Lealtades contradictorias en el debate por el aborto

OPINIÓN Por
La transversalidad de la discusión por la despenalización total del aborto genera algunos cruces interesantes, uniendo a los que no se pueden ver y distanciando a los que suelen estar juntos.
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La política argentina es un loquero para el que no la sigue de manera habitual. Lejos de parecerse a las novelas de la siesta que estiran su guión de manera insostenible, los giros de la trama política hacen que ocurran las más inesperadas contradicciones, que aún en la chatura habitual tienen cruces de lo más llamativos.
El tema de la despenalización total del aborto sobrevuela en las discusiones de todo tipo. Lo conversan las familias en los almuerzos del domingo, los amigos en el asado después del fútbol de la semana, las escuelas en sus aulas y las mujeres en distintos ámbitos. Aunque la presencia en redes sociales magnifica su importancia, la realidad indica que hoy es un tema que cruza todo el espectro ideológico.
Esa transversalidad genera algunos cruces interesantes, poniendo del mismo lado a algunos que por otras cuestiones no se pueden ver o distanciando a los que encuentran puntos en común respecto a otras discusiones.
Las marchas de los que están a favor del proyecto suelen movilizar a los sectores más radicalizados de la izquierda y el feminismo, que muchas veces no entienden qué significa eso de persuadir a la gente, esperando que todos acepten la imposición de su punto de vista.
Por eso más de una vez combinaron reclamos a favor del aborto y de los derechos de la mujer con otros en contra del FMI, el ajuste y el tarifazo. En sus argumentos faltó cerrar el círculo diciendo que las mujeres deben abortar o pagar el gas y la luz, o que el ajuste brutal del FMI y la deuda centenaria las obliga a elegir. Quizás sólo sea cuestión de tiempo para que lo digan.
Pero como la izquierda no es monolítica (en todos los sentidos que se le pueda asignar a dicha expresión) su rama papal-eclesiática comparte la crítica al FMI y su cercanía a las clases populares, pero rechaza el aborto. A su entender, el ajuste del pueblo trabajador incluye un plan de diezmar a la población impidiéndole reproducirse, una especie de “rifle sanitario” por otros medios.
Tal vez por eso el Papa Francisco manda a sus esbirros a pronunciarse por él, incluso para darle su apoyo a la ex presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, viuda de Néstor, el que pagó la deuda con el Fondo y habilitó al actual gobierno a ir a golpear las puertas del organismo internacional.
Aunque siempre estuvo en contra del aborto, aparentemente Cristina esta vez votaría a favor (en el caso de que el proyecto salga de diputados) porque el viento sopla para otro lado.
La postura de la ex presidenta sería plenamente opuesta a la del gobierno de no ser por que la mitad de los ministros y legisladores se han pronunciado a favor del aborto como una cuestión de extensión de derechos y libertades.
Los que se oponen a la expansión de las libertades son casualmente los ruidosos libertarios, fervientes opositores al aborto, porque todos sabemos que acá se habla de liberales que en realidad son conservadores.
Esos mismos son los que se arrancan los pelos por el pedido al FMI, pero principalmente porque hay que bajar el gasto, no financiarlo afuera. Los más culposos sostienen que legalizar el aborto significaría un incremento en el gasto público incompatible con la reducción del déficit. La necesidad de encajar todas las pequeñas convicciones en un relato holístico los lleva a pronunciar argumentos como ese, comparable al disparate que esboza la izquierda piquetera católica de que quieren reducir la pobreza haciendo abortar a las mujeres pobres.
Por supuesto que toda esta discusión tiene un límite. En decir de Perón, la única verdad es la realidad. Los tiempos cambian, las sociedades evolucionan y las restricciones son otras.
Aunque el aborto y el FMI sean temas de unión o división entre los distintos sectores, la situación indica que el primero está lejos de ser un determinante de lealtades y apoyos político-electorales, mientras que el segundo tampoco inclina la balanza de los apoyos preexistentes. Pero -pese a ello- nos permiten entretenernos con los giros de la trama en la discusión diaria, con las contradicciones agregando sabor a la disputa.

Fuente: Diario Alfil

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