SER FELICES, AL MENOS, UN MES CADA CUATRO AÑOS

No es malo olvirase un poco de los problemas cotidianos y disfrutar de nuestra pasión futbolísitica
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El dólar sube, la bolsa cae, nuestro Seleccionado Nacional de Fútbol logra el tan ansiado pase a los octavos de final del certamen que se está disputando en Rusia. La pasión de los argentinos tapa, en parte, las diarias penurias. Pero, en definitiva, no está mal. Nuestra idiosincrasia es así, y debemos aceptarnos tal y como somos. Los cambios que el país necesita no van a venir de la mano de un estado de tristeza, sino, por el contrario, de la capacidad que tengamos para reconocernos como la unidad indisoluble que como sociedad somos. Con aciertos, errores, grandezas y flaquezas.


Ayer fueron muchos los que se dedicaron a criticar, a través de los medios masivos de comunicación y de las redes sociales, que el gobierno está usando la contienda futbolística mundial para correr el centro de atención de las vicisitudes económicas y financieras por las que atraviesa el país.


Sinceramente, no recuerdo, al menos desde el advenimiento de la democracia en 1983, a ninguna administración nacional que no haya aprovechado estos momentos de algarabía ciudadana. Y, en verdad, que no han hecho mal, habiendo pertenecido a cualquiera de las corrientes ideológicas que dirigieron los destinos de los argentinos, puesto que nada positivo hubieran aportado dándole la espalda a un sentir tan arraigado en nuestro pueblo como lo es el sentir futbolístico.


Los mundiales de fútbol se realizan cada cuatro años y duran, escasamente, un mes.


Estoy convencido que ese mes de alegría y desbordante pasión nos lo podemos permitir, sobre todo cuando a nadie le es ajeno que después la vida y el trajín diario siguen castigándonos como lo vienen haciendo desde hace muchísimos años.


Prefiero pensar que este descanso que nos damos de los agobiantes temas cotidianos, lo podemos tomar como unas “vacaciones” de esa realidad que está presente, pero que, por un corto lapso de tiempo, deja de tener urgencia y preponderancia.


Así como la mayoría de los ciudadanos que pueden darse, hoy por hoy, el “lujo” de irse de vacaciones a alguna playa veraniega o a las sierras, y olvidarse de los problemas que al regreso tendrán que enfrentar de manera inevitable, la alegría de que nuestro fútbol siga presente en Rusia, constituye, en definitiva, un “lujo” que también pueden darse quienes ni siquiera con los medios económicos como para tomarse un fin de semana de descanso alejados de los avatares cotidianos.


Parecería, por el incapié que muchos comunicadores sociales hacen, que los argentinos debemos siempre estar conectados con las tristezas y con una realidad que siempre nos es adversa. Esto vendría a ser como una especie de “condena” o “mochila” que debemos cargar por el simple y natural hecho de vivir en este suelo. Y la verdad es que, al menos en lo personal, no siento que el ser argentino tenga que considerarse como un sufrimiento eterno. Todos los países que están disputando la Copa del Mundo en Rusia, y aún aquellos que no llegaron a clasificar para esta instancia final, tienen problemas. Sin embargo, a ninguno de ellos, tanto gobiernos como ciudadanos, se les endilga el no querer ver la realidad como se hace acá.


No seamos tan severos con nosotros mismos. Permitámonos disfrutar a pleno de nuestra gran pasión. No permitamos que quienes intentan imponer la idea de que el gobierno de Mauricio Macri está tapando los problemas con el fútbol nos empañe la alegría de vernos, a la mayoría de los argentinos, triunfadores junto a nuestro Seleccionado.


Finalmente, seamos capaces de soñar y de darnos a nosotros mismos un buen motivo para ser felices. El fútbol es felicidad, es ilusión, es pasión: y una pasión no se puede explicar, sólo se la puede vivir experimentándola. Vivamos apasionadamente, como nos gusta, este momento, y no le demos oídos a quienes quieren hacer que el pueblo no tenga siquiera un motivo para sentir orgullo de nuestros colores albicelestes.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

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