LOS PIES QUE SE ALEJAN

EDITORIAL Por
Harto de alertar sobre variables económicas y financieras en notas que cuando se publican ya encuentran un panorama mucho más serio que el descripto, nuestro columnista (¿estrella?) se ocupa de reclamar mayores comodidades en el cuarto de baño
PIES

Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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No se si ustedes lo habrán notado. Tal vez sean demasiado jóvenes todavía. Pero para mí es clarito: con el tiempo los pies se van alejando de la cabeza, y de las manos, que es lo que importa en este caso.

Este hecho que percibo en mi persona me llevó a elaborar la teoría de que el envejecimiento se debe a que el cuerpo se va estirando, y, cual una bandita elástica, alcanza en algún momento su punto de ruptura. No hablo del obvio aumento de la estatura que ocurre desde el nacimiento hasta el fin de la adolescencia, sino después, luego de que el individuo adquiere su talla definitiva.

Cualquiera puede decir que basta una cintra métrica para comprobar la falsedad de mi suposición, pero no es tan fácil la cosa, porque están implicados efectos emparentados con la relatividad, que no se pueden medir con regla o centímetro, sino a través de ciertos efectos colaterales que produce. Y uno de ellos es el alejamiento de los pies.

Pero no es de física que quiero hablar sino de higiene. Los pies, especialmente cuando están calzados, se hallan expuestos a terribles condiciones ambientales. Todo el día encerrados en un ambiente caliente y húmedo, el perfecto caldo de cultivo de pequeñísimas formas de vida de variado tipo.

Lavarse los pies siempre es difícil y hay que disponer de un tiempo del que carecemos a menos que nos conformemos con un resultado entre pobre y deficiente.

Tenemos la ducha, o quizás la bañera. Son útiles para esa tarea, aunque sin duda prestan mucho mejor servicio para la higiene de otras partes del cuerpo más accesibles. Una buena higiene de los pies requeriría lavados con una frecuencia mucho mayor que la de la ducha, por más que los argentinos seamos demasiado afectos a esta costumbre.

Los diseñadores de nuestros cuartos de baño, sin embargo, prestaron atención a otras necesidades, y decidieron construir artefactos aptos para atender selectas partes partes del cuerpo. La ducha pretende ser integral, pero ya explicamos que provee resultados desparejos. Su falencia en cuanto a la espalda se soluciona fácilmente con un cepillo de mango largo, pero en lo que hace a los pies brinda poca solución. El lavatorio es excelente para cara y manos, principalmente. Del bidet no hace falta abundar en detalles.

Pero en el recinto azulejado no hay instalación apropiada para la higiene de los pies, y nadie, hasta ahora, parece reclamarla.

Como vivimos la era de las encuestas, y aprovechando las posibilidades que provee un portal de gran audiencia, como R24N, llevé a cabo una consulta, de la que proveeré detalles técnicos en otra publicación, pero coincide con una similar elaborada por un prestigioso instituto de los Estados Unidos, y redactada en inglés, nada menos.

Hay dos soluciones a las que recurren la inmensa mayoría de los encuestados. Un 30% se conforma con la ducha, agarrándose de la jabonera con manija, levantando un pie y enjabonándolo con la mano libre. Sistema inestable y poco eficaz. Aproximadamente otro tanto se lava los pies en el bidet, con el 50% de ellos sentados en el inodoro y el resto de pie. Algo es algo, pero convengamos que no se trata de un procedimiento mínimamente práctico, porque las llaves de comando son poco y nada accesibles en la posición que requiere el procedimiento. Ni hablar de que la limpieza de la taza es por lo general más que dudosa, aunque no haya a la vista nada que haga sospechar de residuos orgánicos olvidados.

El resto de los encuestados procede levantando una pierna por vez, la que -con alguna elasticidad corporal remanente- logra introducir en el lavatorio. En esas condiciones, de a una por vez, se puede proceder a una excelente higienización de las extremidades inferiores del cuerpo. Pero eso sí, a costa de tornar más que precario el equilibrio.

Hay quienes se sostienen tomándose del borde del lavatorio, o de las canillas. Este es un procedimiento más que peligroso. El que supone que el artefacto está enclavado en la pared con la solidez de una viga se equivoca totalmente. Los lavatorios no están preparados para sobrellevar presiones -sobre todo laterales- y es frecuente que en tales condiciones se derrumben. El mayor problema en estos casos es que en su caida suelen arrastrar las conexiones de agua, con lo que el desastre que se produce es mayúsculo. Es mejor vivir solos que en familia si ocurre un vergonzante accidente de ese tipo.

Bueno sería que algunos de los emprendedores que surgen de entre nuestros ciudadanos gracias a los despidos y la fuerte caida en el empleo que se registra en nuestro país tomaran nota de la oportunidad que se presenta en materia de diseño y producción de artefactos. No todos los esfuerzos deben concentrarse en la cerveza artesanal o la cría de larvas de mosca, como recomiendan las autoridades. Cada crisis es una puerta abierta al progreso y al desarrollo nacional y personal.

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