SUBIERON DÓLAR Y TASA, ¿BAJAN LOS VOTOS?

POLÍTICA 07/05/2018 Por
Una mejora paulatina de la situación a partir del último tramo de 2018 puede revertir el humor social y mejorar las posibilidades del oficialismo
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Lo ocurrido en los últimos días puede calificarse de una moderada turbulencia financiera que será superada en las próximas semanas al precio de algo más de inflación y algo menos de actividad. Pero aún falta medir el impacto político. Todo fue inesperado. Un Gobierno con la visión ideológica del actual, que cuenta con una buena reputación en el exterior y apoyo entre los sectores económicos de mayor poder, parecía relativamente indemne a tener que enfrentar una corrida cambiaria y un incremento en la percepción de riesgo. Pero las sufrió. Tampoco nadie esperaba que a más de dos años de haber asumido, hubiera tres meses consecutivos con tasas de inflación con el 2 adelante.

 

También sorprendió que un Gobierno que se jacta de trabajar en equipo haya mostrado tanta falta de coordinación. Hasta fines de diciembre se sostenía un esquema, el 28 D se adoptó una estrategia completamente diferente, que fue parcialmente revisada durante el verano para volver ahora a una política que le otorga la conducción de todo lo monetario y cambiario al Banco Central. Muchos cambios en poco tiempo y un claro triunfo de Federico Sturzenegger sobre Mario Quintana. En medio de todo esto, se profundizó un ajuste de tarifas que el Gobierno suponía que se aplicaría en un contexto con menos inflación y más actividad y que por lo tanto generaría menos cuestionamientos.

 

Hasta ahora el escenario para 2019 se presentaba favorable para el oficialismo, según todos los analistas políticos, por dos razones: una razonable marcha de la economía y la falta de una oposición competitiva. Pero no son equivalentes, porque la segunda es consecuencia de la primera. Pero si se complica la economía, la sociedad ya encontrará el instrumento político adecuado para castigar al Gobierno. Lo hizo en las legislativas de 2009 y 2013 y podría ocurrir, en 2019 aunque se trate de elecciones para cargos ejecutivos. Por eso, más que mirar a la oposición el Gobierno intentará recuperar apoyo para su gestión. Luego de los últimos anuncios, todo indica que el balance de los primeros tres años de la gestión de Cambiemos será mediocre. La inflación no habrá podido bajar del 25% y, en cuanto a nivel de actividad, se habrá registrado un año con recesión, otro creciendo algo menos del 3% y un tercero que no llegará siquiera a ese porcentaje.

 

Sin embargo, el Gobierno tendrá a su favor en 2019 que no se votan balances de largo plazo sino que el factor decisivo para definir el voto es lo que ocurrirá con la economía en los meses inmediatamente anteriores a las elecciones. Una mejora paulatina de la situación a partir del último tramo de 2018 puede revertir el humor social y mejorar las posibilidades del oficialismo. Porque los cambios en una dirección u otra suelen ser muy rápidos, en particular en los sectores medios en los cuales se concentra hoy el problema para Cambiemos. Pero un dato en contra es que la sociedad ya no votará comparando la gestión de este Gobierno con el anterior sino que lo evaluará a partir de sus propias promesas y de las expectativas que generó.

 

En ese marco, el Gobierno lanzará una fuerte campaña de comunicación para reflejar los avances logrados en estos años, en particular en la agenda social. Es el frente clave porque la aceleración de la inflación llevará a una mayor tensión en las negociaciones salariales que aun no se cerraron y las cláusulas gatillo, cualquiera sea el nombre que se les haya dada, deberán operar en algún momento. Pero lo decisivo será que, luego de la etapa inicial del ajuste que se puso en marcha el viernes, el proceso de desinflación se reinicie y el crecimiento económico tenga el volumen suficiente como para ser percibido por la sociedad.

Fuente: El Economista 

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