Despenalización del aborto: la hora de las decisiones políticas

POLÍTICA Por
La llamada “libertad de conciencia” permitió abrir las puertas del Congreso para tratar el proyecto sin fracturar los bloques. Pero la cuestión de fondo hace a concepciones políticas sobre el sentido de la ley. Ese parece el camino por el que debería transitar el debate
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La hora del recinto para la despenalización del aborto empieza a correr hoy en un escenario cargado de cierto dramatismo, apenas insinuado en el arranque del trámite legislativo en Diputados y expresado finalmente en los muy ajustados pronósticos sobre la votación. El recurso de la "libertad de conciencia" resultó realista para evitar fracturas en la mayoría de los bloques, pero las vísperas de la votación exhibieron otro ingrediente: pesan decisivamente las consideraciones políticas y, en muchos casos, las cuestiones de conciencia quedan para el ámbito personal.

El debate interior en el oficialismo y en franjas de peronismo terminó expresando que las posiciones políticas –ideológicas o con pinceladas ideológicas-, la historia y también la reflexión sobre el impacto social de este debate no podían ser ahogadas en función de la idea inicial de restringir las posiciones a cuestiones de evaluación exclusivamente de índole íntimo. Y en ese punto terminaron gravitando reflexiones de fondo sobre el sentido de la legislación, de la que ahora está en debate y de cualquier otra.

En el caso de Cambiemos -en el PRO y fuertemente en la UCR-, ese último punto expresa un factor de enorme peso en las discusiones de los últimos días. Las razones de "conciencia" habían amortiguado inicialmente la discusión no orgánica pero sí, y en un sentido amplio, partidaria. Y recién después se buscó dirimir un punto central: si las consideraciones vinculadas con las políticas de salud y las relacionadas con el derecho de la mujer, entre las más sensibles, estaban o no por encima de la personal consideración frente al aborto.
Puesto así, el debate quedó instalado para un amplio grupo de radicales en torno de la razón de ser del proyecto, no ya acerca de las creencias u otras valoraciones personales, y contempló además el enorme significado político –precedido pero no limitado al hecho de haber abierto por primera vez el debate en el Congreso- y el significativo impacto social que tendría la votación en la Cámara baja.

Con matices, esa discusión sobre las valoraciones política se instaló en el macrismo. El Presidente reiteró en las últimas horas que nadie le preguntó cómo votar, más allá de su posición personal. Y las fotos de legisladores y funcionarios –primero, la postal de quienes están a favor del proyecto y luego, la de quienes se expresan en contra- expusieron tensiones por encima de la referida libertad de conciencia.


Marcos Peña dio un mensaje de tono unificador en las últimas horas, destinado especialmente a que la votación no deje fisuras profundas hacia el interior del oficialismo. El gesto, previsible, fue casi en paralelo con la definición pública no ya de legisladores, sino además de funcionarios que hasta ahora no se habían pronunciado.

El equilibrio es difícil de mantener. Ocurre que aún los más cuidadosos del frente interno comenzaron a evaluar si no era conveniente despegarse de la idea según la cual el hecho sin precedentes de abrir el debate podría resultar sepultado, en caso de fracasar el proyecto, por una reacción ácida de sectores duros de la oposición y también del amplio conglomerado feminista. Esa posibilidad sigue abierta, aunque el grado de compromiso inicial con el debate haya sido incrementado por el accionar de legisladores como Daniel Lipovetzky y por el trabajo interbloques que mostró en primera línea a diputadas de la UCR.


Ayer mismo, el paso de la condición de "indecisos" a la categoría de votantes del proyecto despenalizador anotó a varios diputados oficialistas. Nadie escondía anoche que fue resultado directo de conversaciones y debates internos de fuerte contenido político.

La historia y la cuestión doctrinaria también afectaron a sectores del peronismo. Es cierto que en el bloque kirchnerista amaneció mayoritario el respaldo al proyecto, bloqueado por disciplina partidaria en la era kirchnerista. Pero también lo es que esa decisión generó tensiones y disgustos con los sectores más vinculados a la Iglesia y cuyos referentes lucen sin disimulo –y muchas veces sobreactúan- la relación con Francisco.

No resultó un dato menor la dureza exhibida desde esos sectores en contra de la iniciativa que hoy llega al recinto de Diputados. Definiciones ásperas, con alusiones a un "falso progresismo", y también ideológicas circularon internamente en el peronismo. Fue público un documento firmado por exponentes con distinto recorrido (Carlos Menem, Jorge Capitanich, Hugo Moyano, Antonio Caló y varios jefes sindicales más, entre muchos otros), en rechazo al proyecto. La letra de la declaración hizo referencia a la doctrina peronista, con pinceladas de encíclicas.

Es probable que al menos en parte todos estos puntos de vista se reflejen en el debate que arranca hoy. Sin dudas, expresarían que la discusión, y seguramente las decisiones a la hora de consagrar los números en el tablero, va más allá de las consideraciones ajustadas estrictamente a cuestiones definidas como individuales en contraposición con las evaluaciones políticas.


En todo este proceso legislativo quedó anotado además un ejercicio absolutamente infrecuente: la búsqueda de acuerdos no atados a los bloques y más aún, el trabajo conjunto de legisladores sin corsé partidario. Muchos diputados lo han calificado como una suerte de transversalidad, sin sentido de cooptación de aliados y menos todavía de reconocimiento de liderazgos.

Es un interrogante si ese camino podrá ser recorrido en el tratamiento de otras propuestas de ley, pero resulta un dato en sí mismo que se han desarrollado relaciones personales hasta ahora impensables por prejuicios y por efecto de la "grieta", convertida en caracterización de la disputa política que conspira contra la lógica del tendido de puentes más allá de la competencia electoral.

Como sea, los diputados terminarán de escribir hoy un capítulo inimaginable hace apenas unos meses. Habrá que ver en qué termina la función. En cualquier caso, tendrá registro histórico: el debate es un hecho y la despenalización sería un enorme avance.

Fuente: Infobae

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