Pasajes: atajo para no debatir el verdadero cambio

POLÍTICA Por
La historia del complemento salarial directo entre los legisladores
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El fin de semana extra largo, cruzado por el debate y las especulaciones en torno del uso de los pasajes aéreos y terrestres en el Congreso, aportó como novedad que Emilio Monzó decidió eliminar su uso a los representantes de CABA y la provincia de Bs. As. La implementación de esa medida no será fácil.

El disparador de la discusión fue la información suministrada por la ONG Directorio Legislativo, donde se dio cuenta del ranking de legisladores que habían canjeado tramos y el monto de las sumas percibidas en dinero efectivo -libre de descuentos e Impuesto a las Ganancias- y la opinión de Mauricio Macri en contra de la permanencia de ese mecanismo que se asemeja a una suerte de sobresueldo. Propuso, a cambio, que blanqueen ese rubro como un incremento salarial, si es que no les alcanza. A la luz del congelamiento de haberes dispuesto para el presente año para los funcionarios del Poder Ejecutivo, suena casi un desafío intentar siquiera el debate.

Vale la pena recordar un poco de historia. En 1983, las dietas legislativas y la escala salarial de las Fuerzas Armadas estaban enganchadas a los ingresos del Poder Judicial y el sueldo de un legislador equivalía al de un juez de primera instancia (hoy es casi la mitad). A su vez, las empresas áreas que cubrían los vuelos de cabotaje eran de propiedad estatal.

Así, los legisladores contaban con un mecanismo de actualización discreto y oculto que los sustraía de la tensión de la opinión publica y los abundantes viajes para actos y eventos políticos eran cubiertos por Aerolíneas Argentinas. Los viajes al exterior eran excepcionales, accedían un grupo de legisladores elegidos, se realizaban por la aerolínea de bandera y los viáticos escaseaban. El sistema recibió un primer golpe con el desenganche de la dieta y el sometimiento al escrutinio público en cada aumento y después de la privatización de las empresas aéreas requirió presupuestar el gasto, pagar los pasajes y transparentar el uso de los mismos.

Cuando Eduardo Duhalde fue vicepresidente de la Nación, un escándalo con el uso y venta privada de los pasajes del Senado encontró como protagonista a un hombre de su riñón, Ángel Abasto, que devino en diputado nacional y necesitó fueros hasta que la causa prescribió. Era una época en que el menemismo estaba bajo una lupa que aumentaba todo desvío. Sin embargo, los pasajes se usaban en su mayoría para la militancia política que no era virtual y requería de la presencia de los candidatos, que solían viajar con algún miembro de su equipo.

Tras la crisis, quedó autorizado el canje de pasajes por una suma de dinero fija por tramo aéreo y otro tanto por terrestre, cifra que hasta hace poco era casi irrisoria, pero si el tramo era utilizado la Cámara que los emitía pagaba la tarifa correspondiente al destino elegido.

El año pasado el Senado lo actualizó y Diputados ante la desaprobación pública dio marcha atrás con la medida. Si un diputado hoy cambia un tramo aéreo a Salta o Río Gallegos recibe $1300, pero el Congreso paga el precio de ese pasaje según la tarifa aplicable. Obsérvese que el Senado reembolsa $3400 por el mismo boleto.

¿Deben los legisladores contar con pasajes? Una primera respuesta afirmativa podría ser que es parte de su trabajo. ¿Tienen derecho a canjearlos? Sólo si debe realizar un viaje especial que no puede hacerse por vía aérea, como muchos casos de cercanía. Lo que es seguro es que no pueden tener asignados pasajes los bloques o los funcionarios de ellos.

Las expresiones de Graciela Camaño, del bloque renovador, respecto del canje de pasajes del diputado Macri constituyen una chicana, ya que es público que el actual Presidente siempre donó la totalidad de sus haberes por todo concepto, a la fundación de Margarita Barrientos. Las ONG tienen como función fortalecer la sociedad civil y brindar información sobre el gasto de la política, pero deben profundizar los temas en análisis porque no es lo mismo, por caso, que un legislador utilice los tramos asignados para conocer la realidad de un tema sobre el que está trabajando o cambie por dinero para realizar el mismo viaje en su auto, que dicho canje sea considerado un simple ingreso adicional.

Las herramientas y los pasajes son una de ellas, se otorgan y organizan en función de objetivos, y que algunos representantes decidan acumularlos y cambiarlos una vez vencidos como hizo la exsenadora María Laura Leguizamón, y contemporáneamente aparezca en una suntuosa fiesta de cumpleaños en Marruecos, es un desatino que no invalida el mecanismo.

En igual sentido, no es lo mismo tener tramos innominados que se utilicen para el ejercicio político, que venderlos o regalarlos a miembros del despacho del legislador y/ o sus familiares y que éstos los usen para fines turísticos.

Más inexplicable es la extensión del mismo régimen a las autoridades de las cámaras y de los bloques -que no son legisladores-, que deberían ser eliminadas o bien rendir cuenta de por qué y para qué viajan, y en ningún caso podrían canjearse por dinero, ya que no representan al pueblo sino que sus designaciones suelen ser producto de la llamada rosca partidaria.

El exceso de corrección política no debe interponerse en las herramientas otorgadas, de la misma manera que senadores y diputados con 27% de pobreza deben sentirse interpelados a ejercer sus mandatos con ejemplaridad, si no lo hacen por virtud -en tiempos de redes y selfies- deben hacerlo por temor a ser escrachados y así soslayar las distorsiones y excesos en el uso de recursos públicos que provienen de los impuestos de los atribulados contribuyentes.

Fuente: Ámbito

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