La ofensiva del PJ tuvo mucha prensa, pero pocos resultados

OPINIÓN Por
Siete días de política. El intento de rebajar las tarifas monopolizó por unos días la agenda mediática y permitió al peronismo derrotar a Macri en el Senado, pero murió con el veto. El gobierno optó por confrontar.
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Después de sufrir un intenso bombardeo por las tarifas el gobierno barrió los vidrios rotos y siguió adelante. La izquierda, los sindicatos y los piqueteros fueron a la Plaza de Mayo dos días más tarde a protestar por el ajuste. Después de que se retiraron el gobierno barrió el lugar y siguió adelante.

Nada cambió sustancialmente, porque detrás del espectáculo cien veces visto hay una realidad invariable: al gobierno no le hacen daño ni el Congreso, ni el peronismo, ni los "organismos" de derechos humanos, ni las marchas, ni los exaltados que aseguran que el de Macri es el "proyecto satánico". Le hace daño la economía, la inflación, la caída de la actividad. Por eso ajusta; para impedir que el daño se extienda.

La oposición volvió a la vida con la incertidumbre cambiaria y la devaluación, pero las desventuras de Macri no cambian el hecho de que representa la misma alternativa rechazada por los votantes en las dos últimas elecciones. Que se ponga combativa en lugar de complaciente es un fachada que el votante distingue del resto de la construcción. Por eso la imagen presidencial cayó sin que mejorase como contrapartida la de la dirigencia opositora. En ese sentido podría decirse que tuvieron suerte de que Macri tropezara, pero no la suficiente como para poder aprovecharlo.

Esta especie de equilibrio de indigencias ha puesto en duda el plan reeleccionista de Macri y lo ha obligado a cambiar de estrategia económica y política. No sólo a abandonar el gradualismo; también a remodelar su relación con el PJ.

Apenas percibió que la macroeconomía comenzaba a dar señales de rápido deterioro, el peronismo hizo dos cosas: unirse y adelantar la campaña electoral. El resultado de la unión fue la sanción de una ley para reducir las tarifas con un alto costo fiscal. Macri la vetó a las pocas horas de ser aprobada. Fin de la historia, porque la oposición no tiene los dos tercios necesarios en las dos cámaras del Congreso para insistir con la sanción.

El presidente reseteó su estrategia. Abandonó el "buenismo zen", el optimismo que suena cada vez más bizarro, y optó por acusar al PJ de oportunista, irresponsable y mentiroso. Le habló directamente a la gente. De la controversia con la dirigencia peronista dejó a cargo a sus voceros parlamentarios. El mensaje fue simple: la mentira es peor que afrontar el ajuste.

Ante el cambio de las reglas de juego el peronismo se realineó. El componedor Miguel Pichetto no tuvo más remedio que pasar a la oposición antes de que su bloque se desarmara. Los gobernadores cuyo mandato solía invocar desaparecieron de escena. Terminó votando junto a Cristina Kirchner. Siguió los pasos de Sergio Massa y terminó en los brazos de la ex presidenta.

Este fuerte giro provocó situaciones surrealistas. El peronismo no defendió en el debate el proyecto "massista" de baja de tarifas; se limitó a denunciar una difusa "crisis" terminal de la economía.
El oficialismo, paradójicamente, apoyó un proyecto de Pichetto que rebajaba a la mitad el IVA a las tarifas. Otra paradoja: había dos iniciativas para beneficiar a los consumidores, pero el aumento no fue tocado. Se trato simplemente de una lucha de poder en la que los usuarios sólo tenían el papel de espectadores. La puesta en escena duró más de doce horas de blablablá en la Cámara de Senadores sin ningún resultado positivo.

Llamativamente el mensaje más duro de Macri contra el proyecto fue pronunciado desde Salta, adonde se encontró con Juan Manuel Urtubey que fue hasta no hace mucho la esperanza blanca de la "renovación" peronista. Más aún, Pichetto había compartido con Urtubey una semana antes una tribuna en la que se propuso la "renovación" y el cambio generacional, mientras la realidad mostraba que las caras visibles del PJ siguen siendo Cristina Kirchner, Barrionuevo, Rossi, etcétera.

La cara invisible, en tanto, es la de Eduardo Duhalde que intenta en la mayor reserva reconstruir la oposición desde la estructura partidaria. En síntesis, la escapada del dólar no cambió lo fundamental: el peronismo ve abierta una ventana de oportunidad con el debilitamiento de Macri, pero para aprovecharla están los mismos dirigentes que permitieron la llegada de Macri al poder. O como decía Perón: "No es que nosotros seamos buenos, es que los otros son peores".

Fuente: La Prensa

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