Fin del Plan Aranguren: lento y firme cambio de Macri sobre tarifas

POLÍTICA 25/04/2018 Por
El Gobierno intentará reducir el 40% de los impuestos a la generación y distribución de energía. A cambio buscará que privados inviertan más
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Lentamente, pero sin pausa, el Gobierno vuelve a una idea de ajuste en las tarifas de servicios públicos que Cambiemos evaluó aplicar entre noviembre y diciembre de 2015; y que finalmente se dejó de lado para avanzar con el Plan Aranguren. La estrategia que se evaluó en aquel momento, era la de avanzar con la eliminación de los subsidios a modo de shock, pero aplicando al mismo tiempo una reducción de la presión impositiva nacional, provincial y municipal sobre las facturas finales que le llegan al público. La idea general había sido elaborada por Carlos Melconian y Rodolfo Santángelo, y defendida por Rogelio Frigerio, Guillermo Dietrich, Nicolás Dujovne (entonces asesor), varios gobernadores y legisladores electos y, en esos tiempos, por Mario Quintana. Se basaba en el dato cruzado sobre la necesidad de reducir en un 100% los subsidios en las tarifas de luz, gas y transporte público, pero a cambio bajar la presión de los impuestos para que el golpe sobre el consumo sea mucho menor. Según los números que la dirigencia de Cambiemos manejaba a fines de 2015, a días de la asunción de Mauricio Macri y cuando ya se sabía que el conflicto tarifario sería uno de los primeros problemas tanto políticos como económicos para avanzar, en el mismo momento de la llegada a la Casa de Gobierno; el ajuste podría haberse reducido casi a la mitad. Los datos hablaban de un nivel de subsidios sobre costo de la energía y el gas de entre 15 y 20% en promedio; el que podría reducirse a su desaparición en un plazo de entre dos y cuatro años. A cambio, y en el mismo momento, la Nación, provincias y municipios debían reducir la aplicación de impuestos a un ritmo similar, llegando el promedio de 40 a 45% de carga tributaria a un nivel residual. Y dividiendo las tarifas según se trate clientes residenciales, comercios o industrias; y si se tratara de pymes o medianas y grandes empresas.

El plan incluía además, una reducción de impuestos en la primera base de la producción de energía y gas; negociando con las empresas generadoras y transportadoras el 40% de tributos nacionales. A cambio se les exigiría a las compañías involucradas en esta etapa un compromiso firme y por escrito de inversiones directas para mejorar la oferta energética del país. En la mira estaba, en primer lugar en el ranking, Camuzzi y Pampa Energía, junto con TGN, TGS; y en el mediano plazo, la negociación de nuevos contratos a largo plazo a cambio de inversiones fuertes y comprometidas por escrito. Se hablaba de, mínimo, la necesidad de asegurar inversiones por casi 10.000 millones en el mediano y largo plazo.

La idea fue analizada con detenimiento, pero finalmente fue descartada por una doble cuestión política- económica. Por un lado primó el gradualismo, con lo que la intención de reducir de manera rápida los subsidios a las tarifas fue modificada por la opción más espaciada en el tiempo. Por el otro, a la discusión con los flamantes gobernadores e intendentes que habían sido electos a la par de Macri, se la consideró una negociación difícil de encarar. Eran días en los que los propios aliados de Cambiemos se consideraban a sí mismos como con cierta debilidad política, y con espacio casi nulo para discutir con los responsables de las cuentas provinciales una reducción de sus ingresos corrientes más apetitosos.

A cambio se escogió al Plan Aranguren, de reducción de los subsidios en el último momento de la cadena. Esto es, la factura final que les llegaría a los clientes residenciales, comercios e industria; sin reducciones de impuestos ni costos en el proceso de generación y transporte. La historia posterior es conocida. El Ministerio de Energía de Juan José Aranguren intentó un alza primaria en 2016 de hasta 400%; la que posteriormente se redujo a un tercio por la protesta social.

Fuente: Ámbito

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