falsificación masiva de aportes en la campaña de Cambiemos- se evidencia en relación uno a uno, puntual y sistemáticamente. Las causas por estos hechos avanzaron con multiplicidad de pruebas y testimonios de indiscustible contundencia.

Y entonces ocurren los sucesos en los que -en base a una turbia historia, rescatada oportunamente por un medio totalmente alineado con el sistema, y apoyados en dudosas fotocopias- se produce la detención de un número importante de empresarios y exfuncionarios.

En el medio de esta puja en la que se desgarra impiadosamente a la verdad, gran parte de la sociedad no tiene nada que ganar con una situación que tiende a agravarse día a día. Las estadísticas oficiales muestran cifras alarmantes en términos de inflación, caída de la producción industrial y otros indicadores económicos. Más allá de las cifras es inocultable el avance de la pobreza, el desempleo y la precariedad en que se desenvuelve la cotidianeidad social.

Un pueblo empobrecido, sometido a un bombardeo propagandístico incesante, tiene toda la vulnerabilidad para que se generen en su seno ideologías extremistas, que presagian, como aquellas noches de 1938, épocas terribles.

Ojalá que -dentro de las convicciones de cada uno- pueda primar la serenidad de espíritu que es necesaria para que tal situación, preanunciada por el atentado contra un sitio en el que se llevaba a cabo un acto cultural absolutamente pacífico, no sea el comienzo de una escalada de horror, y se puedan disipar las sombras que hechos de este tipo arrojan sobre el futuro de la Argentina.

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