No todo cierra con el FMI: el Gobierno busca distender el clima social

POLÍTICA Por
Sellado el crédito por U$S 50 mil millones, el oficialismo debe encarar ahora complejos acuerdos domésticos. Además de las tratativas con los gobernadores, se anotan en primera línea las negociaciones con la CGT y los movimientos sociales
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La reunión del Gobierno con el triunvirato de la CGT y otra decena de jefes sindicales sorprendió a mitad de semana por la velocidad de la convocatoria, pero no fue fruto de un arrebato sino de un cuidado tejido. En paralelo, pero al parecer sin tanta premura y con menos exposición, hay fluidos contactos desde Desarrollo Social con las principales organizaciones piqueteras. Son señales del camino que el oficialismo ensaya para bajar o contener tensiones sociales.

La batalla política por las tarifas y sobre todo el impacto de la crisis cambiaria habían encendido luces de alerta en el Gobierno. Y ya en momentos en que maduraban las tratativas con el FMI, algunas voces del oficialismo se encargaban de advertir que el éxito de esa negociación –el oxígeno financiero y el mensaje de respaldo internacional- no anularía renglones del resto del temario más apremiante.

Al contrario, el cierre del acuerdo con el Fondo está asociado a dos capítulos especialmente delicados y vinculados de manera visible al ajuste que viene o en rigor, que ya comenzó: la negociación con los gobernadores y la mayor atención al frente social. Está claro que cada uno de esos rubros tiene su propia dinámica, pero en los dos casos exigirían un enorme ejercicio de negociación por la propia estrechez del camino que perfila la economía.

Del mismo modo, resulta evidente que algunas previsiones venían siendo conversadas en el círculo presidencial. Y, con ritmos diferentes pero sin que sobre el tiempo, comenzaron a darle forma en las áreas más sensibles. Así como buena parte de la conversación con los jefes provinciales está a cargo de Rogelio Frigerio, el referente indiscutido para la relación con la CGT es Jorge Triaca, del mismo modo que ante los movimientos sociales el lugar es ocupado por Carolina Stanley, de creciente perfil incluso en las especulaciones que circulan para el año electoral que viene.


La cita con la CGT no marcó la desarticulación del muy conversado paro general, sino que entreabrió una puerta para seguir negociando y, en caso de que finalmente sea convocado, para tratar de que descomprima la interna sindical sin convertirse en el primer escalón de un "plan de lucha" creciente.
El encuentro, se ha dicho, fue precipitado por la presión que venía ejerciendo Hugo Moyano ante la falta de reacción pública del Gobierno. Pero nadie arma esa foto en un par de horas. De un lado de la mesa estuvieron el ministro Nicolás Dujovne, principal encargado del recorte; Mario Quintana, por la jefatura de Gabinete, y Ernesto Leguizamón, en representación de Trabajo. Y del otro, Juan Carlos Schmid, Héctor Daer, Carlos Acuña y otros referentes cegetistas. Triaca estaba en Ginebra, en una cita del OIT, y ya de vuelta en Buenos Aires estará muy atento a los contactos de aquí al martes, día previsto para una nueva cita con la CGT.

El temario llevado a la reunión por los jefes sindicales, sintetizado en cinco puntos en un prolijo comunicado posterior, pone sobre la mesa reclamos de distinta naturaleza. Tres de ellos tienen que ver directamente con las fuentes de trabajo y el bolsillo: paritarias sin techo, un decreto para que el medio aguinaldo de julio no sufra la poda del impuesto a las Ganancias y alguna forma de acuerdo para frenar por 60 días despidos en el Estado y en el ámbito privado.

Las paritarias, de hecho, están sumando un paso intermedio en el esquema de dos tiempos que vienen anotando los acuerdos con 15% de aumento y cláusula de revisión atada finalmente a la inflación anual. En el medio, el Gobierno dispuso sumar 5 puntos al porcentaje inicial, desmadrados como están los cálculos de inflación.
El techo de las paritarias es un tema central en disputa, aunque resulta en principio una cuestión de señal económica. En la práctica, los gremios apuestan a la rediscusión posterior en las negociaciones con las entidades empresariales de cada actividad. En el caso de los despidos, en cambio, algo de eso quedó ya establecido en la paritaria cerrada hace menos de una semana con los estatales de UPCN.

Los otros dos ítems planteados por la CGT hacen más a la estructura propia de los gremios. Uno, pasa por asegurar el flujo de fondos para las obras sociales. Y el otro apunta a garantizar que no se toque ni una coma de la ley de Contrato de Trabajo, uno de los pilares del esquema del sindicalismo tradicional. Nada de esto último asoma en los podados proyectos de la llamada reforma laboral que esperan turno en el Senado.

En paralelo, las conversaciones con los movimientos sociales recaen en Stanley, cuyo ministerio ha sumado además algunos planes que antes correspondían al área de Trabajo. La ministro maneja el diálogo con esas organizaciones de manera personal según el caso y casi en continuado por intermedio de sus funcionarios.
En estos días, el diálogo recorrió las "segundas líneas", más allá de las expresiones de protestas que se repiten. La última demostración en las calles corrió por cuenta del denominado "tridente de San Cayetano", es decir, la CTEP, la Corriente Clasista y Combativa y Barrios de Pie, cuyos jefes son habituales interlocutores de la primera línea de Desarrollo Social. Tal vez no falte mucho para que todos se sienten alrededor de una misma mesa en el ministerio.

Para algunos de esos referentes no debe haber pasado inadvertida la ausencia de la ministro durante la semana pasada. Stanley viajó a Roma con María Eugenia Vidal y con Federico Salvai: fueron recibidos en audiencia privada por el papa Francisco. La ministro, la gobernadora y el jefe de gabinete bonaerense tienen una vieja relación con Bergoglio, iniciada cuando transitaban el ámbito porteño.

No es un dato menor. Todo podría sumar para distender el panorama social.

Fuente: Infobae

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