"UN PAÍS FRAGMENTADO QUE SE DESARROLLA EN TRES VELOCIDADES"

POLÍTICA Por
Clases medias profesionales o altas globalizadas; una clase media baja, y otra que atraviesa una pobreza crónica. Así define el experto la situación social en la Argentina. Las raíces de este modelo y un llamado al diálogo abierto.
215698_01

Agustín Salvia es el director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) que apenas unos días atrás reveló que en nuestro país casi la mitad de los niños, niñas y adolescentes son pobres, en base a una serie de indicadores que involucran alimento y vivienda, pero también acceso a saneamiento, tecnología y actividades culturales. En una entrevista que publica hoy el matutino La Nación aporta su opinión sobre un país en el que “ningún sector está pensando a largo plazo”. Y anticipa que, en base a los datos que por estos días se están recogiendo en nuevas encuestas, el índice de pobreza va a crecer en 2018.

 

“La Argentina es un país fragmentado que se desarrolla o se subdesarrolla en tres velocidades. Una de clases medias profesionales y altas globalizadas, integradas al mundo del conocimiento y la información, con empleos regulares, plenos, ganando bastante por arriba de lo que pueden significar las canastas de pobreza o los salarios de algunos trabajadores”, sostuvo.

 

La otra velocidad es la de “los obreros o empleados calificados o semicalificados y cuentapropistas profesionales o semiprofesionales. Esta Argentina está dentro de los sectores que yo denomino vulnerables: una clase media baja en la que alguno de sus hijos se proyecta a la primera de las Argentinas mientras otro cae en el segmento más pobre. Esa Argentina hoy difícilmente mejore”.

 

Al otro tercio o cuarto de la Argentina -dice- “hay que situarlo dentro de la pobreza crónica. Esos pobres por ingresos tienen carencias de vivienda, servicios públicos, educación. No tienen seguridad social o directamente pasan hambre y carecen de una participación social plena”.

 

Para Salvia, el punto en común entre estos tres modelos es que ninguno “piensa un país a largo plazo” y todos están atravesados por lo inmediato.

 

El Observatorio “trabaja para mantener en la agenda de quienes consumen los medios de información el dato de que hay problemas sociales graves en la Argentina. Más allá de que después se usen a favor o en contra de un gobierno. Es importante saber que no estamos en un paraíso y que la responsabilidad es de todos”. Más adelante analiza que con la crisis de 2001 “existió la posibilidad de pensar un proyecto de país distinto, pero todo fue fácilmente devorado por las opciones que brindó el precio de la soja. Los grandes desafíos que tenía que construir la sociedad se postergaron en la medida en que había plata. Y en 2012, cuando se hizo público que había un 30% de pobreza, se demostró que la promesa kirchnerista tampoco podía seguir desarrollándose. Entonces devino un nuevo proyecto político, que a dos años de su instalación tuvo en estos meses su primer pequeño gran traspié (...)”.

 

Con respecto al acuerdo con el FMI evaluó que “tendría que haber sido evitable, porque junto con los beneficios vienen costos políticos, económicos y sociales. En ese sentido, es una mala noticia para una parte importante de la sociedad que no está bien. Pero es una buena noticia para un gobierno que no estaba en condiciones de autodisciplinarse y para una sociedad que fácilmente festeja los momentos de recuperación y le cuesta después el ajuste”.

 

Por último evaluó que este año el índice de pobreza va a crecer: “Todas las crisis consiguen que una parte caiga al tercer segmento social, pero ninguna de las recuperaciones logra ser lo suficientemente sustentable como para traccionar y sacar a la gente de esa situación de marginalidad. Por eso hablamos de pobreza crónica o estructural”. Y apeló, por último, a un diálogo abierto “que convoque a todas las fuerzas políticas y los sectores científicos a pensar un modelo de desarrollo”.

Fuente: Fernando García / La Nación

Foto: DyN

Te puede interesar