"Si se financia el déficit fiscal con el impuesto inflacionario el pueblo notará el costo"

OPINIÓN Por
El destacado académico Carlos Rodríguez cree que "la sociedad debe comprender que el populismo cuesta para entender la necesidad de ajustar"
Retratos-de-Carlos-Rodriguez-.-Director-de-UCEMA-3

Un año atrás, cuando la economía comenzaba a dar señales aparentes de robustez en cuanto a la evolución de los índices de actividad, generación de empleos y desinflación, no eran muchos los economistas que con claridad manifestaban sus advertencias sobre la falta de sustentabilidad de esos movimientos. Uno de ellos era Carlos Rodríguez, economista, formador de economistas, fundador del Centro de Estudios Macroeconómicos Argentinos (CEMA) en 1994 y rector de Universidad del CEMA hasta abril último; y que entre 1996 y 1998, bajo el segundo mandato presidencial de Carlos Menem, se desempeñó como Jefe del Gabinete de Asesores del Ministro de Economía, Roque Fernández, y como Secretario de Política Económica.

Ahora el escenario es el opuesto al de entonces, se aceleró la inflación, la actividad ingresó en una nueva etapa recesiva y consecuentemente las expectativas de creación de empleos empezaron a desvanecerse, y con el agravante de una corrida cambiaria que ni el auxilio del Fondo Monetario Internacional, ni el ascenso a la categoría de mercado emergente por parte de SMCI fueron capaces de revertir.

Pero, como entonces, Carlos Rodríguez, con un lenguaje llano, y hasta muchas veces poco académico, pero extremadamente claro y contundente, explicó las causas de semejante punto de giro, más allá del cambio del escenario internacional, y arriesgó cómo ve el futuro de Cambiemos y sus recomendaciones de política para que la Argentina pueda comenzar a revertir un largo ciclo de decadencia.

– Casi un año atrás, cuando lo entrevisté, usted alertaba sobre el riesgo de no avanzar con cambios estructurales, para revertir el crecimiento de los déficit gemelos, fiscal y externo, y miraba la evolución del índice de riesgo país, que había subido a 400 puntos básicos. La crisis llegó, el riesgo país escaló a más de 600 pb, pese a que se firmó un singular acuerdo con el Fondo Monetario Internacional y MSCI sacó a la Argentina de la condición de país de frontera y lo elevó a mercado emergente para los inversores en acciones. ¿Qué ven los inversores internacionales que el Gobierno y muchas consultoras locales no percibieron con firmeza?
– Lo que más preocupa a los mercados internacionales es el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, porque si es muy alto, unos USD 9.000 millones por trimestre, hace temer que no les van a pagar. Mientras que a los mercados locales le preocupa la inflación; la interacción de la inflación con los sindicatos; y la reelección. El problema de la cuenta corriente en el mundo ya lo tienen muy clarito, no son desarrollistas como acá que le echan la culpa al tipo de cambio; es la entrada de capitales; y la entrada de capitales en la Argentina la genera el Estado pidiendo prestado para financiar el déficit fiscal. Y lo que se hizo, como el acuerdo con el FMI y la decisión de MSCI de elevar a la Argentina a la categoría a emergente, fue para que entren más capitales. Es más de lo mismo para financiar la fiesta reeleccionaria.

– Es una fuga hacia adelante…
– O sea, si se analiza correctamente, lo que se ve es que se agravó el problema que ya teníamos; es decir no vamos a tener una mejor cuenta corriente, sino una peor. Y, además, hay una incompatibilidad, porque en realidad el ahora presidente del Banco Central, Luis Caputo, quería tasas más bajas y tipo de cambio por dólar más alto, pero no se puede tener una paridad más alta si se hacen a la vez movimientos para que entren más capitales. Es cierto que la asistencia del FMI es más barata, pero es un monto monumental. Se está reemplazando en todo caso la entrada de capitales cara, por otra más barata, pero sigue siendo el mismo ingreso, y por tanto no se arregló nada. Hay promesas de futuros ajustes fiscales, pero lo que se ve es que ya se desembolsó USD 15.000 millones a cuenta de esas promesas.

– Aparte, ese beneficio de capitales más baratos que ahora aporta el FMI, para las finanzas públicas termina siendo más caro, por el efecto de la suba del tipo de cambio que provocó la corrida cambiaria, cuando haya que pagar los intereses de esa deuda, en el equivalente en pesos…
– Espere, acá hubo un problema. Como le dije, el acuerdo con el FMI y la decisión de MSCI significaron más de lo mismo, eso hubiese significado un dólar más barato, si se seguía con el modelo Sturzenegger (el anterior presidente del Banco Central de la República Financiera) que compraba los dólares con la emisión de Lebac, pero ahí nació la desconfianza, porque esa bicicleta, este ponzi game, parece que no la va a cobrar nadie, porque el déficit de la cuenta corriente ya está en un nivel de déficit infinanciable.

– Pero llegaron los dólares del FMI…
– Si, pero los inversores extranjeros dijeron "es el momento de salir". Eso se manifestó en la continuidad de la corrida contra las Lebac que eran la bola de nieve que estaba sosteniendo el sistema de dólar barato. De ahí que si bien hay entrada de capitales del Fondo, en realidad los extranjeros no quieren ver un sólo activo argentino. Por tanto, la tendencia es que el tipo de cambio siga bajo porque aparecieron los dólares del FMI; y el Banco Central vende de a USD 100 millones por día. Pero por el otro lado, paró tanto la entrada de capitales privados, y se aceleró tanto la salida, que en realidad el dólar se fue para arriba. Se está en un momento de inconsistencia, entre el sector privado extranjero y local que se quiere ir del peso y del riesgo argentino, y un Fondo Monetario Internacional que le quiere dar dólares al Gobierno para que dure. Y están los que dicen "pongamos toda la plata junta y peguémosle un palo al mercado, con toda la oferta de dólares". Y lo que yo digo es "hay que estudiar, no pegar palos".

– ¿Entonces estamos en una situación rarísima en la que el tipo de cambio puede subir o bajar?
– Claro, eso depende de si el palo, la fuerza de la oferta de dólares es más grande que el pánico de la gente. Por tanto es difícil predecir el día a día en este momento. Pero pareciera que hay un fenómeno medio irreversible.

– ¿Por qué cree que el Gobierno al aparecer el primer indicador negativo de actividad, que estuvo focalizado en el efecto de la caída del PBI agropecuario por los efectos de las inundaciones, primero, y de la sequía, después, salió a hablar de recesión y de los meses difíciles que se vienen, y generó más desánimo en el público en general, con lo que agravó la crisis?
– Es que todavía la tendencia natural de la gente de este Gobierno es echarle la culpa de lo que sucede al pasado, o a los extranjeros, o al clima; jamás es de ellos. O sea la herencia recibida. Hoy se lo ve al Jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña, diciendo que "la verdadera crisis vino heredada del 2015", pese a que la primera riesgo era menor que la hay ahora; con lo cual algo mal deberían haber hecho. Y si no es la herencia, ni la sequía es Donald Trump. Pero la pregunta que hay que hacerse es ¿por qué nos toca todo a nosotros? Al fin al cabo, la tasa de interés en los EEUU que no sube.

– Amagó con subir, pero se quedó por debajo del 3% anual…
– Si, en torno a 2,8% anual, que es un nivel que no es para matar a nadie. Lo que era para matar a alguien es la tasa de endeudamiento que estaba teniendo el Gobierno que es la más alta de la historia argentina, a cualquier tasa. Pero colmaron el vaso, y los mercados dijeron basta, los de afuera y los de adentro.

– ¿Ahora ve alguna preocupación por encarar reformas estructurales para revertir ese movimiento, o se sigue con más de lo mismo, porque el último mensaje del ministro de Haciendo a sus pares de otras áreas de la economía fue que no les autorizará aumentos de gastos, no les pidió recortes en términos reales?
– Pero si siguen teniendo las mucamas en negro. Eso es imperdonable! y además siguen contratando a parientes y amigos en puestos públicos. Y el mercado lo percibe, la gente lo ve, por eso tiene rabia. Es difícil como economista que encabeza una universidad y ex funcionario de gobierno hablar de esos sentimientos populares, pero están y existen. La idea de que le van a pedir a los consorcios de propietarios que el encargado tome nota de la gente que ingrese a un edificio o un barrio privado, para ver si hay personal doméstico contratado en negro, cuando se detectó que el ministro de Trabajo tenía una empleada pagada por el sindicato. Esas contradicciones no las arregla ningún Marcos Peña, son inexplicables, y le pueden costar al Gobierno ciento de miles de votos, por no decirle millones, porque hacen más de lo mismo con buenos modales.

– ¿Ve en la oposición una alternativa cierta de disputar una posible reelección?
– El Gobierno está políticamente muy debilitado, mi única esperanza es que surja un peronismo razonable. Ellos utilizan otra palabra: "peronismo colaborativo", para referirse a los gobernadores. Pero los usan, porque no veo al presidente Macri para hacer una alianza con ellos.

– ¿El riesgo de apostar a un gobierno de un "peronismo razonable", "colaborativo" no es que para ganar esa fuerza para obtener poder político deba acudir a los partidarios del kirchnerismo que dejaron una herencia que aún cuesta pagar, y que aseguraría más años de decadencia?
– Y, sí, es un riesgo, para a ese riesgo nos ha llevado este Gobierno. Por algo la prima de riesgo país subió a más de 600 puntos básicos y la inflación va a ser más alta de la que heredaron. No hay soluciones mágicas. Lo que quiero decir es que seguir con un PRO debilitado, que no tiene rumbo, que no sabe a dónde ir, que lo único que sabe es odiar al Cristinismo, y la estrategia del miedo y de la deuda, no nos lleva a ningún lado tampoco. Estamos con un programa con el FMI, pero me dicen los que saben de cosas fiscales que yo no entiendo, porque son de hilado muy fino, que es muy duro.

Es muy duro para bajar el déficit fiscal, pero no es duro para solucionar el tema fundamental que es que el gasto público subió 20 puntos del PBI, y los impuestos también, en los últimos 15 años. Y leí, que son datos públicos, y que Roberto Cachanosky lo publicó en un twit que las pensiones por invalidez crecieron en un millón de personas en los últimos 10 años. Eso no es posible, o somos un país de inválidos. Y encima me contestan twiteros no del PRO, sino peronistas: "¿qué quiere que hagamos, que los matemos?. Yo me pregunto de dónde salieron tantos inválidos cuando no hubo una guerra, ni catástrofes que lo expliquen.

– Y con el agravante que se viene otra presión alcista sobre el gasto público injustificable si se generaliza el pedido de jubilación anticipada por parte de quienes opten por cambio de género de varón a mujer, próximos a los 60, como es el caso de Sergio que cambió su identidad por Sergia y por eso inició el trámite, pese a que hizo sus aportes siempre en condición de varón, si no se enmienda rápidamente la Ley de Identidad de Género (26.743), o la Ley Previsional…
– Por ahora, lo veo como un hecho cómico. Nos convertiríamos en un país de abuelas jubiladas que dan propinas a los jóvenes desocupados que hacen changas.

– Podrá ser cómico, si queda como un hecho aislado, pero si no se legisla, ¿cuántos varones con 30 años de aportes a los 60 años podrían decidir cambiar su identidad para cobrar anticipadamente la jubilación?, y agravar el ya abultado déficit de la Anses…
– Si es así, entonces estamos embromados. Sería insólito que el populismo en la Argentina y la cobardía de los que están en el Gobierno lleguen a ese nivel. De todas maneras, el Poder Ejecutivo podría pedir un per saltum, de alguna manera, se podría apelar esa maniobra y la Corte Suprema emitir una acordada; o igualar la edad jubilatoria. Pero no me agregue un problema que estaba afuera de la agenda.

– ¿Usted cree que un cambio de gobierno, y la llegada de un "populismo moderado, razonable", podrá hacer las transformaciones fundamentales que necesita la economía para no caer en crisis recurrentes, y disminuir la dependencia del financiamiento externo, dada la pequeñez del mercado de capitales local?
– Y bueno, no le van a prestar, aunque dependiendo de quién venga, si es Roberto Lavagna tal vez logre que le presten. Pero ojalá que no le presten. Mi recomendación es financiar el déficit fiscal con el impuesto inflacionario y que el pueblo lo sufra así se da cuenta que el populismo cuesta y apoya el ajuste. Cuestión de que la sociedad se de cuenta de que el populismo cuesta. Insisto, el déficit fiscal es el detonante de nuestros problemas, es algo así como la fiebre. Pero el nivel de gasto público, con la asistencia sospechosa a un millón de inválidos; los millones de beneficiarios de Asignaciones Universales por Hijo, los jubilados y pensionados que ingresaron con moratorias sin haber hecho aportes, como amas de casa, y otros millones de planeros; y la elevadísima presión tributaria, que llega a más del 70% para quienes pagan, esa es la base del desequilibrio fiscal y externo.

Porque hay dos monstruos, que son impuestos versus gastos y cualquier movimiento de cualquiera de los dos eleva el déficit. Es como estar en la punta del iceberg, no basta con eliminar el déficit, hay que bajar gastos e impuestos. Y el FMI pone sólo el acento en reducir el rojo de las finanzas públicas. Todo lo que había empezado con el gobierno de Carlos Menem y la gestión de Domingo Cavallo, con las reformas de segunda generación, se congeló por décadas. Y más que en el déficit, estamos en el refinanciamiento de la deuda pública. Y por el momento, se está preocupado por el traspaso de Lebac a Letes, algo que hace falta hacer, pero que es sólo el principio de un cambio muchísimo mayor.

– ¿Lo ve bien ese cambio de deudor, porque estaba conduciendo a una expansión de dinero futura cuando los acreedores decidan poner freno a invertir en un activo de regulación monetaria?
– Si lo veo bien. Ese traspaso de las inversiones en Letras del Banco Central a Letras del Tesoro lo vengo recomendando desde el año verde, aunque hubiera sido más fuerte, porque están haciendo esa transferencia de manera demasiada voluntaria. Sobre todo, porque de las Lebac que quedan no se cuánto están en manos del propio sector público, como entidades oficiales y la Anses, pero arriesgo que es de más de la mitad, porque los privados que sacaban provecho de altas tasas y atraso cambiario ya se fueron; por eso haría un canje compulsivo de Estado contra Estado. Es mejor eso, a que esté creciendo una deuda del Banco Central, y ahora es en dólares.

– Pero, si el Tesoro toma deuda externa, y la vende al mercado interno para hacerse de los pesos que necesita para pagar gasto corriente y financiero, no corrige el exceso de moneda que podría estar alentando la demanda de dólares…
– Ese es un punto importante, porque ¿qué va a hacer el Tesoro con ese dinero, lo va a gastar de nuevo?, o ¿va a funcionar como Banco Central, esterilizando con dólares? Por eso yo me manifesté más partidario de limpiar las Lebac, y dejar que el tipo de cambio suba todo lo que tiene que subir.

– ¿Pero eso no generaría más incertidumbre, hasta que la cotización del dólar se estabilice?
– Esa incertidumbre es parte del costo argentino, no lo es todo. Los economistas que sabemos del sistema monetario podemos llegar a arreglar eso. Pero el déficit fiscal, sobre todo cuando el impuesto marginal del que paga todo es de más del 76%, cuando en el caso de una empresa se suman a los anticipos de Ganancias que no sabe si va a repetir, el pago de IVA que luego puede que recuperar cuando logra exportar. Eso no lo arregla ningún economista, sino el poder político. Para tener un dólar real competitivo, hay que reducir el nivel del gasto público improductivo y también los impuestos que mantienen gastos prebendarios y toda la parafernalia regulatoria. Pero eso requiere un poder y mayoría parlamentaria que el Gobierno actual no tiene.

– ¿Emitir deuda interna en dólares a una tasa del 4,5% anual, en una economía que dejó de crecer, es una buena iniciativa, sobre todo con un tipo de cambio nominal que subió 44% en dos meses?, ¿No potencia la relación deuda con el PBI?
– Y con el dólar al nivel que está, y que creo que aún está bajo. Pero alta o baja la paridad cambiaria, creo que el nivel de alto o bajo del tipo de cambio dependerá del déficit fiscal financiado externamente, o sea de la entrada de capitales. Si entran será bajo, sino será alto. Por eso cuando me preguntan cuál es el nivel de equilibrio del dólar digo que no lo puedo responder. En mí opinión no deberían entrar capitales de corto plazo, sólo deberían entrar y alentarse las inversiones extranjeras directas, que son máquinas y tecnología que entran, no capitales, pero de eso no hay. Acá lo que entra es capital financiero para financiar el déficit fiscal.

– ¿Ese esquema de cierre de la economía al capital financiero ha funcionado en el mundo, existen experiencias exitosas?
– Si, montones. Y sigue siendo usado. Chile lo usó durante muchísimos años; Brasil creo que lo sigue usando, sino me equivoco. No soy un experto en regulaciones financieras, pero no está en contra de ser un país emergente. No se trata de un mercado dual de cambios, es distinto, es simplemente un impuesto a las Ganancias, o una retención, o un encaje. Lo usó Néstor Kirchner cuando asumió la presidencia, para que no le hicieran el "carry trade", invertir en pesos a tasas superiores a la de la devaluación esperada, porque tira el tipo de cambio para abajo. Porque si no el dólar real está a las idas y venidas, en un subibaja que afecta a toda la industria productiva. Yo no soy desarrollista pero si fuera empresario me preocuparía porque un día abundan las importaciones y otro día, cuando quiero exportar, después de haber hecho inversiones, me encuentro con que me tiran el tipo de cambio para abajo; eso hace que para sobrevivir a esa incertidumbre me convierta en lobbista del proteccionismo. Y las autoridades los protegen porque al fin y al cabo los pocos empresarios que quedan son agentes recaudadores de impuestos para la AFIP.

– La solución no es ni tipo de cambio bajo, ni alto, sino que sea estable en términos reales…
– Creo que para que seamos competitivos, además del nivel del tipo de cambio faltan otras cosas. No se puede ser competitivo con un Estado que es el 46% de la economía, y con millones y millones de prebendarios. Más la industria del juicio y los sindicatos. Yo le propuse en su momento al presidente Carlos Menem, pero no se interesó, hacer una zona libre de maquila, esto es un régimen de producción libre de los costos laborales e impositivos, no un sistema de libre comercio, sin impuestos, sino una forma de producción a menor costo que los actuales para poder ser competitivos con el resto del mundo. Hay países que viven de eso, no sólo México. China entró al mundo capitalista a través de las zonas de maquila. Eso implicaría un cambio profundo, de shock. Pero ni se piensa. No sé si no se entiende, o es que nadie se quiere meter con los sindicatos. Hugo Moyano pararía el país; además un régimen así tiene que pasar por el Congreso.

– El Banco Central dio a conocer el nuevo resultado del Relevamiento de Expectativas del Mercado para los próximos meses, y se observa que el consenso de los analistas pronostica que prácticamente no habrá traslado a precios de la devaluación que provocó la corrida cambiaria que se inició el 25 de abril, ¿comparte el pronóstico de nueva etapa de desinflación a partir de este mes, para cerrar el año con una tasa anual del 30% y el dólar cotizando a 30 pesos?
– No se cómo pueden predecir si no hay parámetros de política, por ejemplo no hay política cambiaria, pero predicen una cotización del dólar más baja que el del cierre que marca el Rofex a fin de año. Si devalúan y siguen tomando dólares afuera para financiar el déficit fiscal, el tipo de cambio real debe seguir tan bajo como antes, o sea que los precios subirán tanto como el tipo de cambio. Si pasan a financiarse internamente en pesos, la cuenta corriente de la balanza de pagos mejorará y el tipo de cambio real debe subir, o sea que los precios subirán menos que el dólar.

– A partir de la corrida cambiaria, la fuerte pérdida de reservas y la consecuente volatilidad de la cotización del dólar, renació la discusión sobre la necesidad de ir a un régimen de dolarización, propuesta por el economista Steve Hanke, ¿cuál es su opinión?
– Marcos Peña dijo que "es una cosa de locos".

– ¿Es una fuga para adelante, resignar la soberanía monetaria?
– No, no es una fuga para adelante. Tener un buen sistema monetario ayuda, porque elimina ciertos factores de incertidumbre, pero no resuelve los problemas de base como el que le he señalado previamente. Es así de simple.

– Pero pondría al descubierto la deficiencia de productividad de la Argentina, tanto del sector público, como del privado que carece de incentivos con el actual sistema tributario y la legislación laboral…
– Si, pero es complicado. Yo soy experto en eso, lo he hecho en otros países y puedo hacer todas las cuentas, es decir cuánto es el Plan Bonex que tenemos que hacer para licuar, porque no puede dolarizar quien quiere, sino quien tiene los dólares. Por supuesto que estamos llenos de dólares, pero en los colchones, y traerlos al sistema financiero, a través de una amnistía fiscal bien amplio generaría problemas y cuestionamientos por parte de organizaciones internacionalizaciones que persiguen a los capitales del narcotráfico y otros delitos. Hoy no se pueden vender dólares en el sistema institucional si no se puede justificar de dónde provienen. Pero además, primero hay que eliminar el peso, porque no se pueden tener dos monedas flotando y que los dos sean de curso legal. Con la Convertibilidad de los 90 fue posible porque había un régimen de cambio fijo 1 a 1.

– ¿Se puede volver a un tipo de cambio fijo y convertible?
– No, ya aprendimos que no es posible volver a un cambio fijo y convertible con reservas iguales a base monetaria, porque cuando viene la corrida, por desconfianza, es contra M2, los depósitos a las vista, en caja de ahorro y a plazo fijo. Si fuera contra la base monetaria, que es poco más de la mitad, quebrarían todos los bancos. Para evitar eso surgió el corralito de Cavallo, a fines de 2001, y luego el Corralón con Duhalde, a comienzos de 2002. Por tanto, tendría que ser una convertibilidad mucho más amplia, que consiste en separar dinero de crédito, es decir que el circulante y depósitos serían dólares, pero con 100 por 100 de encajes. Es decir M2 que hoy equivalen a unos USD 65.000 millones, y no los tenemos. Las reservas en divisas del Banco Central netas del primer desembolso del FMI de USD 15.000 millones que ya empezó a vender a un ritmo de USD 100 millones por día; y del swap con el Banco de China de unos USD 6.000 millones; y USD 15.000 millones de encajes de los depósitos bancarios en divisas que no se prestaron a los exportadores; están por debajo de los USD 25.000 millones. Equilibrar esa cuenta implicaría licuar con mayor suba del tipo de cambio, generar más inflación; y chau Macri.

– ¿Cuál sería su recomendación, si se la pidieran?
– Mi recomendación es no ir a una dolarización en la situación actual, porque implicaría poner un corset para no generar inflación en dólares, y eso sería peor, porque no podemos emitir dólares, y forzaría a un ajuste, pero no me gusta poner restricciones. En una época se hablaba de poner cambio fijo como un corset a la inflación, y que los sindicatos no pidan aumentos de sueldos. Pero lo que pasaba era que todo reventaba. No me gustaría arruinar una buena idea como es la dolarización, o la convertibilidad, o un tipo de cambio extremadamente fijo y muy viable en aras de un corset donde el Gobierno está en situación de explotar. Mi recomendación es que tengamos la inflación que tenemos que tener y que el dólar valga lo que tiene que valer, es decir liberar todo.

– ¿Eso cree que sería aceptado?
– Si el sistema político argentino no aguanta la inflación, pero quiere el déficit fiscal, estamos jorobados, como economista no tengo la solución a eso, porque la economía no es la madre de todas las ciencias.

– ¿Cree que a la situación actual se llegó por haber intentado ordenar las cuentas gradualmente y no por la vía del shock, como se hizo de alguna manera con las tarifas, la unificación cambiaria, o la eliminación de la mayor parte de las retenciones a las exportaciones?
– Sí, pero hacer el shock requiere voluntad y poder político.

– El 10 de diciembre de 2o15 el presidente Macri tenía poder político…
– No lo creo, si apenas tenía el 20% de votos propios, que eran odiadores peronistas.

– Pero en los primeros meses de 2016 pudo levantar el cepo cambiario; eliminar la mayor parte de las retenciones; terminar con el default parcial de la deuda pública; iniciar el rebalanceo de las tarifas, pese a un mal comienzo que luego corrigió…
– Pero eso fueron medidas que necesitaron pasar por el Congreso, también lo hizo José Alfredo Martínez de Hoz en los 70, con una dictadura. Cuando asumió Mauricio Macri la presidencia ya 93% del default se había arreglado. Y pasar de Control de Cambios a Cambio libre es de pizarrón. Lo de las tarifas es bueno. Carlos Menem no tenía retenciones y había 20 puntos del PBI menos de gasto público.

– Usted habló de impulsar el sistema de maquila, ¿por qué cree que podría funcionar"
– Porque lo que estoy proponiendo es comenzar a hacer un segundo país, un subpaís, para empezar a solucionar el problema con un sistema que podría llevar a generar un efecto contagio de producir, hacer crecer el empleo, la productividad y las exportaciones, y ejercer un efecto contagio, de infectar al resto del país que está enfermo, para curarlo de todos los vicios y quistes que arrastra de décadas.

Fuente: Infobae

Te puede interesar