Nos pedirán lo que pide un acreedor pero... lo otro podría ser peor

OPINIÓN 13/05/2018 Por
Sólo queda preguntarse cómo es que la Administración Macri no avizoró semejante tren-bala viniendo en contra a 1.000 Km/h.
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El BCRA tenía una importante cantidad de Lebacs que se iban renovando cada 30 días. Los inversores, que todos los días tienen que decidir si mantienen o cierran la posición, veían que la tasa les iba quedando chica.

Durante el año, el BCRA fue bajando la tasa mientras que se aceleraban las expectativas de inflación y de devaluación. Al mismo tiempo, se incluyó un impuesto a la renta financiera en términos nominales. Ambos factores achicaban la tasa real esperada por los que financiaban al BCRA.

En las últimas reuniones organizadas por el FMI, en que se dan cita la mayoría de los fondos que operan en los mercados internacionales, los fondos le reclamaban a la autoridad monetaria una suba de 200 puntos básicos en la tasa de interés para llevarla al 28%. La respuesta de las autoridades argentinas fue que los inversores no estaban viendo cómo se iba a desacelerar la inflación en el segundo semestre y cómo el peso iba a mantenerse con niveles de depreciación similares a la inflación.

 
Frente a la negativa de subir las tasas, los fondos esperaron pocos días y comenzaron a desarmar posiciones. La estampida fue brutal. Algunos fondos de 'real money', que habían puesto posiciones realmente grandes, terminaron moviendo el mercado del peso argentino al salirse de títulos en pesos y regresar a dólares. Cuando otros fondos medianos vieron lo que pasaba con la moneda local, se vieron forzados a actuar de igual manera que los fondos grandes para no asumir mayores pérdidas, producto de la depreciación que estaban sufriendo.

 
El BCRA estuvo interviniendo en forma aleatoria. El primer día vendió US$ 1.500 millones de reservas sosteniendo el precio del día anterior. El mercado vio que el BCRA les daba salida sin ninguna depreciación y trató de aprovechar los dólares baratos. De ahi en adelante, y durante varios días, el BCRA estuvo aplicando un mix de suba de tasas, depreciaciones que dejaban correr el peso hacia arriba en forma gradual e intervenciones en tamaños que no amedrentaban al mercado. Los días en que la tasa de referencia internacional subía apreciando al dólar nuevamente, se desarmaban posiciones en pesos.

Finalmente, desde Economía, vieron que la salida de capitales de Argentina se estaba transformando en una corrida del peso, de bonos y de acciones. Es sabido que eso tarda poco en trasladarse a la economía real, con recortes en el crédito y la cadena de pagos, aumento en la inflación y pérdidas en las carteras de todos los inversores locales que retraerían su consumo e inversión.

El pedido al FMI, que es un prestamista de última instancia, fue una medida que trata de aumentar la cantidad de reservas disponibles de forma de contener las expectativas de devaluación. A cambio, seguramente nos pedirán lo que pide un acreedor cuando presta plata, que son ciertas condiciones que le permitan recuperar lo prestado. Es problable que algunas gastos se congelen y algunas obras no se inicien. También, que en el corto plazo baje el crecimiento de este año. Pero estos son costos menores al que se daría si se gatilla una crisis.

Urgente24

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