Es difícil, con estos datos, no pronosticar un nuevo default

EDITORIAL Por
Conseguir dinero prestado es más fácil que devolverlo. El riesgo país se mantiene bajo. ¿Cómo es esto posible cuando a todas luces la deuda argentina preocupa a todos los expertos, y nadie sugiere de qué forma podrá pagarse?
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Isaias Abrutzky Isaías ABRUTZKY / Especial para R24N

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El Ministerio de Finanzas publicó un trabajo muy importante en el marco de esclarecer el tema de la deuda pública. Se titula “Presentación Gráfica de la Deuda Pública del Estado Argentino” III Trimestre 2017 y consta de 17 láminas.

Hay mucha tela para analizar en todos esos cuadros, pero revisten particular importancia los dos últimos, que muestran el perfil de la deuda en dólares y en pesos desde octubre del año pasado hasta el año 2040.
Dejemos de lado lo que se refiere a pesos. No es que carezca de importancia, ni mucho menos, pero el mayor problema de las finanzas públicas está centrado en los dólares que hay que disponer para cumplir con los compromisos asumidos.

GRAFICO

Estos gráficos pueden parecer tranquilizadores porque hacia el año 2040 se terminaría con la deuda. Pero eso, sucedería solo si el Estado pagara con recursos propios puntualmente todos los vencimientos, desde ahora y por 22 años. Esto requeriría desembolsos por un total de alrededor de 158.000 millones de dólares.

Pero obviamente no será así el desarrollo de la deuda, porque al momento actual, y por un considerable período, el gobierno no dispondrá de dólares genuinos para pagar. Al momento, la balanza comercial, principal fuente de ingreso de divisas, tiene un déficit de alrededor de 10 mil millones de dólares anuales. Otra fuente de ingreso de divisas es la Inversión Extranjera Directa (IED), que, en vez de la lluvia prometida, muestra más bien una persistente sequía.

También nos encontramos con la necesidad de proveer los billetes verdes a quienes viajan al exterior por turismo u otros motivos (balance negativo de unos 10 mil millones anuales). Y también a todos aquellos que prefieren mantener sus ahorros en esa moneda, en el país o en el extranjero (fuga de capitales, otros 10 mil millones). Y por si esto fuera poco, hay que dispone también de las divisas necesarias para que las empresas extranjeras envíen las ganancias a sus casas centrales.

Después de la demonización del “cepo” cambiario, sería un trago indigerible para el gobierno volver a imponerlo. Entonces, la deuda se está incrementando a razón de unos treinta mil millones de dólares anuales por los conceptos señalados, más los vencimientos consignados.

¿Cómo debería evolucionar la balanza comercial para equilibrar esa ecuación? ¿De qué modo y en cuanto tiempo se pasa de un desequilibrio de 10 mil millones a un superavit de treinta mil millones?

El mayor saldo positivo de la balanza comercial argentina se dio en el 2002, con exportaciones por 25.600 millones de dólares e importaciones apenas algo menos de 9 mil millones. Esta diferencia de 16.600 millones fué anómalo porque las exportaciones fueron las normales para esos momentos, pero las importaciones cayeron estrepitosamente por el default del 2001 .

En el 2017, las exportaciones sumaron 58.384 millones de dólares y las importaciones superaron esta cifra por 8.500 M. En enero de 2018 se exportó por 4.750 M y se importó por 5.736 M produciéndose un déficit de 986 millones.

En febrero las exportaciones totalizaron 4.294 M de dólares, en tanto se importó por 5.197 M generándose un deficit de 903 millones.

El presidente español Rajoy visitó nuestro país acompañado por posibles inversores. Trascendió que las áreas de su interés son petróleo y minería, industrias extractivas, que se llevan nuestras reservas estratégicas no renovables, y dan empleo, pero dejan poco o nada. Y en cobrar peajes, en telefonía y en ferrocarriles. Nada exportable. Nada que no se pueda hacer en el país, por empresas nacionales.

Ciertamente, la inversion extrajera directa aporta divisas, que pueden aliviar transitoriamente las necesidades del Estado. Pero si la actividad no se traduce en aumento de exportaciones, las remesas de ganancias terminarán por ser superar el ingreso inicial.

Es difícil, con estos datos, no pronosticar un nuevo default. ¿Cuándo? Dependerá de varios factores. Por una parte la situación internacional: crisis en algunos países, variaciones de la tasas de interés, mercados de commodities. Por la otra, las repercusiones del manejo de la economía fronteras adentro: evolución de las tendencias inflacionarias, mercado interno, empleo y clima social. Hay algunos indicios de que ya no es tan fácil obtener créditos externos, y por eso el gobierno busca colocar deuda en dólares localmente.

Aldo Ferrer propuso “vivir con lo nuestro”. Cambiemos, apuesta a vivir con lo ajeno. Pero las posibilidades de hacerlo tienen un límite, y el plazo para despegar se está tornando insoportablemente corto.

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