Trump con su muro y Europa con el suyo

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Tras el plan de la UE de crear las eufemísticamente llamadas “plataformas de desembarco”, ¿con qué derecho podrá criticar Europa a Trump por construir el muro con México?
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Una lancha de la marina italiana llena de inmigrantes se acercan al barco 'Aquarius' el pasado junio. ÓSCAR CORRAL

Solo una semana después de la cumbre dedicada a la migración, los hechos confirman que Europa ha dado un enorme paso atrás en sus principios básicos, en su alma. Lo demuestran hoy las iniciativas fronterizas en Alemania y Austria. El pacto de los 28 es todo un triunfo de la antiEuropa porque se han impuesto las medidas de la extrema derecha, el nacionalismo y el neofascismo. En el dilema entre vidas y votos, Europa deja atrás uno de sus valores básicos: la defensa de los derechos humanos.


A la vista de los votos que la neofascista Marine Le Pen pescaba en la derecha francesa, el expresidente Sarkozy propuso en 2015 crear “centros de retención” de migrantes en el norte de África. Le llovieron críticas por usar armas propias de la extrema derecha. Ahora, la Unión Europea en su conjunto es la que acepta todo tipo de centros para estabular a quienes huyen del hambre y la guerra.

Las eufemísticamente llamadas “plataformas de desembarco” fuera de la UE constituyen el ejemplo obvio de que Europa ha decidido incumplir las normas más elementales del derecho internacional. A ellas serán llevados a la fuerza y encerrados los migrantes recogidos en alta mar. A partir de ahora, ¿con qué derecho podrá criticar Europa a Trump por construir el muro con México?

Aunque apenas se menciona, la cumbre ha enterrado una gran iniciativa de solidaridad boicoteada por los países del Este: el reparto por cuotas de refugiados. Con retrocesos como ese, los mandatarios han salvado el Gobierno de Angela Merkel, pero han condenado a mayores sufrimientos a los migrantes que ya se juegan la vida.

Lejos de amainar, las olas migratorias serán cada vez mayores, sobre todo por los efectos del cambio climático y la explosión demográfica en África. Por eso, en breve será insostenible la distinción, hoy consagrada por el derecho internacional, entre refugiados y migrantes económicos. Valen lo mismo las vidas de quienes huyen de las bombas que las de quienes son expulsados de sus casas por las hambrunas.

También por eso es inexplicable la actitud de Europa, el continente más rico del planeta que, por su baja natalidad, necesita migrantes para mantener su estado de bienestar y las pensiones. ¿No sería más razonable, y sobre todo más humano, que la UE pacte unas cuotas de admisión anual de migrantes y refugiados en lugar de buscar el rédito de unos votos a cambio de vidas en el muro mediterráneo? Hace 20 años que la propuesta está sobre la mesa.

Hace solo un año, Europa abría con esperanza un nuevo periodo de refundación. Hoy, atraviesa la que puede ser su más grave crisis, porque erosiona su cimiento más sensible. Merkel se ha percatado: “La migración puede decidir el destino de la UE”. Si la Unión mantiene el rumbo de la última cumbre, será su perdición.

Fuente: El País

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