¿UN PAÍS QUE SE DES PEÑA?

EDITORIAL Por
El gobierno se afirma en su relato mientras la realidad va socavando las bases de la estructura económica. Vuelven al candelero expresiones de triste recuerdo, como blindaje, Fondo Monetario, desabastecimiento, cadena de pagos, corralito
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Pocos días antes de que la economía se desbarrancará estrepitosamente, dejando a su paso miseria, desolación y muerte, el presidente Fernando de la Rúa nos decía que se iniciaba una etapa maravillosa para los argentinos.

Ahora el gobierno, en la cuerda floja porque partió de presupuestos equivocados y luego todo le salió mal, nos dice que no hay por qué preocuparse. Lo refirmó el presidente Macri luego; todo está bien según él.

Y estos días ganó puntos porque quienes poseían Lebacs las renovaron, y hasta con creces. En materia de sentimientos económicos y financieros esa es una carta valiosa, porque permite desacreditar a los apocalípticos y sostenerse en sus posiciones. El poroto obtenido tuvo entre sus consecuencias una baja importante del Riesgo País.

Pero si se va a la trastienda, el éxito real, no el psicológico, se desdibuja. Para llegar a ese resultado el BCRA tuvo que recurrir a medidas que significan parches bastante flojamente pegados a la tela, por decirlo suavemente.

Desde principios del 2017, los bancos estaban obligados a mantener en caja una cierta porción de los depósitos. Concretamente, el 22% de los depósitos a la vista y el 16% de los depósitos a plazos debía quedar inmovilizado en las cajas fuertes de las instituciones. Esta medida resultó consecuencia de la autorización a los bancos a intercambiar efectivo entre sí, en vez de hacerlo exclusivamente con el Banco Central.

Ahora, los porcentajes referidos, se achicaron en 2 puntos porcentuales. Esto dejó libre a las entidades una inmensa masa de dinero por la que no obtenian ningún rédito. Pasar de nada a una tasa del 40% sin duda era un buen negocio. Y lo aprovecharon.

Por otro lado, fondos (¿buitres?) amigos de Caputo compraron bonos BOTE, por un monto de alrededor de 76 mil millones de pesos, equivalentes a unos 3 mil millones de dólares, dividiendo por mitades esa suma entre dos variantes: una con vencimiento en 2023 y otra que culmina en 2026, con tasas que resultan de 20% y 19,5% respectivamente.

Como el dólar no va a estar clavado por mucho tiempo, y la inflación va a superar este año largamente el interés que pagan esos bonos, no se entiende el negocio de estos fondos que se van del dólar para ponerse a la tasa en pesos. Néstor Pitrola dio una explicación para una movida tan incomprensible. Dijo que lo que pusieron esos fondos no son dólares frescos sino bonos devaluados que tenían en su poder y se los tomaron a valor nominal para permitirles hacer un gran negocio y a la vez mostrar que hay quien cree en el peso. Una versión de otro lado dice que -en las sombras- hubo un convenio de recompra temprana. Esto parece confirmarse. De ser así estaríamos frente a una maniobra desastrosa para el país, posiblemente delictuosa.

Tanto Luis Zamora como Guillermo Moreno, actores políticos extremadamente alejados en lo ideológico, coincidieron, en entrevistas separadas, que no hay nada que festejar con esta renovación. Ambos señalaron lo catastrófico que representan las Lebac pagando tasas del 40%. El primero puso el acento en las masa de dinero en intereses que esa tasa representa, porque no hay otra forma de pagarlas que con emisión a escala insostenible.

El exsecretario de Comercio, por su parte, advirtió que semejantes tasas cortaban la cadena de pagos, y tornan imposible para las fábricas y el comercio el cálculo de sus costos. Sin costo tampoco hay precio, y Moreno anunció un desabastecimiento de alimentos que ya comenzaba a impactar fuerte en la Patagonia, donde habrían comenzado a faltar los alimentos.

En todo caso, como la mayor parte de las Lebac son a 30 días, la angustia se renovará el mes próximo, y ya no existirán los remedios empleados esta vez. Si no se detienen las sangrías derivadas del turismo al exterior, la avalancha de importaciones y la compra de divisas para atesorar o enviar a refugios del extranjero, los problemas financieros y sus repercusiones en la economía real no sólo se manifestarán nuevamente sino que lo harán de manera amplificada.

¿Logrará el gobierno remontar esta situación? No solamente no se advierte el modo en que podría hacerlo sino que -asombrosamente- continúa con un relato insostenible. Y esto presagia horas oscuras para la República.

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