Los cuadernos trajeron la hora de golpear puertas

OPINIÓN Por
Muchos políticos y empresarios están preocupados. Tienen miedo de terminar como el protagonista de aquel poema que sobre el final afirmaba: “ahora están tocando a mi puerta”.
hoy

Los cuadernos que pacientemente llenaba Oscar Centeno (el chofer del ex secretario de Coordinación Roberto Baratta) siguen escupiendo nombres y números que pueden hacer pensar en que este escándalo recién empieza.
No son pocos los políticos y periodistas que han dado en llamar al episodio como “el mayor escándalo de corrupción de la historia argentina”, algo bastante grande si se piensa que hay que competir con una larga lista de hechos que se pueden remontar a los tiempos anteriores a la conformación del Estado.
La meticulosidad con la que el chofer se detuvo a anotar toda la información que pasaba frente a sus narices denota la obsesión de un personaje que -aunque no lo estuviese pensando como un salvavidas para cuando la banda dejara el gobierno- pretendía estar cubierto ante cualquier eventualidad que pudiera surgir mientras manipulaban esa plata sucia.
Por eso no se perdía detalle: sabía desde qué gusto de helado prefería De Vido hasta en qué lugares se debían comprar los valijas y los bolsos. Era capaz de anotar hasta las características físicas de quienes no conocía, todo para poder atar cabos si sucedía algo inesperado con los valores que transportaba. No quería ser el Hansel al que los animales del bosque le comían las migas de pan.
Por supuesto que la danza de nombres hasta ahora sólo ha alcanzado a los que están más expuestos. Le tocó a Cristina, a De Vido y a tantos otros que ya hace un tiempo son nombrados sistemáticamente cada vez que se inicia alguna causa de corrupción. Pero se sabe que no se termina ahí.
Muchos empresarios empiezan a ver con preocupación que las balas pegan cerca. Tal vez el desenlace para ellos sea como aquel poema retomado en una vieja propaganda contra el SIDA, en la que una voz en off terminaba afirmando, preocupada, “ahora están golpeando a mi puerta”. Muchos saben que esta vez las redes de contención no están para esperarlos cuando se precipiten hacia abajo.
Muchos que decidieron mudar su piel kirchnerista para transmutarse mágicamente en algún otro tipo de bando político también van a tratar de que este tema se aplaque rápidamente. Alberto Fernández o Sergio Massa, grandes cultores del “yo no vi nada” ahora deberán recurrir a algo más que a chicanas para explicar cómo un chofer llenó tantas páginas de algo que según ellos era imposible de ver.
Quizás por eso el tigrense se expresó sobre los cuadernos pidiendo que los responsables vayan presos pero también que se cambie la política económica que trae tarifazos, despidos, cierres de PyMES y tantas desgracias más. A su entender todo sirve para tapar lo mal que la pasa la gente.
El ex Jefe de Gabinete de Cristina Kirchner parece olvidar que los votantes suelen demandarles a los gobernantes que cumplan con al menos una parte de sus promesas de campaña. No necesitan mucho y se conforman con bastante poco. Eso permite que algunos gobiernos de un desempeño regular se sostengan en el tiempo, básicamente porque no defraudan a sus votantes en un pequeño conjunto de temas. El gobierno llegó prometiendo cárcel para los corruptos.
¿Creerá Massa realmente que los votantes de Cambiemos, algo inquietos por la libertad de la ex presidenta, van a anteponer una inflación que no baja hace años a las profundas consecuencias que podrían resultar de esta filtración? ¿O desea profundamente que así sea, algo preocupado por si su nombre aparece entre los anotados?.
No hace falta ahondar en una respuesta más que obvia.
Lo que se presenta es una oportunidad, como las que tienen todos los gobiernos. A algunos se les presentó como soja en valores históricos, pero la desperdiciaron en política de poca monta (y de altos montos). Esta vez no es plata, pero es mucho más importante para hacer política. Y si tienen la voluntad, también para hacer historia.

Fuente: Alfil Diario

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