EL FONDO QUE NOS DESFONDA

EDITORIAL Por
Sin tiempo ni para meter una caja de Chocoarroz en su maleta, el ministro debió partir raudamente a Washington a tocar el timbre en el 700 de la calle 19 del NW. Allí pasó la gorra y volvió al toque a llevarle lo conseguido al jefe. No sabemos qué obtuvo ni para qué servirá
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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A muchos argentinos, la mayoría podría decirse, nos eriza la piel la posibilidad de caer en las redes del FMI. Otros no lo ven con tan malos ojos, ante la evidencia de la extrema precariedad de las finanzas estatales. A la fuerza ahorcan.

 

Pero el debate principal no debería estar allí sino en otro lado: para qué se pide la asistencia crediticia del Fondo.

Es sabido que esa institución no presta para programas de desarrollo sino para que las naciones en dificultades puedan seguir pagando sus vencimientos.

 

En el caso de la Argentina, todo indica que el gobierno -empecinado en seguir con un programa que va a contramano de todo lo que ocurre en el mundo- pide la plata nada más que para afrontar la nueva ola de fuga de capitales que se produciría el próximo miércoles, luego del vencimiento de Lebacs por la aterradora cifra de: 640 mil millones de pesos.

 

Lo que se puede obtener del Fondo, tal vez en el mejor de los casos, son dólares equivalentes solo a un tercio de esa masa de dinero. Esto da lugar a suponer que los especuladores internacionales que vinieron a la Argentina para aprovechar la oportunidad de obtener pingües y fáciles ganancias, darán por cumplido el ciclo y se irán con sus divisas a otra parte.

 

Si así fuera, el efectivo conseguido duraría lo que un merengue en la puerta de una escuela.

 

Tal escenario significaría una carga adicional de 300 millones de dólares en intereses por año, aunque no está claro todavía qué tasas se aplicaría. Puede el lector entretenerse calculando el equivalente de esa suma en jardines de infantes, hospitales o... pizzas.

 

Pero la nueva deuda, vendría además con la cesión de independencia económica, soberanía política y justicia social, algo que puede llamar a la reflexión a algunos políticos que se dicen peronistas.

 

Se llegó a la situación actual por la actitud absolutamente irresponsable -y posiblemente dolosa, que deberá estudiar oportunamente la justicia- de abrir en forma indiscriminada los grifos de las reservas; la solución no puede consistir en seguir volcando dinero sin cerrarlos.

 

Además, al préstamo stand by - el único que está dispuesto a concedernos el Fondo- lo transfieren en cuotas, de modo que la primera entrega -que se concretaría en algunas semanas- escasamente podría servir para detener una corrida contra el peso.

 

En la última rueda cambiaria, el viernes, el Banco Central tuvo que desprenderse de 1.100 millones de dólares de reservas, pero aún así no pudo evitar una suba importante de esa moneda.

¿Hay remedios?

 

Las esperanzas de contener la crisis del sector externo mediante una inyección de dólares, obtenidos a como de lugar son -en el mejor de los casos- magras.

 

La posibilidad que se les dio a los exportadores agrarios de demorar sine die- esto es sin plazo alguno- la liquidación de sus ventas, produce ahora más que nunca el retardo de ese cierre. Es que cualquiera que ve que los dólares que va a dar a cambio de pesos elevan su valor día a día, considera que lo más sensato es esperar. Pero además los productores tienen a resguardo una buena cantidad de grano, que no vendieron aguardando mejores cotizaciones.

 

Si se quiere comenzar a remediar la situación se hace necesario un estricto control de las compuertas por las que se escapan divisas.

Sin embargo, procediendo así el gobierno estaría emulando los esquemas aplicados por el kirchnerismo hacia el fin de su mandato, que tan duramente descalificó y continúa haciéndolo.

 

Así como los cantores que siguieron a nuestro mayor ídolo tanguero llevaron a que se acuñara la frase “Gardel canta cada día mejor”, hoy alguien dijo “Cristina cada día gobierna mejor”.

 

Obviamente, al macrismo le están vedados esos caminos. Acogotado por las circunstancias, la autoridad monetaria debió recurrir a la venta de dólares a futuro para intentar contener su alza, imparable a pesar del sacrificio de divisas. Con esto el presidente del Central incurrió en lo mismo que llevó a los nuevos funcionarios y legisladores de Cambiemos -sedientos de venganza- a denunciar a Vanoli, la cabeza del BCRA en el momento, a Kicillof y a Cristina, pretendiendo que esa medida de política económica constituía un delito.

 

Menudo problema para el juez Bonadío, que ahora debe elegir entre desprocesar a los funcionarios de antes o procesar también a los actuales.

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