El fin del gradualismo cambió el escenario electoral de 2019

OPINIÓN 13/05/2018 Por
Siete días de política. La estrategia que permitió el triunfo de Cambiemos en 2017 ya no es viable. La única forma de evitar una crisis es el ajuste. El peronismo no es competitivo, pero puede generar turbulencias
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La corrida cambiaria de los últimos 15 días puede resumirse con dos lugares comunes: efecto mariposa y "déja vu". Efecto mariposa: una decisión tomada a miles de kilómetros de distancia -la suba de tasas en los Estados Unidos- repercutió aquí bajo la forma de una fuga de capitales financieros que volaron hacia el dólar. Esos dólares habían permitido al gobierno postergar correcciones macroeconómicas imprescindibles. También derrotar en las elecciones de medio término (contra todos los pronósticos) al peronismo.

El "déja vu" fue, por su parte, consecuencia del ya muchas veces sufrido "estrangulamiento del sector externo" como lo llaman los economistas. La Argentina necesita más dólares de los que produce para reactivar la economía. También para usarlos como ancla contra la inflación. Pero lo que estaba barato se encareció súbitamente. A Mauricio Macri no le quedó otro remedio que salir a buscar dólares baratos al lugar más temido, el Fondo Monetario Internacional, el único prestamista que puede financiar al país a una tasa pagable. Las condiciones que ponga para hacerlo son otra materia.

La repercusión política de este cambio de condiciones financieras también puede ser resumida simplemente: si Macri después de octubre tenía un 70% de probabilidades de conseguir la reelección, ahora tiene 30%. Esto ha revivido a los sectores peronistas más desgastados y seguramente tendrá un efecto nocivo sobre la gobernabilidad. En su versión de mayor riesgo la resurrección de los derrotados de octubre podría conducir a una crisis. Por eso Macri intenta asegurarse en Washington el financiamiento imprescindible para terminar el mandato.

En su versión más benévola el "revival" peronista consistirá en un adelantamiento de la campaña electoral y la transformación del Congreso en un campo de batalla como quedó a la vista el miércoles último con la aprobación de una rebaja de las tarifas que aumenta el déficit fiscal en por lo menos 80 mil millones de pesos. La ofensiva de la mayoría opositora se produjo en plena corrida y mientras el gobierno intentaba llevar tranquilidad a los mercados.

¿Tuvo causas locales la escapada del dólar? Sin duda, aunque de menor peso que la suba de tasas. Entre ellas, la devaluación poselectoral, el abandono de las metas de inflación previstas en el presupuesto y el pataleo de Elisa Carrió y de los radicales por las tarifas que puso en marcha al PJ. Curioso destino el de los radicales; armaron un escándalo para transferirle a Macri el costo político de las tarifas y terminaron apoyando el regreso al FMI sin chistar ni ser consultados. Pero el problema no es la UCR si no el dólar que el viernes alcanzó los 24 pesos.

El salto devaluatorio oscurece el panorama electoral de Macri por causas que serán difíciles de revertir en el corto plazo. Los sueldos serán por un buen tiempo los mismos del dólar a $ 17,50, las tarifas subirán y la inflación otro tanto. Efecto lógico: disminución del consumo, baja de la actividad económica y menor creación de empleo.

Es ilustrativo comparar el proceso actual con la experiencia kirchnerista. Néstor recibió el poder con la economía superajustada por Eduardo Duhalde. Los superávits gemelos fueron consumidos por él y por CFK para consolidarse electoralmente. El desastre macro les permitió ganar las elecciones de 2005 y 2007. En 2009 perdieron; su reacción fue redoblar el gasto y clavar el dólar.

En dos años el salario aumentó un 50% en dólares. La consecuencia: un éxito electoral espectacular en 2011, pero inmediatamente tuvo la presidenta que establecer el cepo para parar la hemorragia de divisas. Trató de recuperar el crédito y le pagó al CIADI, al Club de París y a Repsol, pero no logró salir del default ni conseguir un solo dólar a tasas razonables.

Sin dólares la economía vegetó y ella perdió las elecciones de 2013 y 2015. Sólo consiguió un préstamo de China y entregó el poder sin reservas y con pocas deudas. Moraleja: el acceso a los dólares para que la economía funcione tiene consecuencias inevitables sobre la suerte electoral de quien gobierna. Cuando el sector externo tiene un "estrangulamiento", la política lo siente.

No todo, sin embargo, parece perdido para el oficialismo. La muchas veces profetizada catástrofe por factores externos se produjo lejos de las elecciones. Macri tiene un año y medio para remontar.

El mismo plazo resulta, en cambio, exiguo para que los peronistas alumbren un candidato competitivo, aunque las penurias sin cuento que esperan al gobierno, resulten un estímulo para que lo intenten.

Fuente: La Prensa

Redacción

Daniel MAKENA. Jefe de Redacción

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