CEPO O CORRALITO ¿DOS ÚNICAS OPCIONES?

EDITORIAL 08/05/2018 Por
El periodista Ernesto Tenenbaum recordó hace un tiempo al tan lúcido como poco conocido economista Argentino Marcelo Diamand, fallecido en 2007.
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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El escrito es de 1983 y fue expuesto en una conferencia internacional por Marcelo Diamand, un economista tan lúcido como poco recordado, que no ocupó cargos gubernamentales, aunque fue presidente de la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas.

Diamand señalaba la alternancia de dos modelos económicos en la Argentina: el populismo y la ortodoxia. El primero, impulsor del consumo y el mercado interno, la distribución de la renta, el apoyo a la industria a costa del agro, la escasa preocupación por la inflación y por el déficit fiscal.

El populismo eleva el nivel de vida de la población y genera entusiasmo en el comercio y la industria, pero, dice Diamand “Esta etapa no dura mucho: el déficit del presupuesto crece, la balanza comercial se desequilibra, aparece el desborde sindical, surge el desabastecimiento y se acelera la inflación. El proceso culmina con el agotamiento de las reservas del BCRA y en una crisis de la balanza de pagos”. Sobreviene el caos y cae el equipo económico o el gobierno todo.

Eso describiría al kirchnerismo. Luego, el esquema sería sustituído por otro inclinado a la ortodoxia económica, que comienza con “una brusca devaluación, aumento de los ingresos agropecuarios, caída de los salario reales, restricción monetaria y un deliberado esfuerzo de atracción de capitales extranjeros”. Un claro retrato de la orientación filosófica del macrismo.

Pero estas políticas de “orden, disciplina, eficiencia, equilibrio del presupuesto, el ahorro, la confianza, la atracción de capitales del exterior y las virtudes del sacrificio popular”, tampoco terminan bien, sostiene Diamand: “El flujo de capitales extranjeros se invierte. Los préstamos del exterior... comienzan a huir. Se produce una fuerte presión sobre las reservas de divisas, una crisis en el mercado cambiario y una brusca devaluación”. Sigue la baja de los salarios y la demanda, recesión profunda, inflación vertiginosa, colapso y un nuevo recambio.

Aunque Diamand explicita bien el marco en el que se desenvolvió el kirchnerismo, su descripción del fin de ese ciclo tiene muy escasa similitud con lo ocurrido. CFK dejó el gobierno tras elecciones en tiempo y forma, con los mercados en funcionamiento, leve crecimiento económico y la misma inflación que permite hoy decir al presidente que “vamos en el camino correcto”.

No hubo recesión, ni desabastecimiento (apenas problemas mínimos con los combustibles y el aceite comestible, que fueron localizados y muy breves). Un pueblo entero llenó la Plaza de Mayo para despedir con inmenso cariño a una presidenta. Y a un gobierno criticado más por incluir aquellos que según la propaganda antigubernamental no lo merecían (jubilados que lograron el beneficio sin tener aportes, chicas jóvenes que “se hacían embarazar para cobrar la AUH en vez de trabajar”, etc.) que por manejar mal las cuentas públicas.

Cuidado de las divisas

Ese gobierno fue denostado por cuidar las divisas justamente para evitar esa crisis en la balanza de pagos a la que se refiere Diamand. Estamos hablando del famoso “cepo”, cuya ausencia permitió, con el actual gobierno, que desaparecieran del país aproximadamente cien mil millones de dólares.

Esas divisas, que llegaron a través de préstamos externos por los que hay que pagar altísimos intereses se evaporaron en remesas al exterior (fuga de capitales), turismo barato y compras a toda la geografía internacional. Divisas que se pudieron pedir porque al asumir Cambiemos la deuda externa era pequeña y el perfil de pagos sumamente cómodo, tal como lo señaló Cristina en la inauguración de las sesiones del Congreso luego de pagar 5 mil millones de dolares de un bono.

En su edición del martes 17 de febrero de 2015, El Cronista editorializa “En un mundo en que los países incrementaron su deuda en u$s 57 billones desde la crisis financiera internacional, Argentina estuvo entre las cinco naciones que redujeron sus pasivos respecto de su producto bruto interno (PBI).

Según un informe de McKinsey Global Institute (MGI), el total de deuda de Argentina cayó 11 puntos porcentuales respecto de su PBI, en gran medida debido al desendeudamiento del gobierno.

Como resultado, el país figura como la nación con menor nivel de deuda en relación a su producto (33%) en el trabajo que examinó la evolución de la deuda en 47 economías -22 avanzadas y 25 en desarrollo-desde 2007 a 2014”.

De esta manera se hace evidente que al 2015 no se daban en absoluto las condiciones que Diamand especifica para los cierres de ciclo populistas.

Por el contrario, actualmente sí se están presentando aquellas con las que afirma que finalizan las etapas ortodoxas. Veremos si, como aseguran los economistas del gobierno, esta vez será distinto. Son pocos los que así lo consideran y muchos que sostienen que el país se encamina a un nuevo desastre.

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