La política migratoria enfrenta a los conservadores alemanes

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El ministro del Interior cancela la presentación de su plan para el asilo por las diferencias con Merkel
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La paz entre los partidos conservadores alemanes condenados a entenderse en una alianza de Gobierno ha durado poco. Tres meses después de pactar un Ejecutivo con fórceps en Berlín, la canciller, Angela Merkel (CDU), y el ministro del Interior y líder destacado de los conservadores bávaros, Horst Seehofer (CSU), han reabierto las heridas causadas por sus diferencias en política migratoria.


Seehofer tenía previsto presentar este martes lo que ha llamado su “Plan Maestro de Migración”. Horas antes de la presentación, trascendió que las diferencias con la canciller le obligaban a cancelar el anuncio. En concreto, la pelea gira en torno a una polémica propuesta de los conservadores bávaros que la canciller rechaza: la CSU quiere que se impida la entrada a todo aquel demandante de asilo que llegue a las fronteras nacionales y que haya pedido asilo en otro país o haya sido expulsado de Alemania.


La medida equivaldría a sellar de facto las fronteras y establecer allí el control de las huellas dactilares que nutren la base de datos europea (Eurodac). Supondría además una reinterpretación unilateral y restrictiva del llamado reglamento de Dublín, que obliga a los refugiados a tramitar su solicitud de asilo en el primer país de la UE en el que hayan puesto pie, pero que también establece un procedimiento con garantías legales en caso de incumplimiento. Merkel, que defiende en Bruselas la reforma de Dublín, se opone sin embargo a una medida que enfrentaría a la canciller a sus socios de la Unión.

Seehofer ha preferido cancelar la presentación antes que publicar “un medio plan con compromisos débiles” que no incluyan las medidas que el líder bávaro considera “necesarias para restaurar la ley y el orden en Alemania”. El Plan Maestro, con el que el ministro del Interior aspira a reducir las entradas de migrantes y acelerar las deportaciones, incluye otros 62 puntos, entre los que destaca la creación de centros en los que se tramiten las peticiones de asilo de forma acelerada y en los que deberían permanecer los demandantes hasta que se resuelva su caso y desde donde partirían los que vayan a ser expulsados. De momento, esta idea ha tenido una limitadísima acogida entre los Estados federados alemanes que deben albergarlos.

Momento delicado

La bronca ha estallado en un momento político delicado, en el que buena parte del espectro político alemán parece dispuesto a sacar rédito electoral de los recelos que ha suscitado en Alemania la llegada de más de millón y medio de solicitantes de asilo en los últimos tres años. Alternativa por Alemania (AfD), la extrema derecha alemana, ha entrado por primera vez en el Bundestag con un discurso xenófobo y antiinmigración que le ha reportado el 13% de los votos en septiembre.

Más allá de los escaños conquistados, el discurso de AfD ha impregnado al resto de formaciones que temen que los ultras seduzcan a su electorado. “La señora Merkel no parece querer un cambio real en la política de inmigración, con controles y reglas”, tuiteó Christian Lindner, el líder liberal, muy crítico con la política migratoria de la canciller. En el caso de la CSU, el efecto contagio es evidente. En Octubre, Baviera celebra sus elecciones regionales en las que la Unión social Cristiana podría perder su mayoría absoluta debido al avance de AfD.

Mientras, los socialdemócratas (SPD) y el tercer partido miembro del Gobierno alemán, contrario a las tesis de Seehofer, ya ha anunciado que presentará su propio plan de migración, sembrando nuevas semillas para la discordia en la gran coalición alemana.

El debate político se produce además en un clima de indignación nacional después de que un demandante de asilo iraquí cuya solicitud había sido rechazada presuntamente asesinara a una joven de 14 años en Mainz, al oeste del país.

Fuente: El País

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