LAS VENAS ABIERTAS DEL FISCO

EDITORIAL 12/05/2018 Por
Es difícil mantener el agua en un balde lleno de agujeros. El actual gobierno sacó los tapones que bloqueaban las salidas, y agrandó los orificios a un nivel que llevó a la crisis que está desatada en estos momentos
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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Ya no digamos un contador, ni siquiera un perito mercantil o un tenedor de libros; cualquier tinterillo o ama de casa podría ver que el esquema impuesto a partir de los últimos días del 2015 se daba de cabeza contra la realidad.

En el último año de mandato de Cristina, la balanza comercial argentina, esto es el saldo de las divisas que ingresan por exportaciones y las que egresan por importaciones estaba, por primera vez en los años del kirchnerismo, en rojo. El déficit fue de 3.400 millones de dólares. Hubo quien dijo que eso era consecuencia de la retención de granos por parte de los exportadores, en espera de una mejor relación de cambio con el advenimiento de la nueva administración. Pero el monto de divisas ingresado en 2016 y 2017 casi no registra incrementos.

Las arcas fiscales se encontraban flacas. Se hacía necesario preservar cuidadosamente los dólares que ingresaban, por lo que el gobierno kirchnerista dictó algunas medidas restrictivas.

Una de ellas fue el llamado “cepo”, que controlaba la compra de dólares por el público. Se hizo popular con ese nombre, pero en verdad era bastante laxo. Con un dólar oficial de 9 pesos y otro de los mercados de 16 se controlaba a los compradores para ver si sus declaraciones de ingresos se compadecían con la capacidad de ahorro que exhibía; se subsidiaba también a los turistas que viajaban al exterior. Habia un pequeño recargo y los sabuesos de la AFIP husmeaban en las finanzas del comprador de las divisas. Podía ser un tanto molesto, porque el argentino -en poco o mucho- siempre trata de eludir al fisco; pero eso no desalentaba a ningún viajero.

Otra medida tendiente a proteger las divisas era controlar las importaciones, y retrasar un tanto las autorizaciones para hacerlo. También batallaba el gobierno para que las empresas extranjeras radicadas en la Argentina reinvirtieran sus ganancias en el país, o por lo menos retrasaran el envío de utilidades a las casas matrices.

Los productores agrarios, a su vez, estaban obligados a liquidar sus exportaciones, una vez realizadas, en un cierto plazo. Lejos, por cierto, de lo que ocurría cuando existía el IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) que monopolizaba y centralizaba el comercio exterior, creado en mayo de 1946.

A los inversores financieros, aquellos que vienen para aprovechar una situación especial, los obligaba a mantener sus inversiones por un año como mínimo.

La nueva era

El equipo que asumió luego la conducción del Estado nacional hizo explícita, durante la campaña electoral, y mantuvo luego, una particular visión de la economía. El hoy presidente Macri había declarado que el gran enemigo de la sociedad es la inflación, pero que terminar con ella era lo más fácil; a los compradores de dólares se les abrieron todas las compuertas, tanto para adquirirlos como para enviarlos a cuentas del exterior prácticamente sin límites de cantidad.

Ellos imaginaban que bastaba mostrar magnanimidad en la apertura para que -con la seguridad de que podían retirarse en cualquier momento- los dueños de las divisas seguirían con su dinero y sus actividades en el país.Suponían que la confianza lograda habría de traducirse en una lluvia de inversiones no especulativas que aumentarían enormemente las exportaciones, con lo cual se podría hacer frente a la enorme deuda contraída.


Puro cuento

El cuento infantil “El Traje Nuevo del Emperador” de Hans Christian Andersen podría haber sido destinado a burlarse de los funcionarios y simpatizantes de Cambiemos .Para no quedar mal, ni ser acusados de atentar contra la gobernabilidad, la ilusión de esas condiciones que son absolutamente inviables mereció -con excepciones- desde aprobación entusiasta hasta tibias objeciones por la clase política. Y así, el esquema CEO de los conductores de la economía fue respaldado;al igual que los cortesanos a quienes los timadores les exhibían la tela inexistente, la describían con todo detalle y alababan exageradamente.

Lo mismo ocurrió en el último año de De la Rua: recién cuando se cayó en el default surgieron voces críticas en el sector que apoyó inicialmente al oficialismo.

Ahora al gobierno no se le ocurre otra medida que pedir más divisas para echarlas por los mismos agujeros que abrió. Y no hay duda de que no puede pasar ninguna otra cosa que no sea incrementar la deuda inutilmente.
Macri y sus funcionarios consideran que la solución consiste en bajar el gasto del Estado, porque alli está la clave para retornar a la solvencia fiscal. Pero las cifras muestran que ese ahorro sería totalmente insuficiente, y, para colmo, políticamente inviable.

Gobernar no es llevar una contabilidad. Es atender a las necesidades de una población que hoy se enfrenta al hambre, al frío y la oscuridad.

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