Es abogada, fue víctima de la mal llamada "pornovenganza" y, desde entonces, lucha contra la violencia digital

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Marina Benítez Demtschenko vivió una verdadera pesadilla. Conoció en carne propia los vacíos de la Justicia a la hora de castigar los delitos contra la integridad de las personas en Internet.
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Podrían haber ganado la vergüenza, la bronca, el miedo y la impotencia. Pero quiso la vida que Marina Benítez Demstchenko venciera incluso a sus fantasmas, y que resurgiera desde la oscuridad de la humillación para salir a luz más fuerte.

Esta historia comienza en 2012, cuando la prometedora abogada de La Plata se encontró frente a una de las tantas expresiones de la violencia machista. Su reciente ex comenzaba a violar su intimidad en las redes sociales, utilizando como herramienta principal fotografías íntimas de ella que tenía en su poder y cuya difusión nunca fue consentida. ¿Qué hacía con ellas? Generaba perfiles falsos de Marina en distintas redes, comenzaba a hablar con hombres que vivían cerca de la casa de ella, les enviaba a algunas de estas imágenes y les hacía creer que quería generar un encuentro.

"La idea era instarlos a tener encuentros conmigo. Yo no tenía idea de esto y me empecé a dar cuenta cuando estos hombres me cruzaban por la calle y me reconocían. Así surgió esta necesidad de investigar y de entender por qué en nuestro país esto no era un delito, -cuenta, en diálogo con TN.com.ar-. Me encontré con la imposibilidad de denunciar porque en la Comisaría de la Mujer me decían que no era un delito. Dada la circunstancia de ese vacío legal, empecé a ver cómo abordar esta situación que estaba viviendo, para ver cómo paliarla".

Pero la enorme carga emocional que vino con esta verdadera pesadilla, hizo que Marina sintiera la necesidad de escapar de alguna manera de la realidad que le tocaba vivir.

"Me hizo aislar de todo. Yo tenía mucho miedo, -recuerda-. No solo porque no sabía lo que mi ex les había dicho de mí sino también porque no sabía si alguno de ellos podía ir un poco más allá. No solamente era la exposición de mi sexualidad, era también la preocupación porque muchos conocían mis datos personales [...] Renuncié a muchísimas causas, porque no quería caminar por la calle, no quería estar más expuesta. Lo que subyace en este tipo de violencia es nuestra sexualidad expuesta y puesta a disposición de cualquiera"

El dolor y el miedo hicieron que Marina pensara en mudarse a San Juan. Pero algo en esa huida parecía no tener sentido. Y aún con sus temores a cuestas, decidió enfrentar la situación. "Cuando me vi caminando en el centro de San Juan dije: '¿Qué hago acá, lejos de todo?' Ese fue mi click. Dije: 'Vuelvo a La Plata y muevo cielo y tierra para que esto de alguna forma termine'. Es muy importante alcanzar ese empoderamiento para salir del círculo de la violencia'".

Ante la falta de respuestas, ella empezó a impulsar la lucha. Creó la Fundación Activismo Feminista Digital, una organización que lucha por erradicar las distintas formas de violencia en el ecosistema de digital, en particular, la ejercida contra las mujeres.

-¿Qué le recomendarías a alguien que padece alguna forma de violencia digital?

- Nosotras, desde la Fundación, siempre recomendamos la denuncia. Siempre. En todos los casos. Llegar a esa instancia siempre es muy difícil porque la Justicia es muy machista y lo primero que hace siempre es ponernos en duda. Para dar un ejemplo: fuimos a ver cifras y no hay. Estas son las famosas cifras negras. Esto pasa pero, como no se visibiliza, no insta al Estado a hacer políticas públicas al respecto. Como segunda recomendación, apuntamos muchísimo a la alfabetización digital de cada una de nosotras. La sobreexposición de dónde estamos, adónde vamos, hoy por hoy, en la sociedad que estamos viviendo y con la violencia que sufrimos las mujeres, es realmente peligrosa [...] Pero, lo más importante, es el primer impulso. Animarse a dar un paso hacia afuera y decir: "No me merezco esto. No tengo por qué padecerlo". Y eso es muy difícil aunque parezca que no.

-¿Cuántas formas de violencia digital hay?

-Reconocemos tres tipos, pero hay muchas más. Las primeras dos son la difusión no consentida de material íntimo y el acoso o el hostigamiento y la persecución en redes. Esto lo vemos muchísimo en casos que llegan a la Fundación, principalmente en chicas en una franja etaria de 16 a 20. Para la difusión no consentida, la franja etaria más recurrente de las víctimas es de 22 a 35 años en general. Finalmente, está el hackeo de redes sociales, que consideramos que es una forma de control, de monitoreo de los movimientos que la mujer decide reservar para sí.

-¿A qué se denomina específicamente sextorsión?

-Es importante diferenciar conceptos: sextorsión, difusión no consentida de imágenes íntimas y sexting. Penalizar el sexting es un error. Porque el sexting implica el intercambio de contenido sexual a través de dispositivos móviles, mensajería instantánea o cualquier plataforma. Uno emite, el otro recepta. Es parte del ejercicio de la sexualidad. No debiera ser penalizado nunca. Está amparado por el artículo 19 de la Constitución. La sextorsión es una modalidad de lo que ya es un tipo penal conocido, que es la extorsión. Se enmaraña a la víctima en una seducción para que brinde ese material íntimo. Se toma el material para extorsionarlo o pedirle algo a cambio para no difundirlo.

-¿Por qué se lucha por erradicar también la noción de pornovenganza?

-Solemos instalar mucho la idea de que no hay que hablar de pornovenganza, porque no deja de ser un término muy sexista. Como si el fundamento de la difusión de tu material íntimo tuviera base en el hecho de que me hubieses dejado hacerlo o de que te lo merecés porque disfrutás de tu sexualidad y entonces: "hacete cargo". Nosotros hacemos la analogía y decimos que es "la pollerita corta 2.0". No me podés endilgar un daño a mí misma que soy la víctima. En realidad lo que sí tenemos que hacer es apuntar de alguna forma a hablar del agresor y de cómo el machismo se apropia de las tecnologías de la información y la comunicación. Eso nos violenta de la misma forma que en el mundo offline o físico.

Como organización que aborda específicamente este tipo de delitos, Fundación Activismo Feminista Digital llevó adelante un relevamiento de los casos y su situación en la Justicia. Este trabajo arrojó que el 26,9 % de las denuncias por violencia digital se enmarcan en lo que se conoce como acoso virtual, mientras que el 73% son por la difusión no consentida de imágenes íntimas. ¿Cómo resulta el proceso judicial en estos casos? Sólo el 4% tiene sentencia condenatoria.

Para contactarte con la organización: https://activismofeministadigital.org/

Fuente: TN

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