El "papelito" de Caputo ratificó que Macri no tiene oposición

OPINIÓN Por
Siete días de política. La esperada presentación del ministro de Finanzas reflejó el escenario político post 2015. El oficialismo no pasa apremios graves porque enfrenta a un peronismo anarquizado y sin ideas
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El ministro de Finanzas, Luis Caputo, llegó el miércoles por la mñana al Senado con cara de preocupación. No era para menos; el kirchnerismo lo estaba esperando desde hacía varios meses con una piedra en cada mano. Quería acusarlo de endeudar irresponsablemente al país y de corrupto por hacer "negocios" financieros en provecho propio y en abierto conflicto de intereses con sus obligaciones como funcionario público.

Por otra parte constituía el blanco perfecto debido a dos razones: de su eficacia depende el financiamiento de la política económica clave del éxito electoral del gobierno, el gradualismo, y representa además la imagen que la oposición insiste en difundir del macrismo: un grupo de ricos asociados a las finanzas, ávidos de poder e insensibles frente al padecimiento de los pobres.

Esta estrategia primitiva había sido armada con el auxilio de un sector de la prensa, con publicaciones de periodistas inmunes a la realidad y con los restos del extendido aunque ineficaz aparato de difusión kirchnerista. También en grado no menor con la inestimable ayuda de la paupérrima política de comunicación oficial.

Pero después de la intervención de su primer impugnador, Axel Kicillof, el funcionario se tranquilizó. Su adversario no estaba a la altura. La argumentaci¢n era ideológica, pobre y para peor agotó con su sola intervención la agenda opositora. Usó todo el arsenal que el kirchnerismo había pactado distribuir entre varios oradores. Se suponía que el ex ministro hablaría de macroeconomía, el diputado Tailhade de las denuncias penales contra Caputo, el presidente del bloque K, Agustín Rossi, lo atacaría desde la política, etcétera, etcétera. Pero eso no sucedió.

Kicillof usó el total de la munición disponible con una consecuencia lógica. Caputo le respondió y después repitió los mismos descargos a cada kirchnerista que volvía a la carga con las mismas preguntas. Conclusión: a dos horas de empezada la reunión al ministro se lo veía relajado y ya en condiciones de responder con soltura las chicanas. Los intentos de hacer "show" por televisión con el discurso `K' (nos gobiernan los ricos, esto es un error de la historia, etcétera) no habían dado resultado. El `pichettista' que dirigía el debate jugaba, además, para Caputo.

En este punto la confianza le jugó una mala pasada al ministro. Decidió gastar una ironía con una de las figuras de menor peso político pero mayor capacidad de escándalo del bloque kirchnerista, la diputada Cerruti, y le mandó un mensaje en un "papelito". El escándalo subsiguiente desconcertó a todo el mundo, pero resultó beneficioso para el oficialismo: la sesión se levantó por desorden, varios diputados combativos no pudieron intervenir y Caputo se retiró prestamente del recinto. Los medios lo criticaron por desubicado, misógino y machista, pero no por la deuda o por los fondos de inversión que le trajeron tantos dolores de cabeza.

La furia contra las "off shore" y la indignación clasista del diputado Rossi quedaron en el olvido mientras la diputada Cerruti, convertida en la estrella de la jornada, agitaba el "papelito" ante las cámaras de televisión y los fascinados "movileros", que no sabrán mucho de macroeconomía, pero que entienden sin problemas lo que es un emoticón.

El frustrante desenlace de lo que preveían como una "demolición" del más valioso ministro de Macri (el que lo provee de fondos) provocó rechinar de dientes en el kirchnerismo. Trascendió que José Luis Gioja se enfureció con la actuación de sus colegas que habían terminado haciéndole involuntariamente el juego al gobierno, pero la culpa no es de Kicillof, ni de Rossi, ni de Cerruti.

El problema es la falta de conducción de un sector que tiene todavía poder de fuego electoral, pero carece de proyecto.

Por eso no obtuvo la respuesta que hubiera merecido la pobre presentación de un funcionario que prometió cortar el endeudamiento en un futuro difuso (presuntamente en 2021, más allá del fin del mandato de Macri) cuando se alcance el equilibrio fiscal. Tampoco fueron convincentes sus explicaciones sobre conflictos de intereses, pero una oposición sin liderazgo, ni libreto, no es competitiva. Su indigencia tranquiliza al gobierno y en no pocos casos lo lleva a cometer errores infantiles, porque en última instancia terminan sin tener costo.

Fuente: La Prensa

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