¿Te gusta el regalito que te dejé Muricio?

Quizá, la mejor imagen que podamos tener de"ese" futuro que nos proponía la hacedora de la “década ganada, sea lo que hoy mismo está ocurriendo en Venezuela.
hoy

Es indudable que el tema de las tarifas de los servicios públicos es un enorme y purulento “grano en el culo” que la política de subsidios implementada por el kirchnerismo, de manera indiscriminada y sin otro fin que el del clientelismo, le dejó a la actual administración de “Cambiemos”.


En realidad, cualquiera hubiera sido el resultado de las elecciones presidenciales de 2015, el “peludo de regalo” ya estaba empaquetado y con un enorme moño para quien resultase triunfador. Y es que, el kirchnerismo no tuvo jamás una política concreta con respecto a las tarifas de los servicios públicos. No existió ningún tipo de previsión ni proyección a futuro, en lo que hace a qué iba a pasar cuándo el precio de estos servicios se tuvieran que ajustar a la verdadera realidad económica.


Quizá, la mejor imagen que podamos tener de ese futuro que nos proponía la hacedora de la “década ganada, sea lo que hoy mismo está ocurriendo en Venezuela.


Resulta muy fácil y cómodo gobernar sin proyección, sin rumbo y con la mira puesta en cargarle las culpas de lo que pudiese llegar a pasar al “enemigo” de turno, que es, en definitiva, lo que hizo el Proyecto “Nac & Pop” a lo largo de los 12 años que se mantuvo en la cúspide del poder.


Por otra parte, este tema del aumento del precio en las tarifas de los servicios públicos, que incide y mucho en una inflación que no se resigna a abandonarnos, no fue nunca un problema para las administraciones kirchneristas, al menos no para las que intervinieron el INDEC y dibujaron los índices a su antojo.


Pero la realidad Argentina es hoy muy diferente. El país vive en un Estado de Derecho pleno, como no se recuerda desde la presidencia de Raúl Alfonsín. Y el goce de una institucionalidad tan pura, para una población muy poco acostumbrada a vivir dentro de ese marco, supone todo un desafió con el que las autoridades tienen que lidiar a diario: para el cuerpo humano o para cualquier cuerpo social, que ha convivido durante mucho tiempo naturalizando los síntomas de una enfermedad, resulta muy difícil y traumático adaptarlo a los cánones de una salubridad demasiado pura.


Es por ello que los conflictos que se generan, desde cuerpos sociales con secuelas de enfermedades previas y muy largas, hacia instituciones que de un momento a otro retoman el camino de la máxima pureza de conceptos y acciones, conllevan a adoptar actitudes muchas veces antipáticas, pero que se ajustan totalmente a derecho, ocasionando malestares que tienen que ver con los efectos secundarios que los remedios que se administran producen, tanto en en el cuerpo humano como en todo el cuerpo social.


Que la administración de Mauricio Macri intente llevar el precio de las tarifas de los los servicios públicos a números reales, es una necesidad urgente para que no colapse todo el sistema, pero, no por urgente y necesaria, debe dejar de primar el más afinado de los sentidos comunes y el de la empatía hacia los sectores más vulnerables de nuestra sociedad que son, a la corta, quienes más sufren este tipo de movimientos en sus muy precarias economías.


Siendo esto así, las actuales autoridades deben poner todos los conocimientos, recursos e imaginación de que disponen al servicio de morigerar al máximo posible las bruscas sacudidas que esta política ya está produciendo en esos sectores sociales desde que se vino abajo el falso andamiaje construido por el régimen kirchnerista, tan falso como lo fueron sus fines y propósitos al frente del Ejecutivo Nacional.


Por último, es de aplaudir la decisión de la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que por decreto, en este caso por la urgencia y premura del caso, dispuso la eliminación de los impuestos que el Primer Estado argentino recauda gravando el precio de las tarifas de los servicios públicos, lo que significará una rebaja del orden de un 10% en el monto final que deberán abonar los usuarios en el pago de las correspondientes boletas. Es de esperar que los demás mandatarios provinciales hagan lo propio en sus Estados, o, de lo contrario, amén de dejar en evidencia la su falta de compromiso y sensibilidad social, deberán atenerse a consecuencias que aún no han sido justipreciadas con cálculo certero alguno.

Ricardo G. A. Zimerman

Redacción SANTA FE

Te puede interesar