CHAPU 0,1,2,3 PROBANDO, PROBANDO

EDITORIAL Por
Aquí te pongo cinco mil palos verdes, y te los vendo a 25 mangos. ¿Te quedás? Te pago tasa de 40%. ¿Te animás a invertir en pesos a largo plazo? Te ofrezco tasa fija de 16% a 5 años, que se te hace el 20. Dale, no me dejes solo
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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El monetarismo es una línea de pensamiento que, en lo que hace al desenvolvimiento de la economía, pone más fuerte el acento en los fenómenos monetarios, esto es, el dinero.

En particular, para quienes adhieren a esta doctrina, la inflación no es mas que un reflejo de una excesiva cantidad de dinero circulante.

Semejante visión no está exenta de lógica, por cuanto es fácil entender que si hay dinero en exceso respecto de los bienes que se pueden comprar con él, al precio corriente, esto es cuando la demanda supere a la oferta, los precios tenderán a aumentar.

Sin embargo esta no es una verdad absoluta, ya que no toma en cuenta que una suba paulatina y moderada de la demanda inducirá a quienes elaboran los bienes que ofrece el mercado a ampliar sus unidades productivas para atender ese creciente requerimiento, manteniendo los precios.

Como fuere, la idea de combatir la inflación restringiendo el dinero no suele dar los resultados esperados: la reducción de la demanda produce el cierre de comercios y el exceso de inventario en las fábricas, lo que a su vez genera desempleo. Además, las menores ventas hacen que los costos fijos de producir y comercializar incidan en mayor medida sobre el precio final de los productos, contrarrestando el efecto antiinflacionario que pueda derivar de “secar la plaza”, como se denomina la eliminación del circulante que se considera excesivo.

Los monetaristas insisten en un punto íntimamente conectado con esta problemática: el déficit fiscal. Existe esta situación cuando al Estado no le alcanza el dinero que recauda a través de tasas e impuestos para pagar sus gastos. Entonces, normalmente, recurre a la emisión de dinero, generando la condición de exceso de liquidez, que conduce a la inflación.

Las autoridades asumidas en diciembre de 2015 detestan tanto la inflación como el déficit fiscal. Y desde el mismo momento en que tomaron las riendas del gobierno se lanzaron a enfrentar ambos problemas. Como la ciudadanía experimenta en los dias que corren, fracasaron rotundamente. Tanto la inflación como el déficit que dejó el kirchnerismo, aumentaron.

La manera en que ellas encararon esos problemas consistió en pedir dinero prestado en el exterior. El gobierno kirchnerista, sacrificadamente venía pagando la deuda externa, renegociada por Néstor Kirchner en 2005, aunque una parte de los tenedores de bonos argentinos había quedado fuera del acuerdo. Con tropiezos y litigios esa deuda se iba reduciendo.

A partir de la nueva administracion se produce un vuelco radical en la situación, dado que el presidente Macri, que se hace cargo, decide el pago inmediato y sin discusión de lo reclamado por fondos de inversión que habían comprado los bonos por precio vil a los tenedores originales, y exigían no solamente el pago a valor nominal sino los intereses respectivos. Esto sumaba alrededor de 15 mil millones de dólares.

Arreglando de ese modo, la Argentina mejoró su concepto en el ámbito internacional, y se le abrieron las puertas al crédito. A partir de allí el país colocó deuda externa por una suma que puede estimarse en el rango que va de los 120 a los 140 mil millones de dólares.

Las autoridades, siempre bajo la idea de que la emisión para suplir el déficit operativo del Estado es el mayor enemigo de la economía, usaron una parte muy importante de ese dinero para atender los gastos corrientes.

Pero dado que esos gastos eran en pesos, se hizo necesario cambiar los dólares por nuestra moneda. Para ello se requería emitir, o sea caer nuevamente en lo que tanto se criticaba. Se hacía necesario entonces neutralizar ese dinero extra que se ponía en circulación y para ello el Banco Central lanzó los famosos LEBAC, que no son otra cosa que pagarés que emite el banco, con diferentes vencimientos, pero con predominio de plazos cortos -un mes- y pagando intereses que fueron inicialmente muy altos y subieron mucho desde entonces, hasta llegar -hoy- a más del 40%, lo que implica que lo que se paga en la calle puede ser de hasta el doble de esa cifra.

Así llegamos al momento actual, en el que el sistema estaba y está enfrentado a una situacion de salida imposible o poco menos.

Se fueron en menos de un mes alrededor de 10 mil millones de dólares, que lanzó el Banco Central a un mercado que los demandaba y, que, de haber escasez, harían elevar la cotización de la divisa a niveles que -en una economía que requiere muchas importaciones no solamente en productos de consumo sino en insumos industriales- se reflejarían contundentemente en el nivel general de precios, esto es, en inflación.

A pesar de tal sangría de dólares la cotizacion creció subió, desvalorizando el peso en alrededor de un 20% en pocas semanas. Simultáneamente las tasas de las LEBAC siguieron al alza.

Esta nota se escribe al anochecer del día martes, en que vencían más de 670 mil millones de pesos en Lebac y el Banco Central debía enfrentarse a que los tenedores de esos papeles no los renovaran y se volcaran a la compra de dólares. La oferta del BCRA de poner sobre la mesa 5 mil millones de los billetes verdes para ofrecerlos a quienes quisieran comprarlos, y los elevados valores del dólar y la tasa, sirvieron para contener la corrida. En aras de aportar a ese propósito la autoridad monetaria lanzó además un nueva emisión del bono llamado BOTE, a cinco y ocho años, en pesos, a tasas fijas del 16 y 15,5% respectivamente.

Y así logró que fondos del exterior entraran con más de 76 mil millones de pesos a esos bonos, que por ofrecer un precio menor al nominal, terminan obteniendo cuatro puntos más que los referidos. Además, las Lebac se renovaron, incluso en exceso.

¿Triunfo del equipo oficialista? Se verá. El BCRA resignó 800 millones de dólares y para los BOTE ingresaron otros 3.000 millones. Todas esas divisas fueron absorbidas por el mercado, lo que muestra que sigue habiendo una enorme avidez por la moneda norteamericana.

Con una inflación mayor que las tasas BOTE, el negocio de los inversores externos solamente podría funcionar con un precio del dólar clavado, o en baja, y la inflación también en descenso. Si ellos ponen su dinero en este juego se supone que sabrán por qué lo hacen. A mí se me pelaron los cables. Ampliaremos, como suele decir el pintoresco y siempre bien informado Jorge Asis.

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