La Iglesia gorila y la Iglesia peronista

OPINIÓN Por
El Vaticano va contra Macri por el aborto legal como fue contra Perón por la ley del divorcio.
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No hace falta aclarar que Cambiemos es una alianza de dos fuerzas políticas. La del radicalismo, en su versión institucional de la UCR y en la versión personal de Lilita Carrió y la del PRO, que es un partido construido sobre una cultura más cercana a la gestión empresarial que a la política.

Todo eso se pudo amalgamar por necesidades y debilidades propias y porque enfrente estaba y está Cristina Kirchner. Pero es una alianza que cruje y los conflictos se ven casi a diario. Lilita contra los radicales, los radicales contra Lilita y contra algunas políticas y ministros y Macri y el PRO concentrando el poder en el núcleo cerrado que integra él mismo con Peña, Larreta y Vidal.

También hay dos caras en Cambiemos aunque con actores mezclados frente a la cuestión del aborto. Las diferencias acá son distintas a las que existen en otros temas. Cambiemos se ordena o se separa detrás de dos posiciones que no son exclusivas de los partidos que lo integran: la progresista y la conservadora católica.

En el PRO claramente prevalece la conservadora católica y en la UCR prevalece claramente la progresista. Una curiosidad: el ala católica conservadora del PRO está más cerca del Papa que de Macri. Del Papa que enfrenta frontalmente a Macri.

Otra curiosidad: la Iglesia del Papa, ultraverticalista y ya definitivamente principal partido antiaborto, cuestiona a Macri por haber impulsado el proyecto pero no cuestiona al kirchnerismo ni al peronismo que apoyan el proyecto. El kirchnerismo critica a todos los que se oponen al aborto legal. Menos al Papa.

Una parábola de la historia: Bergoglio, Papa peronista, es tan enemigo de Macri como la Iglesia gorila de los 50 fue enemiga de Perón. La Iglesia sostiene la pelea contra la ley del aborto de Macri como sostuvo la pelea contra la ley del divorcio de Perón.

El debate sobre el aborto ha sido largamente esquivado por nuestra política. En el fondo se trata de acompañar o de no acompañar cambios que se expanden en el mundo. Es un debate complejo y cruzado por convicciones religiosas y libertades individuales. Pero no puede haber equivalencia entre las dos: las religiones someten las libertades individuales. Y en la sanción de las leyes las iglesias no tienen por qué tener cabida. Y menos pretender un papel dominante.

Libertad versus fe es una disyuntiva falsa: siempre gana la fe, porque es intangible. Hay una proporción parecida de gente a favor y en contra enroscada en cuestiones de principios. Y se agitan consignas que terminan no pocas veces traicionando el razonamiento que las produce. Un fanático no advierte su propio fanatismo.

Se desprenden de la racionalidad y se prenden al dogma. La vicepresidente Michetti dice que ni las mujeres violadas deben abortar y el senador Bullrich dice que nuestro problema es cómo damos los debates y a la vez que la vida del feto está antes de la ley. Chau a toda chance de debate.

Lo peor: una disparatada propuesta de Federico Pinedo. Poner a las que no quieren ser madres bajo vigilancia del Estado, que las subsidiará hasta que aparezcan adoptantes para el niño. Y mientras no aparezcan, los chicos se pondrán en un albergue.

Michetti, Bullrich y Pinedo suelen tener una apertura intelectual mucho mayor que la que tienen con el aborto. No ven que las posiciones extremas empobrecen y no enriquecen el espacio de los mismos católicos.

Fuente: Clarín

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