La frustración del uso obligado del peso

ECONOMÍA Por
Desde siempre las autoridades insisten que debemos pensar en pesos y condenan a los argentinos a la desventaja competitiva de una moneda indeseada
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En contraste, el BCRA mantiene en dólares sus activos cobrables, lo mismo que los dirigentes políticos, económicos, sociales, y la mayoría de los que viven en el país. Nuestra deuda pública está en dólares y también nuestro comercio y operaciones con el exterior.

El peso actual equivale a 10.000.000.000.000 de los que circularon hasta fines de 1969, cuando el dólar valía 350 pesos de entonces. De modo que los 28 pesos por dólar de hoy se traducen en 280.000.000.000.000 de los de 1969. El que tenía pesos se quedó sin nada. El peso se viene devaluando desde mucho antes. Hace 100 años, en 1918, el dólar cotizaba a 2,25 pesos de aquella época. Mientras el dólar mantiene la misma denominación, los mismos ceros, desde 1776. Estas cifras miden la magnitud de la estafa de los gobernantes a los argentinos. A eso la gente escapa refugiándose en una moneda confiable y activos en el exterior. Si no podemos confiar nuestros capitales a los políticos no debiera sorprender la pobreza abrumadora y nuestra decadencia relativa.

La salida es clara. Los gobernantes exitosos son los que remueven las trabas al progreso. El nuestro está obstaculizado por la exigencia de usar el peso. Siendo realistas, debieran reconocer los deseos de los argentinos y facilitar la dolarización demandada por la gente. Al menos, iguales condiciones para utilizar el peso y el dólar libremente en todas las transacciones. Depositar en bancos, prestar, comprar, vender, pagar en pesos y dólares con iguales requisitos.

La corrida cambiaria es la decisión de gente angustiada para averiguar cuánto valen efectivamente sus ahorros constituidos en pesos, ante la incongruencia de nuestra moneda. Y la gente quiere medir en la moneda preferida, el dólar, que es la estable y aceptable en todo el planeta. ¿Quién puede sorprenderse de la preferencia por la moneda de EE.UU. ante la continua licuación de los ahorros en pesos? La única razón de que sigamos utilizando el peso son las normas que lo exigen y traban transacciones y el pago en dólares en nuestro país. En verdad, el peso es un artificio en el que no creemos. Pero los funcionarios exigen su empleo porque les da poder sobre nuestros patrimonios e ingresos. Lo más sencillo y más contundente para afirmar la confianza en nuestras instituciones y sistema financiero es adoptar la moneda más utilizada y confiable del planeta, el poderoso dólar de EE.UU. Transparentar la realidad de que los negocios, las transacciones y activos de los argentinos se constituyen en dólares. De la misma forma que durante la mayor parte de la historia empleamos el oro, cuyo valor estaba a salvo de los abusos de los gobernantes. Y que utilizamos el mismo sistema de medidas internacionales que el resto del planeta. En el libro "Dolarizar", 2001, desarrollo detalladamente las ventajas de emplear el dólar en nuestras transacciones.

Las corridas no son necesarias. Se acabarían si el dólar fuera nuestra moneda reconocida. En el caso de insistir en mantener el peso, las autoridades debieran ofrecer comprar y vender dólares a una paridad estable. Ese compromiso, sumado al cumplimiento de las metas fiscales, de no emitir dinero para el Gobierno, y añadiendo la prohibición de emitir para otros créditos internos, permitirían asegurar la paridad estable que nuestra gente reclama angustiada. Una vez que tengamos una paridad previsible cesarían las corridas cambiarias. Sin emisión, no habría pesos suficientes para comprar los dólares del BCRA. Recordemos que cada venta de dólares contrae la cantidad de pesos en circulación. El dólar no debiera incidir sobre los precios internos, intentan engañarnos. Sabemos y comprobamos, cuando sube su valor, más costosos los combustibles, gas, tarifas públicas, importaciones, repuestos, automotores, precios de exportaciones y alimentos, pago de deudas, etc. etc. Hay otras falsedades que repiten. A la Argentina le faltan dólares, nos aturden ahora. No existe ningún país que le sobren dólares, un bien escaso en todo el planeta, su cotización lo demuestra. Hasta los norteamericanos trabajan, pagan intereses y cobran impuestos porque les faltan dólares. Nuestra dificultad es gastar más de lo que producimos. Qué podemos hacer en tanto nos financien los excesos de gastos. Si nadie nos financiara, o no gastáramos reservas o activos propios, no podríamos gastar de más. Para mantener la economía funcionando los presupuestos del Gobierno debieran mantenerse según lo anunciado. Ceder, concediendo financiamiento a quienes reclaman, cobrar tarifas de servicios públicos inferiores a las necesarias, o atender "necesidades urgentes", conlleva aflojar algunas tensiones y urgencias al costo de empeorar mucho más las condiciones del conjunto. Los actores sociales debieran reconocer: cada concesión a un grupo determinado multiplica la caída de los ingresos del conjunto de los argentinos. Y necesariamente aumenta la pobreza general.

Ningún barco en problemas de navegación se salva abriendo agujeros a la entrada de agua para atender a los sedientos.

(*) Miembro del Consejo Académico Fundación Libertad y Progreso

Fuente: Ámbito

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