Lo peor no pasó y los inversores velan las armas

ECONOMÍA Por
Se respira una tensa calma. Pero reina un clima de optimismo. Se descuenta que la ayuda del FMI vendrá sí o sí. Claro que todos quieren ver la letra chica, amén de cuánto desembolsará. ¿Aprovechará la nueva oportunidad?
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Que lo peor no pasó no hay duda. Se ganó tiempo. Está claro que el clima mejoró, sobre todo por el lado externo. Se despejaron algunos nubarrones pero la tormenta sigue acechando. Como advierte un conocido economista cercano al Gobierno, los "velociraptores", en referencia a los tenedores de Lebac, siguen merodeando la puerta de salida del Parque Jurásico. Y ni qué hablar de los "Tyrannosaurus Rex", aquellos que tienen Letes en dólares, que ante la menor estampida olfatean sangre y salen en manada. Y algo de esto ya se vio el mes pasado. En Lebac hay casi el equivalente al 97% del actual stock de reservas internacionales (u$s50.213 millones). Pero a esto hay que sumarle otros u$s17.000 millones en Letes. Solo para tener una idea de las magnitudes en juego.

Por lo pronto los inversores, que aún lloran las pérdidas acontecidas, dan un respiro vislumbrando un exitoso desenlace de las negociaciones con el Fondo Monetario. Esto es, que el monto acordado no sea inferior a los u$s30.000 millones (de ahí el entusiasmo de algunos al rumorearse que se acercaría a u$s40.000 millones) y que el mix de políticas sea viable.

"Todo el mundo está expectante hasta ver los términos del acuerdo", señalaba ayer un gestor de fondos emergentes desde su escritorio en San Francisco, EE.UU. a este diario. Los fondos de inversión internacionales no solo le prestan atención al monto sino a las medidas de política que se deriven del acuerdo y los detalles acerca de su implementación. Por ello, "la clave va a estar en lo que se haga luego de obtener el financiamiento", destaca el gestor consultado que tiene un porción importante de activos argentinos en su cartera y es asiduo participante en las colocaciones de deuda soberana criolla. Claro que, aclara, el financiamiento otorga un paraguas para implementar los cambios necesarios para recuperar la confianza de los inversores.

Al respecto, siguen las quejas sobre el tema impuestos para los inversores del exterior. Sin embargo, nada empaña el sentimiento de un cauteloso optimismo. Para el Fondo no es simpático quedar nuevamente "pegado" a una hecatombe argentina. Tampoco puede hacer la vista gorda ante el crisol del resto de los países miembros. Por eso se descuenta no solo la buena disposición de los jerarcas del FMI, sobre todo los vinculados a la región, sino que el acuerdo será tarde o temprano un hecho. Quedará para después evaluar la viabilidad y los costos inherentes. Pero fundamentalmente lo que mantiene en vilo a mercado es si el Gobierno de Cambiemos aprovechará esta nueva oportunidad para hacer lo que no quiso encarar en 2016 tras asumir y que como algunos venían advirtiendo el diseño macro elegido terminó generando unos desbalances históricos tanto de la cuenta corriente como del flanco fiscal. La corrida cambiaria fue solo el reflejo de la pérdida de confianza de los inversores sobre la macro argentina. Se estaba a solo un paso del "sudden stop", o sea del abrupto freno al ingreso de capitales del exterior. Llegó finalmente y la debilidad macro se exteriorizó en la pérdida de reservas del BCRA. Ahora todo está en manos de la buena voluntad del Fondo y de otros "amigos" como el BID, BIRF, CAF y China.

Ahora, más allá del monto, que es clave, los inversores de mercados emergentes preguntan si el Gobierno de Macri tendrá el apoyo político para cumplir con el programa que pacte con el FMI. No les preocupa tanto la inflación como sí el crecimiento. A la hora de evaluar si continuará la sangría, los expertos consideran que dependerá de la contundencia y tamaño del apoyo financiero, además del compromiso político con el ajuste y las posibilidades de evitar una recesión. ¿Tendrá tiempo el Gobierno? es lo que sobrevuela en el ánimo de los inversores. Si hace el ajuste se hipoteca el segundo semestre y si todo sale bien podrá aspirar a que la economía se reactive en el primer trimestre en pos de las elecciones. Pero no todo se acaba con el FMI, porque desanudar el tema de las Lebac y sobre todo de la alta tasa de interés no es sencillo. Las presiones inflacionarias continuarán de la mano de los ajustes en los combustibles. A diferencia de otras negociaciones esta vez la situación argentina encuentra consenso entre lo que le pedirá el FMI y lo que se debe hacer. Pero aún no está claro que el tiempo juegue a favor, y menos, en medio de una puja electoral que puede ser apoteótica. Algunos apuestan a que el "pass trough" haga el trabajo sucio, o sea, lo que no se pudo lograr con crecimiento.

Fuente: Ámbito

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