La juventud iraní ansiosa por huir que sueña, incluso, con América

INTERNACIONALES 13/05/2018 Por
La salida de EE UU del acuerdo nuclear da el último empujón a los jóvenes que no ven futuro en la República Islámica
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“Donde sea, menos aquí”, responde Afrah sin dudarlo cuando se le pregunta dónde sueña su futuro. Aquí es Irán y Afrah, que tiene 18 años, estudia Sociología en la Universidad Allameh Tabatabai de Teherán. Como ella son numerosos los jóvenes iraníes que han perdido la esperanza en que su país les ofrezca no ya formación y trabajo, sino simplemente lo que describen como “una vida normal”. El abandono del acuerdo nuclear por parte de Estados Unidos ha sido la gota que ha colmado el vaso. Aun así, muchos siguen aspirando a “América” como destino.

Incluso si se veía venir, la decisión del presidente norteamericano, Donald Trump, ha caído como un jarro de agua fría en Irán. La firma del Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), el nombre formal del pacto firmado en Viena en 2015, se recibió con especial alivio por parte de la generación millennial que creció en la era de las redes sociales, pero limitada por las sanciones internacionales. Casi la mitad de los 81 millones de iraníes tiene menos de 30 años y 26 millones han nacido desde el cambio de milenio.

“Claro que no estamos contentos. Va a afectar a la gente y a encarecer todo”, resume Mohammad Reza, de 21 años, que estudia ingeniería de la Universidad Amir Kabir. Él, como la mayoría de la docena de entrevistados para este reportaje, apoyó la firma del acuerdo porque creyó que iba a ayudar a ampliar las relaciones con otros países, mejorar la economía, solucionar los problemas de acceso a la tecnología, e incluso a animar a muchos expatriados iraníes a regresar a casa.

La elección de Trump truncó esas esperanzas. En los dos años transcurridos desde el levantamiento de las sanciones, pocos han visto cambios significativos. “En parte es responsabilidad de [nuestros] gobernantes porque exageraron los beneficios del acuerdo”, señala el analista Abas Aslani. Otros observadores mencionan que la mala gestión iraní también ha limitado los resultados. A pesar del aumento en la venta de petróleo (de 1,5 millones de barriles diarios a 3,8 millones), el acceso a medicinas, piezas de repuestos industriales y de aviación o a las aseguradoras internacionales, EE UU mantuvo restricciones propias que impidieron la normalización de las transacciones financieras.

“No es la primera vez que nos vemos en esta tesitura; sabemos lo que es vivir con tensiones y dificultades, pero me preocupan los efectos sobre los más vulnerables”, declara Sara, estudiante de Derecho de 20 años, convencida de que “los más ricos incluso sacarán beneficio de la situación”.

De momento, el cierre de las casas de cambio para evitar el desplome de la moneda local, el rial, y los controles cambiarios, ya están causando escasez de divisas y especulación entre quienes almacenan recambios o medicinas importados. También ha complicado los planes de aquellos que preparaban su salida del país. “Tras la dificultad de conseguir un visado; ahora nos quedamos sin posibilidad de usar el dinero que habíamos ahorrado”, confía F. angustiado porque los 500 euros que las autoridades permiten cambiar antes de salir del país le resultan insuficientes.

“Lo que no te mata, te hace más fuerte”, defiende Fatemeh, de 21 años, estudiante de Gestión Cultural en la Universidad Soore (privada) y la única entre los entrevistados que no apoyó el PIAC, una postura minoritaria entre los iraníes. “Queríamos algo que EE UU y Europa tienen, tecnología nuclear, y no considero que debamos plegarnos a los deseos de EE UU”, justifica. Ella no ve la necesidad de irse del país. “También hay gente que se queda y tiene una buena vida”, asegura.

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